domingo, 12 de junio de 2016

Eras

Eras cielo, cuando tocábamos nuestras manos, enlazábamos el firmamento. Eras infierno, quemándome en discusiones, arropándome y extasiándome con ira, pero se pasa cuando tú me miras.

Eres aire, escapándote por mis sábanas, dejándome a caladas.

Eras todo y al mismo tiempo nada, una imagen en nuestra misma cama. Eras mis marcas de caricias congeladas. Mi única perdición en este mundo de fríos, corazón. Coordinamos canciones de besos, de nubes que invaden el cielo, éramos todo y al mismo tiempo la nada, una enorme y al mismo tiempo pequeña reminiscencia que inundaba mis recuerdos.

Eras agua, que se escapa por mi alma, que transpira mi cuerpo con cada roce de sus dedos.

En cualquier sitio, lloraba mi cuerpo, sudor de tus sueños, eróticamente hablando eras mi orgasmo. Eras fantasía e imaginación, una cabellera de pelo suave, sedoso entre nuestra eterna y helada era. Quería todo lo que eras, lo que ser y no ser somos, porque juntos éramos, el amor de nuestra época, porque juntos somos invenciblemente hermosos.

Eras fuego, que me quema por dentro, eres ardiente, un sol intrascendente.

Cosquilleos indebidos, suspiros escapándose de mi ardiente boca, tus labios me provocaban espasmos, paralizando hasta mis sentidos y mis llantos helados, mis firmes manos entrelazando con uñas y dientes tu espalda y cuello, eras todo, fusionado conmigo, en sobrecargas de electricidad, de enorme corriente transmitiéndose por mí, y así, donde se me escapa el aire, llegas a atarme.

Eras tierra, mi soporte innato, mi firmeza. Eras lo que me aguanta en terribles tormentas

Corazones que se unen y se hacen uno, en la cama ambos, desnudando nuestros temores. Eras dulce, tan sabrosamente bajo mis labios, tan azucaradamente bueno que mis dientes se ablandan. Eras mío, mío. Mi corazón y mi sol, lo único que necesito en estos momentos.

Éramos uno solo. Solo uno. Uno.

Eras aire, escapabas y allí yo sola me quedaba.

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