No sé cuándo me enamore de ti, pero ahí,
estaba el amor más imposible del mundo.
No había sido bendecido por
Dios, de eso estaba seguro.
Jamás había sido consciente
de mi mala suerte hasta que comencé a verla a ella, solo hace unas semanas de
esto, pero cuanto más hablaba con ella, más me daba cuenta de que esto no era
una buena señal, sobre todo, porque podía estar volviéndome loco o quizás, y
solo quizás, ella si existía y era el único que podía verla.
- Hola- dice con una sonrisa calmada.
No respondo, continuó
escribiendo y haciendo mis deberes.
No tengo tiempo para lidiar
con ella ahora. No puedo hacerlo justo en estos momentos, no puedo mirarla
porque sé que jamás voy a volver la vista a mis trabajos y quehaceres. Ella
siempre me distrae y me mueve a un mundo más hermoso y feliz, pero ese mundo…
no es real para nadie y debería ser consciente en vez de confiarme y querer
marcharme con ella, lejos, muy lejos de aquí.
- No sabía que te habías vuelto un maleducado- dice. –Desaparezco
unos días y me ignoras, creo que lloraré.
Ruedo los ojos por su ironía
y me rindo, no puedo trabajar con ella aquí.
Mi concentración va, desde
la curva de sus labios en la sonrisa, a su pose exótica y tranquila, desde su
calma y su calidez que desprende a su sonrisa más profunda, va desde lo que me
atrae, a lo imposible, va desde ella, hasta el infinito y se pierde en sus
enormes y profundos ojos.
- Tengo que trabajar- digo.
- Estoy segura de que esos trabajos los tienes que entregar
dos semanas más tarde, así que pon tu atención completa aquí- se señala y se
sienta en mi escritorio, impidiendo que pueda siquiera reaccionar ante su
cercanía.
Respiro con fuerza y me dejo
caer entre sus palabras.
Sabe que tiene control sobre
mí y sé perfectamente que no puedo controlar lo que siento sobre ella. Al mismo
tiempo, tiene consciencia de que es la primera antes que mis estudios porque
jamás podría dejar de admirarla incluso aunque tuviese que entregar un trabajo
de ochocientas páginas mañana y aun no hubiese empezado.
- ¿Qué quieres?- respondo, tratando de hacerme el duro y de
resistir a sus hermosos encantos.
- A ti- ríe.
La observo fijamente y sé
que miente.
Juega con las palabras y
emociona a mi corazón, con tales ojos que iluminarían galaxias infinitas y
lejanas, ella sabe que me tiene y no le cuesta nada conquistar cada pedazo de
mí, porque si ella me lo pidiese, le entregaría todo mi ser.
- Solo he venido a ver como estabas- dice. –Veo que como
siempre, señor estudioso.
- Estoy bien- repito.
Incluso sé que estoy mejor
ahora que antes, porque ella se encuentra en mi habitación, con aquello que
ella denomina, cuerpo normal, lo que no sabe es que ese cuerpo no es normal,
provoca en mí, cosas que jamás me había producido un cuerpo normal. Ella sabe
que tiene un cuerpo mágico y atrayente, tiene
que saberlo. Tiene que saber que con todo y con nada, es lo más hermoso y
cautivador que he visto en mi vida.
Pero ella también lo sabe y
yo también lo sé, que no puedo sentir lo que siento, por la Muerte, que pasea
por mi habitación tratando matar mi alma.