jueves, 20 de octubre de 2016

Tolerante

La tolerancia, siempre, desde que tenemos constancia, ha sido definida como la actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias.

Una palabra hermosa en todo su esplendor y algo que desde siempre, muchas personas han amado y han intentado implantar en las personas que juzgan y prejuzgan en los demás.
El hecho de que esta gente se cree “tolerante”, es más bien un acto de hipocresía y, aun así, todos somos hipócritas por juzgar a aquellos que no son tolerantes. ¿Qué es más que hipocresía el hecho de que nosotros, los tolerantes, juzguemos, de una forma u otra a los que se creen como nosotros y no lo son?

¿Cuál es la finalidad de juzgar a los demás?

Desde luego que somos hipócritas, porque aún no hemos mejorado, porque un defecto muy claro es que no somos perfectos, no sabemos llevar al límite las cosas que nos impulsan y si tenemos que juzgarnos a nosotros mismos, nos daremos cuenta de que esto simplemente es algo que nos persigue.

En algún momento, hemos juzgado. Como juzgan ellos, que se creen tolerantes, a otros por decir cosas que, visiblemente no son correctamente aceptadas o difieren en puntos que, nosotros, creemos ciertos.

Respetamos muchos puntos de vista, pero no respetamos lo que hacen algunos de ellos que es, simple y llanamente, hablar de lo que ellos han pensado, les han inculcado, porque simplemente no es normal.

Nos creemos tolerantes sin serlo, porque acabamos juzgando.
Y eso, no es más que un defecto humano.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Corazón

¿Oyes eso? Un sonido particularmente desagradable…
Eso, eso ha sido mi corazón rompiéndose

-Adry Sakamaki.

Y ese tic-tac cuenta los segundos que ha estado ahí.

El incesante sonido no deja de hacerse presente, se manifiesta en dolor, apretándose un nudo en tu garganta, mientras silenciosas lágrimas resbalan, se manifiesta en escozor, pica el pecho y pican tus ojos, manifestándose también, se deja ver la indiferencia al mundo que la rodea.

Aunque mantiene los ojos abiertos y llenos de vacío interior, se puede ver en ellos el gran dolor.

Arrastra por su cuerpo, una enorme cadena y unas finas sogas, que se aprietan y se enlazan entre ellas, podrían perforar cualquier cuerpo si ejercían presión, podían mutilar sin ningún problema o devoción. Podrían acabarla, pero solo ejercían cierto tirón.

Se esfuerza por mantener en pie su vida, pero todo está patas arriba.

Su corazón llora, llora lágrimas sangrientas y suplica silenciosamente un final rápido. A esas alturas no había nada más fácil que hundirse, la miseria rodeando y atascando su entorno, las brechas de pintura negra que discurren por las paredes agrietada, las manchas de tristeza en cada poro de su piel.

Oyes perfectamente como se está destrozando.

Muchos lo han visto, esos ojos sonrientes y que hablaban por si solos. Muchos lo habían visto, las sonrisas eternas que portaba y como poco a poco dejó de portarlas. Como se hundió en su miseria tratando de convencerse de que era una vida con una mala época.

Como poco a poco sus ojos quedaron sin vida y su vida quedó sin alma.


¿Oíste eso? Sí, ese era el sonido de su corazón rompiéndose en más trozos irrecuperables.

lunes, 17 de octubre de 2016

Un lugar donde refugiarse

¿Y si este fuese el infierno de otro planeta?

Había olvidado cualquier rastro de felicidad grabado en su mente, ya no había nada más que un enorme vacío que se hacía más grande con el tiempo, y, aunque cerrase los ojos o los abriese, solo veía la estancia totalmente libre, libre de recuerdos, libre de pensamientos positivos, libre de todo lo que ella creyó alguna vez tener.

Y buscó ayuda, donde alguien la ayudase a refugiarse, pero no sabía si ese era su lugar.

No había nadie que le tendiese la mano, entre miradas y pequeñas gotas resbalando por la tristeza del alma, existía ese lugar que buscaba, más sin embargo no lo encontraba y nadie facilitaba el acceso, el intento de encontrarlo se veía tan imposible como pedirle a alguien que la ayudase a encontrar aquello que un día perdió.

Desesperada.

Vacíos interiores en los que no encontraba algo, en los que su lugar se había perdido, como las llamas del supuesto infierno, sin caer en cuenta de que nada podía estar más quemado, que el paraje por el que sus pies andaban. Y entonces no sabía, no comprendía, no entendía, no quería abrir los ojos para ver aquella negrura que solo ella veía, nadie la escuchaba.

Y lo ignoraba, continuando aquel camino que no encontraba, aquellos momentos que nadie encontraba, en el cual los suspiros se helaban en aquel abrasador fuego de aire, con aquel temblor interno… lo buscaba.

¿Y dónde estaba?

Ese paraje espejismo que tanto desaparecía, que tanto anhelaba encontrar. El lugar que perdió, dejándose llevar. Por aquellas sombras que lentamente consumieron su luz interior, que su alma poco a poco absorbió, quedándose con ella y quemándola en vida.

Asustada.

Tan fácil permanecer en las buenas, pero no en las malas, sintiendo el abandono creciendo en su pecho, sin entender que no recordaba, que el abismo la helaba, que sus mundos no se conectaban, que el paraíso no se encontraba en aquel lugar.
Que nadie la entendía y sus abismos se multiplicaban.

Y nadie encontraba el lugar en el que refugiarse, porque otras personas sus brazos tendían, mientras tu caminas sola y lloras, nadie lo entiende, solo tú, que estás rota, nadie te ayuda, soluciones tontas, soluciones buenas, pero no.

No es lo que buscas.


Solo te das cuenta de que, este mundo es solo un infierno más y no hay donde refugiarse.

Aquí no hay nada

Encuentra lo que ames, y deja que te mate.
-Charles Bukowski

Y ahí es cuando las cicatrices se abren.

Abres los ojos y aquella cálida luz que esperabas mantener desaparece, se vuelve pequeños destellos que ya no están, que desaparecen y se mueren como la chispa que te impulsaba a seguir viviendo, ignorando aquello, que te hunde en el abismo oscuro, que antes te atormentaba.

Y ahí, ahí ya no hay nada.

Tu pupila se abre y contempla un mundo tan feo como tú.

Te dices que no.

Que debes ignorar aquello que te empuja hacia abajo, no quieres caer otra vez, piensas en lo que sufrirán y te preocupas más por ellos que por curar aquellas cicatrices que están abriéndose poco a poco y escuecen con cada lágrima salada que resbala. No entiendes que te ha llevado a desearte lo malo, no sabes que te ha arrastrado a hacerte daño de nuevo, que es lo que volvió a desencadenarlo.
Solo despiertas en un lugar que no te gusta y sabes que te has engañado a ti misma.

No te quieres, es obvio que no lo haces, pero a veces queda mejor hacerles ver que lo haces, te esfuerzas por seguir el hilo de la sociedad, finges que estás bien, les dices con los ojos un silencioso e invisible socorro, pero ellos solo observan esa sonrisa falsa y esa vitalidad que te esfuerzas en crear para ellos.

Y te creen.

Creen una burda mentira que es falsa, completamente falsa.

Y lloras de nuevo, sin entender que es lo que te afecta.

Y aquí, aquí ya no hay nada.

Solo ese mundo que no te gusta y en el que te obligas a vivir.

Y miras tus muñecas, te cortas con ellas, cristales que has ido dejando, y nadie más ha pisado. Caminas descalza porque no encuentras unos zapatos y te abrazas a quien te quiere para hundirle también. No quieres hacerlo, pero le utilizas y drenas su energía hasta que no le queda más.

Le sumes en tu oscuridad y lo abandonas.

Sabes que no está bien, pero es tu método de defensa, quieres simplemente encontrar a alguien que comprenda tu caos y tu desorden interior, quieres que alguien te entienda y acabas haciendo daño, tomas la confianza necesaria para cortarle y clavarle el puñal, pero no para explicar por qué.

Y lo sabes, y te duele, y ya no hay nadie.

Y te encierras en ti misma.

Nadie tiene culpa de que tus piezas estén defectuosas, que para un muelle no haya un soporte, que para el tornillo no haya destornillador o quizás una pieza donde colocarlo. Ya no hay nada, no encajan, y sabes que es tu culpa por no buscar soluciones prácticas que no sean celo y tiritas para pegar.

Ya no tienes nada, solo aquella tristeza que no entiendes que hace aquí.

Nadie escucha las palabras que sueltas.

Y sabes que te evaporas, ya no quieres mirar a nadie, ya no quieres verlos…

Y aquí, ahora, donde se supone que todo funciona y tú deberías estar bien, donde las luces chocaban contra los cristales y rebotaban contra ti. Donde supuestamente la oscuridad no te alcanza, donde nadie puede verte y donde estás a salvo.

En ese lugar en el que todos te apoyan.

Ya no hay nada.
...

Simplemente estás sola.