sábado, 4 de abril de 2015

Dime... ¿cuándo te has vuelto tan especial?

Fragmento sacado de mi novela: Mi pesadilla roja. Colaborando con InTheEndOfDreams.
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Mis manos atravesaron el pecho de aquel hombre que hoy estaba a mi lado. Cruzaban lentamente acariciando sus anchos y fuertes hombros… Para seguir explorando su firme cuerpo. 

Sus ojos grises observaban atentos mis movimientos. Enrede mis manos en sus cabellos, mientras él me observaba en silencio.

La sensación de que no hacían faltas las palabras me hacía sentir tan feliz que, incluso sabiendo que este chico solo me daba dolor de cabeza, quería estar con él por mucho tiempo. 

Suspiré hondo. Dejándome abrazar aún más por sus firmes brazos, que pegaban nuestros cuerpos desnudos colados entre las sábanas. En un roce sugerente. En un roce que me hacía perder el control de mis sentimientos.

Deje que sus manos acariciaran mi espalda, eran caricias suaves cargadas de emoción. Su sensualidad, el cosquilleo que me producía, sus manos que recorriendo mi espalda... Era la mejor forma de comprobar que estaba viva… 

Cerré mis ojos por la oleada de placer que provocaba en mí. El pelirrojo era un hombre, sí, hombre, el más candente e increíble que había conocido.

-¿Qué demonios estás pensando para tener esa sonrisita?- dijo él. Su voz sonaba melodiosa y varonil, cualquiera que lo viese u oyese sentiría una atracción eléctrica o magnética, lo que sea, una atracción que nadie podría controlar, como yo ahora.

Siempre me había intentado mantener lejos de los chicos como él, de las personas con aire de suficiencia que siempre se metían en problemas. Había huido indefinidas veces de ambientes peligrosos y llenos de misterio, ambientes de 'rebeldes', pero, cuando lo conocí, me resulto tan difícil apartarme que, incluso aunque tuviera la opción, no lo dejaría ir.

-¿Está mal acaso?- pregunte con voz suave, mientras mi mano, en concreto mi dedo índice, bajaba a su mejilla, dando pequeñas caricias al recorrer sus facciones, con una suavidad que dejaba huella hasta en mí.

-Solo responde-

Mi corazón se apretuja de forma suave, dándome un poco de vergüenza contestar lo que, desde hace un rato, carcomía mi mente. Suspire con alegría y me acerqué más, si es posible, a su cuerpo caliente y deseable.

-Estaba pensando en ti-

Sonríe con autosuficiencia, sabiendo yo que se está subiendo una rama o dos más de las que debería, mientras me aprieta un poco más limitando la distancia a nula. Se siente orgulloso de que yo diga eso, o quizás, solo va a burlarse como hace siempre.

-¿Y en qué piensas, rubita?-

Me apego a su cuello y acarició su espalda con mis manos, suavemente, trazando pequeños corazoncitos en el centro de esta, su piel es suave, caliente, deseable y echizante. Su piel es mi perdición. Él es mi decadencia.

-Estaba pensando en cuando me enamoré de ti-

Me separo un poco para ver su rostro, levemente sonrojado, aunque, intentó ocultarlo, desviando su mirada, mientras ponía una sonrisa diabólica.

-Me acosabas en el supermercado... desde entonces deberías haberlo tenido claro-

-Ya te gustaría a ti- dije mientras le golpeaba con suavidad su trasero. –Tú me seguías de camino a casa-

-Era para prever que te violasen-

-Oh, ¡cuidado! Qué la caballerosidad en persona viene aquí a protegerme.

-¿Cuándo no lo he hecho?- dice divertido.

-Dejaste que la loca de tu exnovia me atacase- dije a modo de broma, aunque por una parte fuese en serio.

Frunció un poco el ceño. –No me recuerdes cosas desagradable cuando estoy teniendo buenas vistas, de tus pechos- sonríe con picardía. -¿Han crecido?- pone sus manos en ellos y los masajea levemente, provocándome a mí, tirar de mi cabeza hacia atrás por el placer. –No- se detiene. –No han crecido.

Eso me hace reaccionar y lo golpeo. –Idiota- Siempre se le ha dado bien joder momentos. 

Ríe. –De todos modos, me amas- se pavonea como si fuera la gran cosa, y el calor en mi pecho, en el interior, se vuelve favorable y dulce, haciéndome sentir especial al ver que da importancia a mis enloquecidos sentimientos, ahora mismo cargados de hormonas.

-Sigues siendo idiota- sonrió y me acerco a su boca, pero él se aparta bruscamente.

-Te vas a joder un rato- me dice. –No tengo ganas de juguetear ahora-

Suspiró. –Bien, pero luego yo seré la que no tenga ganas, así que no me insistas media hora después…- le digo divertida. Sé que insistirá y yo me haré la difícil, pero ahora mismo me apetece dejarle así.

-No lo haré- me dice divertido.

Se gira, dándome la espalda, haciendo que me sea más fácil llegar a su espalda. Un poco enrojecida, pues mis uñas han hecho un buen trabajo, al clavarse en su piel ante las oleadas de placer que, ese hombre, provocó antes en mí. Comienzo a acariciar los suaves arañazos, recordando cada momento que pasamos juntos, los momentos anteriores a esta pequeña charla, cada cualidad y cada defecto de Castiel. Cada momento en el que desee huir y al mismo tiempo gritaba por quedarme. 

-Dime… ¿cuándo te has vuelto tan especial?- pregunto mientras mis brazos rodean su cuerpo en un abrazo.

-Es el efecto Castiel- me dice. –Cuando me ven las chicas, no pueden apartarse de mí- Me rio internamente y dejo que el acaricie mis manos. –Ahora duérmete, tabla-

Definitivamente. Amo a este chico.