Ojos marchitos que miran vacíos. Piel
sin color, con un tono que destruye hasta tu más firme valor, acabando con tu
corazón al observarla.
Ella era tan linda, pero
estaba completamente destruida.
Esa sensación al mirarla, ese temor a
cortarse al tocarla, ella era la más hermosa, la chica que con sus ojos los
corta, sin preocuparte por nadie más, solo centrándote en ella, quien a si
misma se provoca histeria.
Está rota, está rota.
Su rostro de muñeca se ha vuelto feo,
triste, echo “harapos”, con esa piel y esos ojos que la enfean, con sus tristes
pestañas largas y mal arregladas. Sus mejillas están completamente golpeadas.
Está rota, está rota, completamente
rota.
Demacrada, en un hogar que lanza
llamas heladas. Cargando con el peso de ser la mejor y siendo horriblemente
golpeada y sin limitación. Solo sirve como saco, un saco de la frustración.
Solo es el dolor. El
dolor de una rota chica.
.Muy rota.
.Está rota.
Siendo presionada, siendo utilizada al
antojo de ese ser que la maltrataba. Y llora, llora, por no ser capaz de gritar
ayuda.
Y duele y duele.
Porque cada vez que abre los ojos
escuece.
Su realidad permanece, no fue un sueño.