lunes, 17 de octubre de 2016

Aquí no hay nada

Encuentra lo que ames, y deja que te mate.
-Charles Bukowski

Y ahí es cuando las cicatrices se abren.

Abres los ojos y aquella cálida luz que esperabas mantener desaparece, se vuelve pequeños destellos que ya no están, que desaparecen y se mueren como la chispa que te impulsaba a seguir viviendo, ignorando aquello, que te hunde en el abismo oscuro, que antes te atormentaba.

Y ahí, ahí ya no hay nada.

Tu pupila se abre y contempla un mundo tan feo como tú.

Te dices que no.

Que debes ignorar aquello que te empuja hacia abajo, no quieres caer otra vez, piensas en lo que sufrirán y te preocupas más por ellos que por curar aquellas cicatrices que están abriéndose poco a poco y escuecen con cada lágrima salada que resbala. No entiendes que te ha llevado a desearte lo malo, no sabes que te ha arrastrado a hacerte daño de nuevo, que es lo que volvió a desencadenarlo.
Solo despiertas en un lugar que no te gusta y sabes que te has engañado a ti misma.

No te quieres, es obvio que no lo haces, pero a veces queda mejor hacerles ver que lo haces, te esfuerzas por seguir el hilo de la sociedad, finges que estás bien, les dices con los ojos un silencioso e invisible socorro, pero ellos solo observan esa sonrisa falsa y esa vitalidad que te esfuerzas en crear para ellos.

Y te creen.

Creen una burda mentira que es falsa, completamente falsa.

Y lloras de nuevo, sin entender que es lo que te afecta.

Y aquí, aquí ya no hay nada.

Solo ese mundo que no te gusta y en el que te obligas a vivir.

Y miras tus muñecas, te cortas con ellas, cristales que has ido dejando, y nadie más ha pisado. Caminas descalza porque no encuentras unos zapatos y te abrazas a quien te quiere para hundirle también. No quieres hacerlo, pero le utilizas y drenas su energía hasta que no le queda más.

Le sumes en tu oscuridad y lo abandonas.

Sabes que no está bien, pero es tu método de defensa, quieres simplemente encontrar a alguien que comprenda tu caos y tu desorden interior, quieres que alguien te entienda y acabas haciendo daño, tomas la confianza necesaria para cortarle y clavarle el puñal, pero no para explicar por qué.

Y lo sabes, y te duele, y ya no hay nadie.

Y te encierras en ti misma.

Nadie tiene culpa de que tus piezas estén defectuosas, que para un muelle no haya un soporte, que para el tornillo no haya destornillador o quizás una pieza donde colocarlo. Ya no hay nada, no encajan, y sabes que es tu culpa por no buscar soluciones prácticas que no sean celo y tiritas para pegar.

Ya no tienes nada, solo aquella tristeza que no entiendes que hace aquí.

Nadie escucha las palabras que sueltas.

Y sabes que te evaporas, ya no quieres mirar a nadie, ya no quieres verlos…

Y aquí, ahora, donde se supone que todo funciona y tú deberías estar bien, donde las luces chocaban contra los cristales y rebotaban contra ti. Donde supuestamente la oscuridad no te alcanza, donde nadie puede verte y donde estás a salvo.

En ese lugar en el que todos te apoyan.

Ya no hay nada.
...

Simplemente estás sola.

No hay comentarios:

Publicar un comentario