lunes, 2 de febrero de 2015

Flor

Corrió a casa feliz, muy feliz, casi podíamos decir que estaba siendo embargada por felicidad. Que ella misma era la felicidad.

Apenas tenía preocupaciones, la máxima que debía tener, quizás, era impresionar a su madre escribiendo bien y sabiéndose la lección del colegio, impresionar, leyendo perfectamente, a sus padres. Que ellos se sintieran orgullosos de ella, porque el orgullo de sus padres era el que mantenía el suyo propio.

Ahora estaba correteando por la casa, jugando con un peluche, alguien a quien le contaba todo, orgullosa de si misma, diciendo que tenía novio, el novio más bueno del mundo. Eso era, posiblemente, lo que más le había alegrado la mañana.

Su novio, de su misma clase, por una fecha tan singular, le había dado una targeta y unas flores. Unas flores hermosas conocidas como rosas. Diciéndole con ilusión, que la querría hasta que marchitase la última flor. 

Incluso aunque ella no entendiese que era lo que sentía, que no supiera explicar o dibujar eso que intentaba expresar, sabía que era el mejor. Estaba feliz. Muy feliz. A cualquiera le hubiera alegrado el día al enseñar su sonrisa enorme.

Correteo de nuevo, dejando al peluche en su cama, gritando al oir a su madre llegar a casa diciendo, vamos a empezar a comer.

Bajo las escaleras, tratando de no caer por ir corriendo. Iba sonriendo como loca e increíblemente feliz de que, su novio era el mejor, que le había felicitado con belleza el día de los enamorados.

Su madre le regalo una suave sonrisa al verla traer sus flores.

'Mamá, ponlas en agua'

Así lo hizo. Dejaron las flores en un hermoso jarrón, mientras su madre miraba atenta una de las flores, ¿qué miraría tanto de las flores que él le había entregado? La niña no era a capaz a entenderlo.

Se sentaron a la mesa poco después de acabar de colocar bien la flor, con suavidad, la madre preguntó qué tal había ido el colegio. La niña sonrió y comenzó a contarles todo lo que había hecho.

Las preguntas del padre no tardaron em bombardear a la niña, cuando mencionó las flores y a su novio. Tan protector para ser tan pequeña, y ella no podía entender porque tanta escenita si su papá ya tenía a su mamá.

'Él me dijo que, me querra hasta que la última flor muera'

Su madre sonrió enternecida y susurró algo que no pudo escuchar. Había sido un susurro bajo y dulce, con sus ojos cariñosos en ella.

Qué lindo es el amor en los niños pequeños, pues, nadie entiende mejor el amor que ellos...

Un niño le regaló flores a una niña y le dijo: 'Te querré hasta que la última flor muera'. Una era de plástico."

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