domingo, 22 de noviembre de 2015

Rota, rota, está rota.

Ojos marchitos que miran vacíos. Piel sin color, con un tono que destruye hasta tu más firme valor, acabando con tu corazón al observarla.

Ella era tan linda, pero estaba completamente destruida.

Esa sensación al mirarla, ese temor a cortarse al tocarla, ella era la más hermosa, la chica que con sus ojos los corta, sin preocuparte por nadie más, solo centrándote en ella, quien a si misma se provoca histeria.

Está rota, está rota.

Su rostro de muñeca se ha vuelto feo, triste, echo “harapos”, con esa piel y esos ojos que la enfean, con sus tristes pestañas largas y mal arregladas. Sus mejillas están completamente golpeadas.

Está rota, está rota, completamente rota.

Demacrada, en un hogar que lanza llamas heladas. Cargando con el peso de ser la mejor y siendo horriblemente golpeada y sin limitación. Solo sirve como saco, un saco de la frustración.

Solo es el dolor. El dolor de una rota chica.

.Muy rota.


.Está rota.

Siendo presionada, siendo utilizada al antojo de ese ser que la maltrataba. Y llora, llora, por no ser capaz de gritar ayuda.

Y duele y duele.

Porque cada vez que abre los ojos escuece.

Su realidad permanece, no fue un sueño.

Mustia

Guardo en esta caja sin valor, algo que me da la vida y al mismo tiempo me la quita. Pisoteado fue dicho objeto, sin importar ni media mis sentimientos. Fue horriblemente despojado de su caja, además de aplastado. Y yo quedándome sola, con la amargura extendiéndose sola.

Ahí tirada en el barro, con lluvia mojando mis manos, sin dicho objeto me encontraba, con ojos mustios los miraba…

La gente a mi lado pasaba, con los ojos asqueados me observaban, pasando de largo atajaban, dejando mi existencia abandonada.

Mustia y rota. Llorando me encontraba.

Entre las jocosas nubes burlándose, entre el dolor en mi pecho acumulándose, vacía por dentro y por fuera. Empapada de agua que se reía de mi ser marchito. Insignificantemente me llamaba, una voz que apenas recordaba, y sin embargo seguía tirada. En el sucio suelo manchada. Inmóvil y tranquila reposando, sin apenas fuerzas quedarse.

Confusión a mi mente embargando.

Doliendo a mi alma gritando.

                                                        Muerta por dentro,           
                              

Ahora también por fuera.