Sabía que le
gustaba lo perfecto, las dos partes iguales, y en ese preciso momento.
La perdición
simétrica que se me venía, y las dudas acumuladas tocando techo, mientras
pienso en el error que conlleva lo supuestamente perfecto.
Me arrepiento
de no arrepentirme, de que las mitades correspondan iguales, que cuando sus
ojos miran me siento perdida, que me haga volar cuando se suponía que debería estar
tocando suelo, no cielos.
Las puertas
del Paraíso pueden abrirse, pero como Adán y Eva, la manzana prohibida termina
sucediendo con la tentación, y si bien es cierto que cuanto antes caes antes te
levantas, me pregunto si de una forma idéntica terminaremos por arrepentirnos
de morder una manzana.
Al final,
después de todo, la simetría que dices buscar terminará en líneas inconclusas y
confusas, que nada de idéntico tendrán, solo líneas, que ni se tocan ni se
repiten, hasta que las puertas se abran de nuevo para cerrarse delante de tus
ojos.
Dejarse
llevar por lo que parece perfectamente amoldado a ti, cuando sabes que en el fondo
es una pérdida de tiempo, poniendo barreras que necesitas, antes de que salga
todo mal.
Antes de que
lo pierdas.
Paraíso, cielo
y luego tierra.
La simetría
engaña.
No es
perfecta.