domingo, 13 de mayo de 2018

Admirarme.


Y entre el limbo de mi dolor...

Me admiro.

Entre las lágrimas y los luceros de tristeza, entre las mantas y la desgana, extiendo el brazo, acariciando las finas corrientes de la angustia, con las yemas me deslizo y apartó, rompo. Lo rompo, la rompe, me rompe.

Y me admiro.

Admirándome.

Admirarme.

Y ahí, en el silencio sepulcral, cierro los ojos y dejo que se deslicen, dejo que se partan, que se levanten, que se esfumen, que se mueran, que se destruyan, dejó que me invadan, las alegrías y tristezas, que el humo que sale me consuma, que entre mis labios se deslice y que entre mis manos corra.

Y ahí, donde no parecía haber amor propio.

Ahí, en esta vacía habitación, me dejó caer, me desvanezco y me evado, allí, donde nadie pueda pasar, ahí, donde nadie me dejé caer en el olvido de lo que mis voces callan, me amo y me odio.

Y odio y odio y dejo claro que odio.

En el limbo de mis pensamientos, que gritan, que rompen en truenos, que suenan relámpagos, que se iluminan y se distorsionan, allí, donde el bucle temporal se destruye, donde nadie me ve, donde nadie me toca…

Ahí.
Me amo.

Y admirando mis sentidos, deslizando las manos, allí, donde nadie me encuentre, me parto y me estreso, me caigo al abismo de letras y letras, allí, donde todos me desconocen, me conozco.

Me amo.

Me aman mis manos, mi cuerpo, cada centímetro de pelo, mis ojos y mis labios, mis caderas, mi cintura, mis piernas, pies y sentidos. Allí, donde el tacto me abruma y el olfato me quema, lo blanco pasa a gris, lo gris pasa a negro, los colores me estimulan, y mi cabeza grita. Mi vista chilla.

Mis labios resecan, exhalando la tristeza que se convierte en alegría y en vida.

Allí…

Me siento viva.

Muero y vivo.

Admirarme a mi misma cuando pienso a gritos, cuando callo y me deshago. Cuando mi mente muere conmigo y me mata la vida.

Cuando la vida me supera, cuando mis sentidos se agalopan y se suben, cuando no me como el mundo y el me come a mí, allí, comienzo a suspirar, empiezo a susurrar sin sentido ni delirio y nadie lo ve.

Nadie escucha, solo mis tímpanos, mi cerebro, mis poros y mis paredes que lo encierran.
Allí, comienzo a quererme y odiarme.

Amarme de todas las formas y sin arrepentirme, pensando a mil quilometros hora, sintiendo como la brisa se desliza en oleadas positivas, aceptándome como nunca me he aceptado, queriéndome a mi, solo a mí, antes que a ti, antes que al mundo, antes que a nadie. Solo yo. Amante de todas mis facciones, mis heridas, mis marcas, mis fallos, mis puntos buenos, fuertes.

Me odio.

Me quiero.

Me consume, me come.

Cerrando en banda las oleadas, el humo me traga, mis latidos crecen, mi cuerpo lo entiende, mis ojos se abren, no se cierran, descalza y en frío contacto, la calidez me abandona y caminó.

Salgo de allí y salgo al mundo, que me traga y me atraganta, el mundo que frío me trata y que lentamente poco me encanta, a fuera de mí, de mi estancia, la brisa me encanta, me atora y me alumbra.

Ahí, de nuevo me amo, me amo tanto que me cansa, me quiero tanto que me desgana, me aceptó tanto que mis poros se alertan, me atraviesan, hasta el interior, en la punta de los pies, el hormigueó me hace brillar, me hace vivir, me adora.

Y sí.
Me amo, me amo y me aman.

A MÍ, solo a mí.
No a ti, ni a nadie.

Solo a mí.

martes, 8 de mayo de 2018

Chillando


Estoy aquí, quiero gritar.

Quiero que me veas, simplemente no te gires a mirar hacia otro lugar sin más, quería que me vieses a mí, simplemente a mí, a ningún otro, solo a mí, una vez, solo una. Necesito que me mires, que veas que estoy aquí, que te he estado buscando, que solo te estoy llamando, que necesito que me veas  una última vez antes de que desaparezca.

Quiero gritar y que me encuentres, que sepas que siempre he estado aquí, que simplemente he estado en este lugar, deshaciendome, muriéndome, encubriendome entre mis delirios y mis tristezas… que estoy aquí, donde nadie me ha encontrado.

Búscame.

Ese que está ahí, que te mira y te daña… no soy yo.
Búscame y escúchame, ese que te habla camufla mis gritos, ese que te aleja, oculta mis palabras, escúchame y búscame, tiéndeme tu mano y tira, tira de mí, una última vez, una última vez antes de que desaparezca, búscame y encuéntrame… como siempre has sabido hacer.

Tú.

Tú que siempre me encuentras, tú que siempre me salvas, escúcha con calma, escúchame gritar y juzgame como siempre sabes, expira mis pecados y mis delirios, mi soledad y mi tristeza, abrazáme y sostenme antes de que todo se caiga, antes de que simplemente todo se vaya, quiero que seas consciente de que estoy aquí, que no me he ido, que estoy aquí, que siempre te he estado viendo, que siempre me has estado mirando en el fondo, pero que eso que sale de mí…

N O S O Y Y O .

Búscame y encuéntrame, que por mucho que me esfuerzo en chillarte, no llegan, y mis silencios, mis quejas, mis bruscas penas te alejan. Lo siento, lo siento por no tener más voz, lo siento por pensar a gritos y no producir sonido, lo siento por esto y por todo, lo siento por ti, por nosotros, por serlo todo.

Pierdo la fé, pierdo el norte, no sé donde estoy, no sé como alcanzarte.

Escúchame…

Ya no puedo más.

No tengo fuerzas para gritar… ya sé, que probablemente, nunca me vayas a escuchar, y aunque me llamas, no puedo más. Y ahora, que no tengo confianza, que no tengo forma de salir, tiras.

Tiras y me sacas.


¿Me escuchaste? ¿O simplemente coincidiste?

No hay respuesta, a ti me aferró, a tu espalda delgada y delicada, allí, tú, quien está más rota que yo, tiras… me sujetas, me devuelves los pies a la tierra.

Ahora que me has encontrado…

Puedo volar libre, puedo dejar de gritar… puedo comenzar a susurrar.


Tienes que hacerlo.






Que inútil. 

Que inútil que te lo crees todo.

Que piensas que todo cambiará, que te conformas con simples frases que dictan los tópicos. Te conformas y lo aceptas. Porque no quieres perder algo tan bonito. O eso piensas tú. 

Porque no es bonito. 


No es bonito despertarte y sentirte sola. No es bonito sentirte pesada, dolida, decepcionada y sola. Triste y sola. Completamente triste porque hagas lo que hagas, nada cambiará, por cuantas promesas haga, cuantos perdones pida, nada de nada cambiará. 


Y se rompe. 


Y te rompiste.


Déjalo ir.

No puedes, pero tienes que hacerlo.

Gritos

Te consumes. 


Siempre lo has hecho, no lo entiendes, duele y no te habías dado cuenta hasta ahora. Siempre te habías esforzado para abrir tus horizontes y creer que eso no estaba pasando, que eso no era real, lo reprimías. 

Y te diste cuenta. 


Al final, te explota en la cara, con fuerza, revienta y te duele. Se prolonga. 
Acabas sin darte cuenta que te estás muriendo porque pare, porque piensas que lo mereces. Quieres entenderlo, entenderte, quieres hacerlo y no puedes. 

Preguntas en silencio. 

No hay respuesta. 

Consumido. 


Mueres por que alguien lo escuche, piensas a gritos y callas tu voz, nadie puede oirte, pero yo te oigo. 

Te veo desde hace tiempo. 
Te entiendo. Lo entiendo. Lo vivo. 
Lo siento. 

Lo vi y lo escuche alto y claro, crees que eres fachada, que nadie llega a ti, que te entienden, pero no lo hacen, o eso te dices, y en seguida despiertas… 

Te conozco. 

Tan bien, que te asusta, te pone ansioso que alguien lo descubra porque ni tu mismo eres capaz a descubrirlo del todo. Nadie es consciente de lo mucho que te angustia, de lo mucho que te molesta. 

Y te sorprende que te alivie. 
Porque lo hace. 
Te alivia. A mi también. 
Oh, joder, si simplemente te hubieses dado cuenta antes… 
Me hubieses enfrentado. 

Y ahora que tus voces son escuchadas, tomas mi mano deseando que eso no se acabe nunca, que lo entiendas por completo, que lo asumas al 100%. 

Oh, bebé. 


Ojalá me hubieses visto antes de todo este daño. 
Y ahora que me enfrentaste, te sientes libre… te sientes más tú y menos máscara, ahora que lo entiendes… te sientes menos atado aunque te sigues apretando. 

Ahora que estás vulnerable, me abrazas, a mí, que no soy nada. A mí, que soy triste, a mí y solo a mí, porque dependes de mí. 
Y aunque la dependencia es mala, déjate llevar por mis manos y palabras. 
Te escucharé cuanto haga falta. 

Te oigo sin falla. 
Ahora que te diste cuenta. 
No sufras solo, no calles nunca más...

Déjame escucharlo

T O D O