Eras cielo, cuando tocábamos nuestras manos, enlazábamos el
firmamento. Eras infierno, quemándome en discusiones, arropándome y extasiándome
con ira, pero se pasa cuando tú me miras.
Eres aire, escapándote por mis sábanas, dejándome a caladas.
Eras todo y al mismo tiempo nada, una imagen en nuestra misma
cama. Eras mis marcas de caricias congeladas. Mi única perdición en este mundo
de fríos, corazón. Coordinamos canciones de besos, de nubes que invaden el
cielo, éramos todo y al mismo tiempo la nada, una enorme y al mismo tiempo
pequeña reminiscencia que inundaba mis recuerdos.
Eras agua, que se escapa por mi alma, que
transpira mi cuerpo con cada roce de sus dedos.
En cualquier sitio, lloraba mi cuerpo, sudor de tus sueños,
eróticamente hablando eras mi orgasmo. Eras fantasía e imaginación, una
cabellera de pelo suave, sedoso entre nuestra eterna y helada era. Quería todo
lo que eras, lo que ser y no ser somos, porque juntos éramos, el amor de
nuestra época, porque juntos somos invenciblemente hermosos.
Eras fuego, que me quema por dentro, eres ardiente, un sol
intrascendente.
Cosquilleos indebidos, suspiros
escapándose de mi ardiente boca, tus labios me provocaban espasmos, paralizando
hasta mis sentidos y mis llantos helados, mis firmes manos entrelazando con
uñas y dientes tu espalda y cuello, eras todo, fusionado conmigo, en
sobrecargas de electricidad, de enorme corriente transmitiéndose por mí, y así,
donde se me escapa el aire, llegas a atarme.
Eras tierra, mi soporte innato, mi firmeza. Eras lo que me aguanta
en terribles tormentas
Corazones que se unen y se hacen uno, en la cama ambos, desnudando
nuestros temores. Eras dulce, tan sabrosamente bajo mis labios, tan
azucaradamente bueno que mis dientes se ablandan. Eras mío, mío. Mi corazón y
mi sol, lo único que necesito en estos momentos.
Éramos uno solo. Solo uno. Uno.
Eras aire, escapabas y allí yo sola me
quedaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario