viernes, 30 de octubre de 2015

Tras el libido

Eres aquel que me hace perder la razón.
Porque un buen amor, nace en el corazón y termina sin ser consciente de la razón.

Tortuosamente se ha colado entre mis mantas,  un invasor que no quise en mi cama,  ese hombre con ojos de color tierra que desde tanto tiempo había extrañado, me abrazaba como si fuera su más preciado objeto, tratándome como la princesa de un cuento que para mí, jamás existió.

Peligrosamente se ha acercado, a mi cuerpo y a mi alma. Haciéndome imposible resistirme siquiera a su olor. Porque todo él es una enorme tentación que me incita a desear más de su prohibido libido.

Esos labios gruesos y firmes, sosteniendo los míos, mordiéndolos como si fueran un triste e infeliz bocado. Mientras nos miramos fijamente, devorándonos, con tu boca, con la mía, acaparando  con la tuya, mi lengua, y, haciendo que se intensifique el calor de aquella habitación.

Sus manos paseándose por mi cuerpo y recordando nuestro deseo, nuestro único objetivo en llevar rienda suelta nuestra pasión. Tus ojos enfocándose en cada centímetro que tus manos recorren, para llevarme a otra dimensión. Con mis cinco sentidos alerta de por dónde avanzan tus traviesas y pícaras manos, donde se posan tus labios y donde recaen las caricias.


¿Vamos a disfrutar de este hermoso éxtasis de placer manchado de prohibiciones religiosas?


Me he preguntado tantas veces si nací exclusivamente para amarte, pues nuestros cuerpos encajan mejor que cualquier otro, que cualquiera que lo intente, sé que te gusta que te haga, se por donde tengo que comenzar, vamos a llevar a cabo esta inmoralidad católica, vamos a pecar fuera de matrimonio.

Disfrutando seriamente de la impureza que sale por nuestros poros, no te dejaré escapar sin chuparte hasta que tus fuerzas y pensamientos se agoten, hasta que te remate, hasta que te acabe, de esta cama, créeme, no sales.

Y cuando menos me lo espero, entre nuestras despojadas ropas entre las sabanas arrugadas, entre nuestros sudorosos cuerpos chocando, la química que ambos experimentamos se convierte en un hermoso placer de chocolate consumado. Una vez que nuestras manos comenten el pecado, y nuestros cuerpos asirse mutuamente aceptando cada muestra deseosa y suculenta, el libido aparece, deslizándose entre nuestras desnudas y cálidas pieles.

Hace tanto tiempo que te había deseado,
Que ya no sé si esto es un sueño o es real.

Pues nada más despertar, en mi cama vacía amanecer, de tu sudoroso y suculento cuerpo no había encuentro.
No estabas aquí.

¿Eres tal vez un sueño?  

No hay comentarios:

Publicar un comentario