Hay
tantas cosas que tengo que decir sobre ti… Sobre tus ojos y sobre tu pelo,
sobre tu forma de besar y tu forma de tocarme. Hay tantas cosas que tengo que contarte,
tanto que decirte… son tantas que he perdido la cuenta…
Y menos mal que existes y que no tengo que
inventarte.
Tanto que
contar sobre la forma en la que te veo.
Como mis ojos se pierden en tus largas
pestañas y tus ojos abiertos de un color llamativo. Como me quedo al verte
pasar las páginas de tus apuntes de economía concentro. Cuando muerdes el lápiz
de frustración y te frotas tu cabello castaño al no pillar a la primera las
frases del libro. Cuando te inclinas hacia atrás en la silla de tu escritorio y
frunces el ceño molesto por tener que acabar el reporte para tener tiempo para
mí.
Lo mucho que me gustas cuando te giras a
mirarme y paras tus estudios para besarme.
Me encantas cuando me besas, cuando tus
labios se pasean por encima de los míos. La caricia sugerente y delicada que
dejas suavemente con tus labios, como con los dientes me muerdes con suavidad…
lo delicioso que es el momento de saber que solo yo te puedo besar.
Tus manos acariciando suavemente mi cara y tu
forma de mirarme con esos ojos castaños que atraviesan desde lo más profundo de
mí ser.
Y menos mal que me encontraste… sino seguiría
buscando.
Me gusta la forma en la que respiras cuando
duermes, como tus ojos permanecen cerrados con suavidad y me abrazas por la
cintura. La forma en la que las sabanas se amoldan a tu cuerpo y me hacen ver y
no ver tu cuerpo… Y es que me encanta hasta tu respiración en mi cuello.
Lo segura que estoy entre tus brazos y sobre
todo, adoro que siempre te despiertes antes y acaricies mi rostro con un dedo,
contorneando mis facciones y con suavidad, darme besos en la frente hasta que
te golpeo con suavidad para que te estés quieto.
La forma en la que sonríes cuando sueñas y
como te duermes antes que yo para que yo pueda observarte y tomar todos los
detalles que tengas. Que al despertarnos, me recuerdes que tengo los pelos de
loca y que parezco un zombie. La forma en la que tatareas por las mañanas, el
buen humor al despertar que me das. Tus desayunos en la cama mientras me
recuerdas que el café no me lo puedo tomar porque aun soy una cría, que mejor
te lo bebes tú, y en vez de hacer el desayuno para mí, te lo tomes casi todo tú
porque yo “no puedo más”.
Y menos mal que eres tú, porque yo sin ti no
sabría qué hacer.
Cuando me rozas la nariz con tu dedo anular y
me acurrucas entre tus fuertes brazos, que, al ver películas de miedo, me digas
que vas a protegerme y nos pasemos la película besándonos en vez de hacer caso
a las tenebrosas escenas que a mí me asustan y a ti te hacen reir.
Me gustas tanto que me quedo hasta con las
caras que pones cuando tu madre te dice que tienes que comer más merluza,
cuando no te gusta algo la forma en la que engurruñas tu nariz, como al reir te
sale un pequeño hoyuelo en la parte derecha y como cuando no puedes aguantar el
tono de la risa empiezas a hacer ruiditos como si estuvieses hipando.
La forma en la que dejas que salte para darte
un abrazo koala y el modo en el que me corriges cuando me enfurruño con
cualquiera, como me aconsejas y como eres neutral en todos los temas que te
pregunto. La preocupación que muestras cuando se trata de mí y tu esmero y
sonrisa al cocinar para mí.
Siendo tú tan perfecto, ¿qué me viste a mí?
Y es que,
tengo tanto que decir que no creo que sea suficiente.
Y en serio, gracias por existir, así
ya no tendré que inventarte.
Porque un
mundo sin ti, no es mundo feliz.