martes, 22 de noviembre de 2016

Soy eso, un simple cero

Y buscaba, entre las gruesas mantas, un lugar donde nadie le encontrase.


Donde caras y sentimientos se enterrasen.
Con silencio hipnótico que le guardase, los secretos más oscuros, del tiempo vivido en este integro mundo.

Con tantas cosas que proteger y una gran caja que ocultar.
Una llave, que muy lejos tirar, para que nadie más pueda abrir, vivía, y crecía.
Inclusive entre las mantas, arropada de preocupaciones, evaporándolas, la vida, no padece y tampoco siente.

Escape de la tierra, en la que las semillas fueron plantadas y unos árboles hermosos guardan.


Caminando por las frágiles calles, con números y almas que respiraban, puntuando y sumando, restándose cuando se alejan, dividiéndose cuando lo necesitan y un simple cero ocupando el lugar.
Miles de números que cantaban a su triste alredor, la melodía que jamás nadie quiso escuchar.

Con ochos numerosos y dieces que con superioridad le valoraban, las penas y las cadenas que se sujetaban.


Jueces innatos de los más tristes relatos. El cero sin valor paseando, con un vacío en su estómago y a lo lejos no se ve cuantas veces fue infravalorado.
Necesariamente innecesario, a veces útil otras pobre, quedando sin valor y destruyendo a quienes le trababan.

Importantemente destituido, de un cargo que no se le dio por no saber valer.
Y aquí, donde el mundo comienza, donde las vidas de aquellos numerosos árboles se sumergen, crecen... el cero seguía buscando un lugar donde refugiarse y perderse...

Yo, que observo, yo que lloro y me entristezco, solo puedo mirar... eses lugares, donde nadie, nunca más pisará, pues sus raíces ya se han plantado y no queda un lugar para un número sin valor adquirido para ellos.

Menospreciaba, la sociedad, a quien no cumplía los requisitos y las conductas.
Desamparado y triste, el cero corría y gritaba, aunque la voz no le daba.

Nadie escuchaba...

Y el cero siguió buscando. 


Toda una vida. Sin éxito... jamás nadie lo notó... nadie lo escuchó... pero jamás pereció.
En este cruel e injusto mundo hay tantos ceros, que un día invadirán el mundo, poblándolo de enclenques que nunca tuvieron  confianza para ver su valor.

Y el cero murió.
Se fue. Se escapó.
Ahí, nadie celebro, nadie lloró.
No había forma, nadie lo notó.

Y un hermoso árbol, creció sin semilla en el interior...