Constantemente me he recordado a mí misma que no sirvo de
mucho para la Sociedad. Por diversos motivos o por ninguno en concreto, solo sé
que es así. Jamás me había sentido tan fuera de lugar como el momento que
comencé el curso de 2016 y tan insulsa para ganarme un puesto importante en el
mundo.
Otro año más en un lugar en el que no
quería estar.
Resultará ridículo, quizás un cliché, pero odiaba
profundamente el instituto. Me arrepentía de las asignaturas que había
escogido, me arrepentía por no haber estudiado más el curso anterior, por no
haberme arriesgado en otras cosas que me llamaban desde siempre y por dejarme
avasallar por los criminales que intentaban mancillarme. Y lo más importante
para mis sentimientos, me arrepentía de dar a quien no se lo merecía y recibir
maldad cuando no la merecía.
Desde luego que no esperaba lo que se me
venía encima…
Para mí, mi vida solo consiste en una serie de
acontecimientos ridículos, cada cual, más
de telenovela que el otro, cada cual más doloroso. Os relataría un poco sobre
lo que cambió, pero para ello debería remontarme al principio de una historia
que ya quedo atrás.
Quería a mis amigas anteriormente, no puedo negar que las
apreciaba hasta el punto de que eran como mi familia. Sin embargo, este año,
cambiaron muchas cosas, me despegué de la mayoría, unas tóxicas y otras indiferentes,
y me quede sola.
Si, estaba completamente sola.
Porque da igual cuanta gente me rodease, cuantos me
hablasen, cuantos me hiciesen sentir querida, si no saben llegar a ti, si no
saben conocerte, es imposible que te sientas rodeada de calidez, y te sentirás
sola en este mundo devastado. Preguntándote que has hecho mal y porque nadie
está a tu alrededor o te conoce cuando más lo necesitas…
A mediados de la primera evaluación, comencé a juntarme
con un grupo conocido por “zorrxs”, ellos me enseñaron muchas cosas sobre mi
misma que no conocía, como que, si me quedaba callada mucho rato, agobiaba a la
gente porque mi voz era importante para ellos. El mundo que desde hace mucho me
habían ocultado, era, para mí, como un haz de luz que brillaba donde antes
había oscuridad. Ellos me apoyaron cuando nadie lo hacía y me demostraron todos
los lados buenos que nunca había visto, con sus caracteres múltiples, apoyándome
en mi ansiedad y preocupándose por mí. Siendo únicos y anónimos, revelándonos
cosas que a nadie le revelamos completas.
Me sentí… viva.
Más tarde encontré a alguien que había estado en mi vida
antes, de una forma poco profunda, una taekwondista que antes no me caía bien,
pero tampoco me caía mal. Comenzamos a hablar en clase como algo habitual, solo
por una canción y desde entonces, algo cambio para mí. Un nuevo grupo de amigas
fiesteras…
Era diferente.
No es que antes me sintiese excluida de mis grupos pero
era muy diferente el hecho de que me necesitasen y me llamasen, que me
frecuentasen y me buscasen, era como… nuevo para mí, aunque no hubiese tema de
conversación nos reíamos y nos aceptábamos, nos buscábamos cuando nadie más lo
hacía.
Nos escuchábamos y nos respetábamos.
Nadie nos aplastaba y cuando había problemas, los hablábamos.
No importaba cuanto tiempo pasase sin hablarnos, era completamente igual a lo
que siempre había deseado. Unos amigos como ellos. Dulces, amigables,
simpáticos, únicos e incapaces de quedarse callados.
Este año de mierda, tal y como había comenzado, me
ahogaba de forma inimitable, me sentía perdida entre esas sombras tortuosas que
me ataban, solo con mis escritos y mis juegos.
Gracias porque, por muy mierda que fuese este año, al
final salió el sol.
Gracias por convertir, esta oscuridad,
en un haz de luz.