jueves, 30 de octubre de 2014

Depresión

Puede que duela. Que los ojos escuezan, que grite de dolor cuando oigas la desesperación llamar a tu puerta.

A veces pensarás que nada importa, que lo mejor es morir, irse, desaparecer.

Puede que simplemente empieces porque necesitabas llorar. Y justo cuando tus lágrimas resbalaban por tus mejillas te diste cuenta de todo, pocas cosas hay felices, tus sentimientos marchitan al igual que tu cuerpo, un simple día malo, un día infeliz que aunque tu creas que pasará pronto te atará a él con fuerza.

Puede que esto solo me pase a mí, que solo yo sea la que ve esto, pero, cuando lo pienso es así.

Llorarás. Sufrirás. Te retorcerás de dolor ante la presión y entonces sabrás que no pasa nada, que todo está marchitando, los pétalos de rosas caen mientras tú sigues ahí. Encerrada. Pidiéndole a tu alma el perdón, el poder ser liberada.

Quizás no importa nada, que todo va a pasar y tú eres la única que va a marchitar ante la temible espectación.

La depresión es como ahogarse, ves a tu alrededor y todos respiran, caminan sin problemas y sonrien, en cambio tú, tú estas ahí, hundiéndote, viendo como todos respiran mientras tú te ahogas en un llanto de mil momentos.

Nadie te tirá una cuerda y si las tiran, no la necesitas, no la quieres, no la puedes ver. Te sientes sola. Te embarga el sentimiento y tan sola. Tan sola estás que así crees que te quedarás.

Las sombras que te atormentan crecen con cada momento, no te gusta, no te gusta nada. Pestañea dos veces, sigues ahí.

No puedes salir.

Entre las garras del dolor, el mundo te dió su traición. ¿Puedes salir de aquí? Debes salir. Sin puerta y sin ventana, te marchitas como las rosas, te ahogas en el agua que soporta tu vida y tu emoción.
Y entonces te rompes, es imposible el pensar más, te has roto sin remedio.

¿Cómo piensas pegarte?

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