“¿Oyes
eso? Un sonido particularmente desagradable…
Eso, eso ha sido mi
corazón rompiéndose”
-Adry Sakamaki.
Y ese tic-tac cuenta los segundos que ha estado ahí.
El incesante sonido no deja de hacerse presente, se
manifiesta en dolor, apretándose un nudo en tu garganta, mientras silenciosas
lágrimas resbalan, se manifiesta en escozor, pica el pecho y pican tus ojos,
manifestándose también, se deja ver la indiferencia al mundo que la rodea.
Aunque mantiene los ojos abiertos y llenos de vacío
interior, se puede ver en ellos el gran dolor.
Arrastra por su cuerpo, una enorme cadena y unas finas
sogas, que se aprietan y se enlazan entre ellas, podrían perforar cualquier
cuerpo si ejercían presión, podían mutilar sin ningún problema o devoción.
Podrían acabarla, pero solo ejercían cierto tirón.
Se esfuerza por mantener en pie su vida, pero todo está
patas arriba.
Su corazón llora, llora lágrimas sangrientas y suplica
silenciosamente un final rápido. A esas alturas no había nada más fácil que
hundirse, la miseria rodeando y atascando su entorno, las brechas de pintura
negra que discurren por las paredes agrietada, las manchas de tristeza en cada
poro de su piel.
Oyes perfectamente como se está destrozando.
Muchos lo han visto, esos ojos sonrientes y que hablaban
por si solos. Muchos lo habían visto, las sonrisas eternas que portaba y como
poco a poco dejó de portarlas. Como se hundió en su miseria tratando de
convencerse de que era una vida con una mala época.
Como poco a poco sus ojos quedaron sin vida y su vida
quedó sin alma.
¿Oíste eso? Sí, ese era el sonido de su
corazón rompiéndose en más trozos irrecuperables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario