Nunca he
sido muy fuerte.
Las cosas me superan y acaban torturándome de una forma
que no os podéis imaginar. Me destruyen, incluso me matan por dentro.
Y me duele.
Me duele demasiado la forma en la que me consumen. No soy
fuerte, y mucho menos soy valiente. Soy débil, impaciente.
Pienso demasiado que no me merezco sufrir y eso es mi
perdición, porque cuantas más vueltas al asunto le doy, peor. Peor me pongo y
peor vienen las demás cosas. Mi impaciencia me destruye, al esperar y que no
suceda nada.
Me consume.
Y como me desespero porque mi corazón no se calma, me
impaciento, me vuelvo una persona inestable, me convierto en alguien que pierde
la fe, la confianza todo lo que me da fuerzas para seguir.
Soy mi propia ansiedad.
Mi destrucción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario