La tolerancia, siempre, desde que
tenemos constancia, ha sido definida como la actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o
actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias.
Una
palabra hermosa en todo su esplendor y algo que desde siempre, muchas personas
han amado y han intentado implantar en las personas que juzgan y prejuzgan en
los demás.
El
hecho de que esta gente se cree “tolerante”, es más bien un acto de hipocresía
y, aun así, todos somos hipócritas por juzgar a aquellos que no son tolerantes.
¿Qué es más que hipocresía el hecho de que nosotros, los tolerantes, juzguemos,
de una forma u otra a los que se creen como nosotros y no lo son?
¿Cuál
es la finalidad de juzgar a los demás?
Desde
luego que somos hipócritas, porque aún no hemos mejorado, porque un defecto muy
claro es que no somos perfectos, no sabemos llevar al límite las cosas que nos
impulsan y si tenemos que juzgarnos a nosotros mismos, nos daremos cuenta de que
esto simplemente es algo que nos persigue.
En
algún momento, hemos juzgado. Como juzgan ellos, que se creen tolerantes, a
otros por decir cosas que, visiblemente no son correctamente aceptadas o
difieren en puntos que, nosotros, creemos ciertos.
Respetamos
muchos puntos de vista, pero no respetamos lo que hacen algunos de ellos que
es, simple y llanamente, hablar de lo que ellos han pensado, les han inculcado,
porque simplemente no es normal.
Nos
creemos tolerantes sin serlo, porque acabamos juzgando.
Y eso,
no es más que un defecto humano.