¿Quién es esa?
Su mundo estaba lleno de ignorancia y felicidad, cosas
que deseaban para ella. Una sonrisa en ese rostro, esa vida llena de emociones,
siempre pensando en positivo, tapándole con vendas las heridas y sellándolas en
lo interno de su cuerpo. Nadie te hacía
daño realmente si te niegas a verlo por ti misma.
No conocía.
Tampoco sabía.
No quería ver,
No quería abrir sus ojos y pensar en lo cruel que podía el
mundo ser.
¿Qué tiene de especial, esa tal “Adriana”?
Nada. Ella no tiene nada, es solo una más.
Un montón de personas rodeándola, conociéndola, viéndola con
superioridad. Era hora de destapar su verdad.
Ya no hay vendas, dejándola totalmente indefensa, sola y
consciente del mundo pudriéndose ante sus ojos. Sus heridas sangraban, su dolor
interno resurgió, un golpe mordaz agarrándose a su corazón, subiendo al
cerebro, ya se acabó ser inocente.
Cayó.
Cayó en ese pozo.
Ellos la vieron caer, y sus oídos destaparon, los tapones
le sobraron y se los quitaron, era hora de despertar. Sus ojos también fueron
abiertos, gafas pusieron para que viese mejor la putrefacción.
Ella tenía que conocer el mundo oscuro que tan luminoso
creía ver, ya era hora de madurar.
Todos
son crueles en este mundo.
Ese sobresaltó, conocer el mundo que creías amar,
oscurecerse de golpe, ya no era normal.
Ella no entendía.
No comprendía.
No quería.
¿Qué era eso que veía? Un sueño oscuro, una pesadilla que
la golpeaba y la hacía caer, el camino de rosas rompiéndose ante sus ojos, ya
no hay más, un mundo que se rompe en más pedazos, clavándose espinas en los pies,
atada por cadenas.
Opresión.
Violencia.
Prohibiciones.
Restricciones.
Maltrato.
Oscuridad.
Caras ocultas.
¿Qué esperar?
Ella era una humana inocente, que terminó contaminándose como
todos. Deseando no vivir de nuevo aquella obligación llamada vida. ¿Qué
esperar? Pudriéndose el camino que avanzaba oscureciéndose el frente que tenía
que alcanzar.
Ella no quería ver más.
Luchar, pelear, con manos sangrantes, luchaba por
avanzar.
No hay marcha atrás una vez comienzas a caminar, no hay
camino, no retrocede. No puedes volver una vez, que ves, al pasado que tanto
amabas. Ya no puedes.
¿Quién es Adriana?
Solo una más, una más en este mundo, consciente del daño
que nos hacemos los unos a los otros, limitaciones que impiden a todos,
físicas, mentales, líneas imaginarias, cadenas, miedo, vergüenza, pánico a la
no aceptación.
Miedo a no poder continuar. Los caminos se cortan, se
cruzan, se enredan, ¿cómo? Avanza, pero... ¿cómo?
Un día llegará al final, como todo lo que extinguió entre
sus manos.
Confianza, amor, vitalidad.
Adriana no es más que otra más, una más que no desea este
mundo, esta vida. Ella no quiere ver, pero no puede impedirse a sí misma verse.
Nadie le retirará los ojos, el cerebro porque ella ya es consciente.
Ella solo es ella.
Una persona más, una nimiedad. ¿Qué importa de todos
modos quién es ella?