miércoles, 24 de septiembre de 2014

Endemoniada.

El mundo está lleno de maldad.

De gente cruel que maltrata o se aprovecha de otros, gente que asesina por placer, que roba por avaricia, que lo único que hace es dañar la vida de la Tierra.

Fue hace unos meses que apereció alguien, alguien que todos amaban, que adoraban, la cuál, comenzó a acabar con todos aquellos que amenazaban sus vidas o causaban problemas. O al menos, todos los humanos la tomaron como su salvadora propia.

Pero... no se esperaban que tras acabar con las personas que hacían daño, ella enloqueciese. Así es, todos se lo tomaron con que tanta muerte, destrucción y guerra acabó con su querida justiciera.

Esa persona, acabo siendo la peor asesina de todas, no podías mirarla y saludarla, te mataría. No podías dar la vuelta al verla, morirías. Ni te plantees mirarla a distancia, te detectaría y te mataría. Si la ves, hombre o mujer muerta. Daba igual, ella no quería a nadie vivo. Había perdido la razón, todos los días moría una cantidad inmensa de gente.

No hay forma de salvarse.

Su justiciera adorada era la asesina endemoniada.

...

La noche de un día cualquiera, ella estaba sola. Sola entre la nada. Con sus negros y largos cabellos agitados por la suave brisa, calmada...

Ella estaba sola, entre un montón de cuerpos sin vida. Todos habían malinterpretado a esa endemoniada criatura, no era una justiciera buena sino, la muerte, una muerte manifestada en un cuerpo, con el único propósito de condenar a esa inutil raza.
La raza humana.

Tú, tú que estás leyendo esto...  
       Quizás seas el siguiente...
Aprende bien la lección que quiero darte, no te fíes de las apariencias, y aprende la lección, nadie vendrá a salvarte de tus problemas...

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