viernes, 30 de octubre de 2015

Sé mía.

Su textura su sabor, su olor, todo era incluso mejor que el plato más sabroso del mundo.

Le gustaban sus hermosos y finos labios, que besaban su cuerpo sin tocar, porque cada vez que ella hablaba lo hacía fantasear, con el sabor de ese exquisito manjar. Sin siquiera haber probado su hermosa boca, ya tocaba el cielo y al jardín del Eden. Pues con sus perlados y brillantes dientes, por su sonrisa singular y su atrevida lengua, nadie podría desear algo más.

Ella tenía lindos ojos, una forma sensual de mirar, de esas a las que ningún mortal podría resistirse, es por eso que le gustaba, porque cuando ella lo miraba, era una diferente forma de mirar. Lo miraba cargada de sentimientos, de amor, con un toque de diversión, con la felicidad intensa y reflejando sus sentimientos hacía él. Quizás le gustaba la transparencia que le daban sus ojos.

Su perlada y pálida piel destacaba, profundamente atrayente al ser tan descomunalmente diferente. Parecía que acababas de salir de la tumba, aun así, te caracterizaban hermosa por tu rostro fino y similar al marfil. Con tus facciones delicadas, como si de una muñeca de porcelana te tratases.

Con tu cuerpo delgado y bastante esbelto, con esas pequeñas curvas y tus pechos pequeños, con tus piernas delgadas y torneadas, una figura de cien, que destaca por delantera y trasera, todos observándote a tu paso, con tu faldita de colegial, con caras de babosos, deseando poseerte, pero nadie puede hacerlo. Tan inalcanzable siendo una flor que se abre cada cien años.

Y definitivamente no vas a ser de ellos.
Vas a ser mía.

Desde un montón de tiempo te observo, sé dónde vives, que te gusta hacer, y que no, también sé que te disgusta y como besas a tu profesor de clases particulares cuando tus padres se van, veo como ese degenerado mayor que tu introduce su asquerosa mano debajo de tu suéter.

Y yo no quiero ver.

Despídete de él.

Ese hombre que solo te quita la inocencia es un obstáculo entre tú y yo. ¿Lo sabes verdad? Solo de mí te quiere alejar, celoso y envidioso de que eres mío. Fíjate en mí, pues mañana no estará y de nuevo a mis brazos correrás.

¿Una vez que él se vaya tú serás solo para mí, verdad?

Estaba claro que tú solo podías mirarme a mí, él te confundió, se aprovechó de que tuve que alejarme… pero tranquila, voy a tenerte de nuevo al lado, puedes estar con calma.

Nadie te tocará.

Entre las sombras me cuelo, acabando con todo sin consuelo, quiero regresar a tu lado pronto, saber que haces en estos momentos, pero tengo hambre y sed de dolor, por lo tanto, debo saciarme antes de perder mi control.
Y cuando llego, lloras, tus ojitos lindos que tanto cautivan tiran pequeñas lagrimillas, sollozando a pleno pulmón, en el colegio viendo como todos te miran diciéndote lo “zorra” que eres por tirarte a un hombre mayor, lo siento cielo, pero, la traición que cometiste hacia mí merecía un castigo. Todos te juzgan con ojos llamándote inmoral, llamando inmoral al hombre con el que ayer te besabas, cometiendo desfachateces en mi cara.

¿A caso no te doy lo que quieres? Puedo mejorar. Te lo prometo.

Tu lloras más, gritando cosas que desgarran mi interior, la gente reuniéndose, todos viendo sangre en el suelo, el cadáver de ese sujeto colgado en aquel perchero. Los profesores, los guardias, todos alertándose, tú cada vez más llorando y recibiendo acoso policial, para simplemente preguntar si alguna vez abusó de ti.

Responde que sí.

Responde que te forzó cuando tú me amabas solo a mí.

Sin embargo lloras, te limitas a llorar, no respondiendo la pregunta que determina cual será tu final.  

Pero con bondad te consolé, abrazándote entre los brazos de esta desesperación. Dame las gracias, amor mío, tan benevolente soy, que te he hecho ese favor, con mi falso apoyo, deseando guardarte en mi armario con las demás, plastificada, siendo mi muñeca perfecta. 

Por favor, por favor, por favor.

Conviértete en mi princesa. 

La séptima en mi colección de hembras. 

Sé mía.

Solo mía.

Si no eres mía, no quiero que seas para nadie más, aceptando mi abrazo, llorando y alimentando tu perdición. Di que me amas. Di que me amas… Di que soy único para ti, que tus ojos solo me ven. Tanto cariño me tienes, tan enamorada estás que te has cegado hasta en tu final.

Te acompañó fuera de este salón, escuchando tus ruegos y tus suplicas de amor, ansioso por oír tu declaración hacia mí, ansioso por escuchar cuanto me quieres y solo a mí. Caminando hacia otro salón, otra habitación de está inmunda escuela que no merece tu linda presencia. Caminamos juntos. Juntos hasta tu final si respondes mal la siguiente cuestión. 

¿Me amas?


Dilo.

Dilo antes de que te mate. 

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