martes, 2 de junio de 2015

Llanto a los dioses

Complacía más mi gusto, el saber que tus cabellos no fueron hojas, extrañaba esa hermosura que se comparaba al cielo y me hizo cometer una locura.

¿Dónde quedaron tus mejillas carmesís y esos dulces ojos? ¿Dónde quedó tu rostro de rosa viva que enamoraba con solo contemplarlo en la lejanía? ¿Cómo podría hacer que vuelvas conmigo ahora? Más no soy capaz a olvidar tu cuerpo y esa hermosa cara que implantó la tristeza en mi alma.

¿Cómo eliminaré las ramas de tus brazos? Me gustaría poder cambiar esto que pasó, superar ese poder que condenó mi suerte y poder conseguir ver el paso del tiempo, más que tú no volvieses a tener otras rosas que no sean tus más humildes facciones.

Pequeñas flores crecían en tu rostro, un leñoso cuerpo que se endurecía al paso del río. Yo no deseo esto, clemencia ante mi deseo.

¿Por qué cuanto más te lloro más creces y más te alejas de aquella mujer que un día fuiste?

¿Podré recuperar esas largas melenas? Me gustaría comprobar de nuevo, ese fino cuerpo que aún no me ha hecho quedar satisfecho.

Quiero que este mal de ojo, ya se vaya. Que las hojas marchitas ya no caigan. Regaré tus raices hasta que vuelvas, pido clemencia para que regreses y conmigo amanecieses...

Que aunque el sol brillase en tus frondosas ramas, preferiría ver tu sonrisa iluminando mi cara bajo la desenfocante luz de fuego...

Por favor, se esa mujer que etérea no se desvanece, quédate conmigo deja que te escoja a ti entre todas. Yo con otra no podría gastar mi tiempo, que aunque pasa lento yo no tengo tiempo, que yo solo quiero desposarte como si fueses un cielo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario