Otro día más
Las mismas preguntas...
-¿Qué te pasa?- preguntó.
-Todo.
-¿Qué es todo?
-Todo.
-Pero… ¿todo será algo, no?
-Todo es todo.
-Pero todo… ¿todo lo qué?
-Todo, la vida.
Se paró unos segundos a sollozar. Secándose las lágrimas y escondiendo su cabeza entre su larga cabellera y sus brazos.
-Mi vida- aclaró.
-Pero, en tu vida, como hay cosas malas, también las hay buenas… ¿es qué no te lo pasas bien con tus amigos?
-Eso no tiene nada que ver con todo.
-Si, porque es todo. Forma parte de todo, de la vida, de tu vida.
-No. Porque no importa como lo mires, todo es todo, todo soy yo, porque todo es mi vida, lo que me rodea. Es mío, soy yo.
-No, corazón, tienes que ser positiva, todos tenemos malos días, pero se superan.
-Estoy cansada de todo. De que intentéis buscarle respuesta y solución a todo, a veces no la tiene, otras veces la tiene y está a la vista y otras, como ahora, no es tan fácil como queréis hacerlo ver.
Se quedó en silencio, intetando encontrar las palabras para revatirla de manera aplastante, de intentar ayudarla.
-A veces, un día, te levantas y ya no recuerdas que pasó ayer ya que, hoy, no sabes como encontrar luz en tanta oscuridad.
-Creo que se debe a que estás de regla que estás mucho más sensible, todo puede arreglarse.
Es una mala racha.
-No. Que tú seas una ciega y no te des cuenta de que todo me consume, no es mi problema. Por una vez pensé que necesitaría un abrazo, pero ahora… ahora ya no necesito nada. Solo que se acabe.
-¿Qué se acabe qué?
-Todo.
Todo.
Todo...