Fragmento sacado de mi novela: Mi pesadilla roja. Colaborando con InTheEndOfDreams.
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Mis manos
atravesaron el pecho de aquel hombre que hoy estaba a mi lado. Cruzaban
lentamente acariciando sus anchos y fuertes hombros… Para seguir explorando su
firme cuerpo.
Sus ojos grises observaban atentos mis movimientos. Enrede mis
manos en sus cabellos, mientras él me observaba en silencio.
La sensación
de que no hacían faltas las palabras me hacía sentir tan feliz que, incluso
sabiendo que este chico solo me daba dolor de cabeza, quería estar con él por
mucho tiempo.
Suspiré hondo. Dejándome abrazar aún más por sus firmes brazos,
que pegaban nuestros cuerpos desnudos colados entre las sábanas. En un roce sugerente. En un roce que me hacía perder el control de mis sentimientos.
Deje que sus
manos acariciaran mi espalda, eran caricias suaves cargadas de emoción. Su
sensualidad, el cosquilleo que me producía, sus manos que recorriendo mi espalda...
Era la mejor forma de comprobar que estaba viva…
Cerré mis ojos por la oleada
de placer que provocaba en mí. El pelirrojo era un hombre, sí, hombre, el más
candente e increíble que había conocido.
-¿Qué
demonios estás pensando para tener esa sonrisita?- dijo él. Su voz sonaba
melodiosa y varonil, cualquiera que lo viese u oyese sentiría una atracción
eléctrica o magnética, lo que sea, una atracción que nadie podría controlar,
como yo ahora.
Siempre me
había intentado mantener lejos de los chicos como él, de las personas con aire
de suficiencia que siempre se metían en problemas. Había huido indefinidas
veces de ambientes peligrosos y llenos de misterio, ambientes de 'rebeldes', pero, cuando lo conocí, me
resulto tan difícil apartarme que, incluso aunque tuviera la opción, no lo
dejaría ir.
-¿Está mal
acaso?- pregunte con voz suave, mientras mi mano, en concreto mi dedo índice,
bajaba a su mejilla, dando pequeñas caricias al recorrer sus facciones, con una
suavidad que dejaba huella hasta en mí.
-Solo
responde-
Mi corazón se
apretuja de forma suave, dándome un poco de vergüenza contestar lo que, desde
hace un rato, carcomía mi mente. Suspire con alegría y me acerqué más, si es
posible, a su cuerpo caliente y deseable.
-Estaba
pensando en ti-
Sonríe con
autosuficiencia, sabiendo yo que se está subiendo una rama o dos más de las que
debería, mientras me aprieta un poco más limitando la distancia a nula. Se
siente orgulloso de que yo diga eso, o quizás, solo va a burlarse como hace
siempre.
-¿Y en qué
piensas, rubita?-
Me apego a su
cuello y acarició su espalda con mis manos, suavemente, trazando pequeños
corazoncitos en el centro de esta, su piel es suave, caliente, deseable y echizante. Su
piel es mi perdición. Él es mi decadencia.
-Estaba
pensando en cuando me enamoré de ti-
Me separo un
poco para ver su rostro, levemente sonrojado, aunque, intentó ocultarlo,
desviando su mirada, mientras ponía una sonrisa diabólica.
-Me acosabas
en el supermercado... desde entonces deberías haberlo tenido claro-
-Ya te
gustaría a ti- dije mientras le golpeaba con suavidad su trasero. –Tú me
seguías de camino a casa-
-Era para
prever que te violasen-
-Oh,
¡cuidado! Qué la caballerosidad en persona viene aquí a protegerme.
-¿Cuándo no
lo he hecho?- dice divertido.
-Dejaste que
la loca de tu exnovia me atacase- dije a modo de broma, aunque por una parte fuese
en serio.
Frunció un
poco el ceño. –No me recuerdes cosas desagradable cuando estoy teniendo buenas
vistas, de tus pechos- sonríe con picardía. -¿Han crecido?- pone sus manos en
ellos y los masajea levemente, provocándome a mí, tirar de mi cabeza hacia
atrás por el placer. –No- se detiene. –No han crecido.
Eso me hace
reaccionar y lo golpeo. –Idiota- Siempre se le ha dado bien joder momentos.
Ríe. –De
todos modos, me amas- se pavonea como si fuera la gran cosa, y el calor en mi
pecho, en el interior, se vuelve favorable y dulce, haciéndome sentir especial
al ver que da importancia a mis enloquecidos sentimientos, ahora mismo cargados
de hormonas.
-Sigues
siendo idiota- sonrió y me acerco a su boca, pero él se aparta bruscamente.
-Te vas a
joder un rato- me dice. –No tengo ganas de juguetear ahora-
Suspiró.
–Bien, pero luego yo seré la que no tenga ganas, así que no me insistas media hora después…-
le digo divertida. Sé que insistirá y yo me haré la difícil, pero ahora mismo
me apetece dejarle así.
-No lo haré-
me dice divertido.
Se gira,
dándome la espalda, haciendo que me sea más fácil llegar a su espalda. Un poco
enrojecida, pues mis uñas han hecho un buen trabajo, al clavarse en su piel ante
las oleadas de placer que, ese hombre, provocó antes en mí. Comienzo a acariciar
los suaves arañazos, recordando cada momento que pasamos juntos, los momentos
anteriores a esta pequeña charla, cada cualidad y cada defecto de Castiel. Cada momento en el que desee huir y al mismo tiempo gritaba por quedarme.
-Dime…
¿cuándo te has vuelto tan especial?- pregunto mientras mis brazos rodean su
cuerpo en un abrazo.
-Es el efecto
Castiel- me dice. –Cuando me ven las chicas, no pueden apartarse de mí- Me rio
internamente y dejo que el acaricie mis manos. –Ahora duérmete, tabla-
Definitivamente.
Amo a este chico.