Encuentra lo que ames, y deja que te mate.
-Charles Bukowski
Y ahí es cuando las cicatrices se abren.
Abres los ojos y aquella cálida luz que esperabas
mantener desaparece, se vuelve pequeños destellos que ya no están, que
desaparecen y se mueren como la chispa que te impulsaba a seguir viviendo,
ignorando aquello, que te hunde en el abismo oscuro, que antes te atormentaba.
Y ahí, ahí ya no hay nada.
Tu pupila se abre y contempla un mundo tan feo como tú.
Te dices que no.
Que debes ignorar aquello que te empuja hacia abajo, no
quieres caer otra vez, piensas en lo que sufrirán y te preocupas más por ellos
que por curar aquellas cicatrices que están abriéndose poco a poco y escuecen
con cada lágrima salada que resbala. No entiendes que te ha llevado a desearte
lo malo, no sabes que te ha arrastrado a hacerte daño de nuevo, que es lo que
volvió a desencadenarlo.
Solo despiertas en un lugar que no te gusta y sabes que
te has engañado a ti misma.
No te quieres, es obvio que no lo haces, pero a veces
queda mejor hacerles ver que lo haces, te esfuerzas por seguir el hilo de la
sociedad, finges que estás bien, les dices con los ojos un silencioso e
invisible socorro, pero ellos solo observan esa sonrisa falsa y esa vitalidad
que te esfuerzas en crear para ellos.
Y te creen.
Creen una burda mentira que es falsa, completamente
falsa.
Y lloras de nuevo, sin entender que es lo que te afecta.
Y aquí, aquí ya no hay nada.
Solo ese mundo que no te gusta y en el que te obligas a
vivir.
Le sumes en tu oscuridad y lo abandonas.
Sabes que no está bien, pero es tu método de defensa,
quieres simplemente encontrar a alguien que comprenda tu caos y tu desorden
interior, quieres que alguien te entienda y acabas haciendo daño, tomas la
confianza necesaria para cortarle y clavarle el puñal, pero no para explicar
por qué.
Y lo sabes, y te duele, y ya no hay
nadie.
Y te encierras en ti misma.
Nadie tiene culpa de que tus piezas estén defectuosas,
que para un muelle no haya un soporte, que para el tornillo no haya
destornillador o quizás una pieza donde colocarlo. Ya no hay nada, no encajan,
y sabes que es tu culpa por no buscar soluciones prácticas que no sean celo y
tiritas para pegar.
Ya no tienes nada, solo aquella tristeza que no entiendes
que hace aquí.
Nadie
escucha las palabras que sueltas.
Y sabes que te evaporas, ya no quieres mirar a nadie, ya
no quieres verlos…
Y aquí, ahora, donde se supone que todo funciona y tú deberías estar bien, donde las luces chocaban
contra los cristales y rebotaban contra ti. Donde supuestamente la oscuridad no
te alcanza, donde nadie puede verte y donde estás a salvo.
En ese lugar en el que todos te apoyan.
Ya no hay nada.
...
Simplemente estás sola.
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