lunes, 20 de febrero de 2017

Adriana

¿Quién es esa?

Su mundo estaba lleno de ignorancia y felicidad, cosas que deseaban para ella. Una sonrisa en ese rostro, esa vida llena de emociones, siempre pensando en positivo, tapándole con vendas las heridas y sellándolas en lo interno de su cuerpo. Nadie te hacía daño realmente si te niegas a verlo por ti misma.

No conocía.
Tampoco sabía.
No quería ver,
No quería abrir sus ojos y pensar en lo cruel que podía el mundo ser.

¿Qué tiene de especial, esa tal “Adriana”?

Nada. Ella no tiene nada, es solo una más.

Un montón de personas rodeándola, conociéndola, viéndola con superioridad. Era hora de destapar su verdad.

Ya no hay vendas, dejándola totalmente indefensa, sola y consciente del mundo pudriéndose ante sus ojos. Sus heridas sangraban, su dolor interno resurgió, un golpe mordaz agarrándose a su corazón, subiendo al cerebro, ya se acabó ser inocente.

Cayó.
Cayó en ese pozo.

Ellos la vieron caer, y sus oídos destaparon, los tapones le sobraron y se los quitaron, era hora de despertar. Sus ojos también fueron abiertos, gafas pusieron para que viese mejor la putrefacción.
Ella tenía que conocer el mundo oscuro que tan luminoso creía ver, ya era hora de madurar.

Todos son crueles en este mundo.

Ese sobresaltó, conocer el mundo que creías amar, oscurecerse de golpe, ya no era normal.

Ella no entendía.
No comprendía.
No quería.

¿Qué era eso que veía? Un sueño oscuro, una pesadilla que la golpeaba y la hacía caer, el camino de rosas rompiéndose ante sus ojos, ya no hay más, un mundo que se rompe en más pedazos, clavándose espinas en los pies, atada por cadenas.

Opresión.
Violencia.
Prohibiciones.
Restricciones.
Maltrato.
Oscuridad.
Caras ocultas.

¿Qué esperar?

Ella era una humana inocente, que terminó contaminándose como todos. Deseando no vivir de nuevo aquella obligación llamada vida. ¿Qué esperar? Pudriéndose el camino que avanzaba oscureciéndose el frente que tenía que alcanzar.

Ella no quería ver más.
Luchar, pelear, con manos sangrantes, luchaba por avanzar.
No hay marcha atrás una vez comienzas a caminar, no hay camino, no retrocede. No puedes volver una vez, que ves, al pasado que tanto amabas. Ya no puedes.

¿Quién es Adriana?

Solo una más, una más en este mundo, consciente del daño que nos hacemos los unos a los otros, limitaciones que impiden a todos, físicas, mentales, líneas imaginarias, cadenas, miedo, vergüenza, pánico a la no aceptación.

Miedo a no poder continuar. Los caminos se cortan, se cruzan, se enredan, ¿cómo? Avanza, pero... ¿cómo?
Un día llegará al final, como todo lo que extinguió entre sus manos.

Confianza, amor, vitalidad.

Adriana no es más que otra más, una más que no desea este mundo, esta vida. Ella no quiere ver, pero no puede impedirse a sí misma verse. Nadie le retirará los ojos, el cerebro porque ella ya es consciente.

Ella solo es ella.

Una persona más, una nimiedad. ¿Qué importa de todos modos quién es ella?


No hay comentarios:

Publicar un comentario