lunes, 11 de agosto de 2014

Profesor.

-Siento muchísimo ser como soy, pero me temo que no soy la persona a la que buscas, no soy para nada el ideal que siempre has tenido en mente. No soy alta, mido catorce centímetros menos que tú, soy una enana bajita que ni siquiera te alcanza de puntillas, no tengo el cabello liso, por lo que tú no puedes acariciarlo, mi cabello es tan rizo y lleno de nudos que cualquiera se irritaría al tratar de pasar tus dedos en él, no tengo una figura bonita, es más, la siento irregular, tengo pecho y caderas increíblemente exageradas, enormes, que acomplejan mi ser cada vez más, por no hablar de mis piernas pequeñas y gordas, y mi barriga enorme, no soy para nada delgada, mis ojos son fríos contigo y además en conversaciones serias donde debería mostrar indiferencia me traicionan y se vuelven demasiado visibles, casi es como si fueras capaz de ver a través de mí, no soy gentil, soy demasiado bruta y hablo con fiereza, tratándote como si fuera igual que yo. No soy capaz a mirarte a la cara sin poner una expresión cínica o demasiado amorosa, soy bipolar, a veces me muestro cariñosa y amable, siendo celosa muchas veces y otras, simplemente te miro como si quisiera matarte, no soy para nada educada, no saludo a los que me saludan por el hecho de que no sé quiénes son, contesto mal en tus clases y te frunzo el ceño si me dejas quedar mal, me duermo, te chillo, te dejo quedar mal frente a la clase y por encima desobedezco tus ordenes cuando me pides que sea un poco más tranquila, te cuelgo el teléfono en arranques de celos que son malentendidos y te digo que te odio si la situación no va a mi favor, me pongo tonta en cualquier situación y no razono, para empezar, ni siquiera sé qué demonios hago hablándote así, soy una molestia para ti, profesor, cuando te dije que me gustabas y tú me correspondiste me volví inmadura, cuando te dije que podría afrontar todo esto con una sonrisa y soportaría que otras zorras enamoradas que se hacen llamar tus alumnas te mirasen, odiando que te manden mensajes, que se te confiesen, que te miren como si fueras un trozo de carne, ¡no sabes cuánto me enfurece eso! Y lo peor es que, si sigo así… ¡TE ALEJARÁS DE MI! ¡Y YO NO QUIERO ESO!

Me deje caer en el suelo y comencé a sollozar fuerte. En efecto, tengo 16 años y me enamoré de mi profesor de ciencias hace dos cuando lo vi por el pasillo, él en cambio, tiene 25 años, jovencito, con un rostro de niño inofensivo que dice, “soy un universitario”, lo contrario a mí, maduro y responsable de sus actos.

El profesor Sánchez y yo nos llevamos nueve años y aun así, solo he sido capaz a causarle más problemas que tener que ocultarlo, el vernos y sobre todo, mis ataques de celos y furia, nunca he sido capaz a actuar dulce cuando se trata de él, me consumen los celos y me dejo llevar fácilmente, haciendo comentarios horribles que lo hieren y sin embargo, soy tan egoísta que no aflojo mi mano de su chaqueta para dejarlo ir, siempre me aferro a él y continuo haciéndole daño. ¡Soy una persona horrible!

Sus grandes manos acarician mi cabello dulcemente mientras sigo llorando
.
-¡Soy una persona horrible!- le digo aun entre lágrimas desesperadas –Deberías irte y dejarme, y-yo siempre te traigo problemas-

Un suspiro de cansancio sale de sus labios. -¿Es lo que tú quieres?- me pregunta –Si es lo que tú quieres con todo tu corazón, mírame a los ojos y dímelo, me iré. Pero, si lo dices por mí, me molestaré tanto que te besaré hasta que se te acabe el aire o la cordura.

-P-pe-pero…-

-Señorita dormilona, todas las relaciones llevan su tiempo, llevan sus momentos difíciles, sus momentos buenos, siempre hay algún bache por el camino, lo sabes, nuestra relación es complicada, va contra la ley, pero… no puedo evitar quererte, Malena, eres lo único que tengo en estos momentos y no quiero alejarme… así que, ¡no decidas por mí que es lo que me conviene y que es lo ideal para mí! Porque… si yo tengo que elegir qué es lo ideal para mí, claramente serías tú, Malena, así que, no vuelvas a hablar mal de la chica a la que amo, porque ella es perfecta tal y como es, y para nada es horrible o gorda. Me gusta todo de ella, ¿bien?

Mis lágrimas salen aún más deprisa, ¿cómo algo tan cursi puede llegar a sonarme bonito? Mi corazón siente algo extraño, no es un simple aleteo de mariposas, no es un cosquilleo, está bailando y saltando, está incontrolado, no puedo pedir que se pare, siento como bombea la sangre y se concentra cada vez más en mis mejillas, y mis ojos tampoco se detienen, soy feliz de poder estar con él, soy feliz de que él corresponda mis sentimientos…

-Y ahora, Malena… ¿me harías el honor de levantarte y acudir a nuestra cita de aniversario?-

-¿Yo soy la indicada?- pregunto mientras mi mano duda de si cogerla o no, a pesar de ser feliz, necesito escucharlo de sus labios, necesito que me diga que me ama, necesito desesperadamente no sentirme tan estúpida.

-No puedes preguntar eso… por supuesto que amo a Malena, la amo con todo mi corazón, es mi joven estudiante y dormilona…

Y entre lágrimas puedo jurar que sale una sonrisa… porque, soy celosa, un defecto andante, bipolar, lo que sea… pero estoy contenta de que mi profesor sienta igual que yo…

-Bueno, mademoiselle, es hora de caminar a nuestro nido de amor.


-Suenas como un viejo…- y aunque oscilo entre ser o no perfecta para él, no puedo evitar no aferrarme a él… 

Porque simplemente, amo a mi profesor.

martes, 5 de agosto de 2014

Mi motivo de vida.

-¿No te parecería triste?- suena su voz con cierto aire nostálgico, invadiendo aquel pequeño espacio haciéndolo acogedor a sentimientos dulces. –A mí sí. Me entristecería demasiado pensar que no tengo una razón de vivir, tú simplemente estás ahí sentada lloriqueando como si fueras una niña de dos años llorando por un juguete, diciendo que no tienes nada de valor y que ni siquiera tienes un motivo en esta vida. Pero lo tienes- su sonrisa se vuelve tan dulce que consigue hacer que mi corazón salte levemente y bombee más rápido si es posible. –No sé qué  demonios ha pasado para que de la nada creas que no tienes un valor especial, pero… aunque para ti sea importante, yo opino que no es grave a mi manera, tu puedes superar lo que quieras, así eres tú, una chica fuerte que puede hacer lo que se proponga, capaz de tirar a todo aquel inútil que la tire al suelo, esa que tiene un motivo por el que vivir y seguir respirando, aunque grites, patalees y llores, mi opinión sobre ti no va a cambiar, tu tienes algo que nadie más tiene, si de veras consideras que no tienes un motivo, yo te conseguiré uno.

Las lágrimas seguían discurriendo por mis mejillas, a pesar de que no podía calmarlas, las dulces palabras de preocupación de Daniel hacían que mi corazón saltase de alegría, siempre había querido a alguien que me apreciase por mi misma, por eso me aferre a él, egoístamente tome su mano y me agarre a él, como una ostra, no deje que nadie me separase de mi lugar, fui injusta con él y aun así, sigue a mi lado, aunque sea como amigos, soporta mis fallos, mis llantos, mis estupideces, es por eso que aún no soy capaz de decirle “te amo”, cuando veo como todos lo rodean me siento alejada, ni siquiera soy linda como para que él se fije en mí, vamos a ver, es esa clase de persona que dices que es totalmente perfecta, un uno por ciento diferente al resto de los hombres del planeta. ¿Cómo voy a compararme a tal nivel?

-Yo… no sé qué hacer conmigo- respondo. –Ni siquiera sé que quieres decir con eso…

-Tu eres mi motivo, tu deberías poder hacer algo, te quiero conmigo, quiero estar contigo, a tu lado, encuentra tu motivo en mí, no te das cuenta nunca, haga lo que haga y diga lo que diga, tu nunca te das cuenta de que mis sonrisas son por ti, pareces infeliz cuando piensas que eres insignificante y que no tienes razón de ser, pero… mi única razón de ser eres tú. ¡Quiero convertirme en el motivo de tu existencia! 

Ahora que lo pienso, siempre he tenido miedo a escuchar incluso su confesión de amor, si es que no eran solo fantasías mías, me siento siempre tan inútil que no puedo pensar que todo saldrá bien, siempre que fantaseaba con salir con él y tomar su mano mientras caminamos, algún pensamiento pesimista se cernía en mi mente, es horrible el solo pensar en ello, por eso temía que, si él sentía lo mismo, yo haría algo y lo arruinaría y entonces sucedió esto, una chica de primer año se le declara y entonces yo, huyo y lloró. ¿Así es como soluciono las cosas? ¿Cómo alguien como él se fijaría en mí? ¡Debe de ser una broma de mal gusto!

-No hagas estas cosas por mí, por favor… yo, no quiero lastima.

-Me ofendes Mel- su voz suena algo indignada -¿Crees que estoy jugando con tus sentimientos? ¿Me tienes por esa clase de chico? Melanie, no busco hacerte daño, quiero protegerte de todos tus temores.

-N-no creo que seas así… pero… no puedes… no soy lo suficiente para ti…

-Eso lo decidiré yo…- sus manos limpiaron mis silenciosas lagrimas con delicadeza apartando con calma cada una de ellas y dejándome limpia, suerte que no usaba maquillaje. –Yo decidiré si eres suficiente. No decidas por mí, ¿o es que no te gusto?

Mis mejillas se tiñen de rojo, ¿cómo me hace decir algo así? –N-n-no he dicho eso, es solo que…

-¿Solo qué?-

-M-me gu-gu-gust-gusta-tas mucho y yo…

-¿Tu?

-Tengo miedo.

-Está bien tener miedo, el miedo nos hace humanos.

-Siempre dices cosas tan filosóficas…- me avergüenza no poder ser más decidida.

-¿Sabes?-

-¿Qu…- no puedo terminar, sus labios están sobre los míos, son cálidos y acarician los míos en una danza lenta, encajan bien y hace que mi corazón se acelere.

-Te quiero… solo a ti, no a otra- aún está demasiado cerca de mis labios, y con mi asentimiento tímido, vuelve a besarme con dulzura y sentimiento. Es un beso suave y delicioso, no uno voraz, algo que me hace sentir mejor de lo que me esperaba.

Por una vez… creo que no debo tener miedo, aunque estoy aterrorizada, al menos sé que él me quiere, que no se irá con otra. Además, creo que, quiero convertirme en el motivo de vivir de Daniel, quiero ser yo la que lo haga feliz, creo que, ese motivo, es el que estaba buscando desde hace tiempo atrás.

domingo, 3 de agosto de 2014

No te vayas

Siento que, si te toco, desaparecerás en cualquier momento, que si estiro mi brazo un poco más para tomar tu mano, simplemente te irás… me dejarás. Cuando el reloj marca la hora, veo avanzar el tiempo y cuanto más pienso, siento que te alejarás, te irás, y simplemente no puedo soportar pensar más. Siento que con cada subida y con cada bajada de la marea caminarás más lejos de mí, donde ya no pueda alcanzarte. 

Cada paso que das, siento que estas incluso más lejos. No quiero que simplemente te vayas de mi lado, quiero que podamos caminar juntos, a casa, a donde haga falta, ni siquiera me importa el lugar, solo que vayamos juntos, si me paro de nuevo, es que simplemente no puedo, siento necesario asegurarme de que te tengo al lado…

No sé expresarme con palabras, pues tengo miedo de que te vayas. No diré más veces que te amo, no podré besarte como hacía antaño, te lo estoy pidiendo con el corazón en la mano, no te vayas ahora, no me dejes nunca.

sábado, 2 de agosto de 2014

Miedo

Tengo miedo, miedo de todo, miedo de cualquier cosa que pueda alejarme de ti, miedo a que todos me miren y digan que no soy suficiente simplemente porque no soy igual que tú, linda, popular, con la mejor sonrisa, sociable y agradable.

Tengo miedo de que acabes alejándote porque ya no puedes soportar mi estúpida y estirada forma de ser, simplemente me imagino un mundo estúpido y extraño en el que tú te irás de mi lado y sencillamente ya no podré caminar a tu lado en las noches, ya no tendré a quien aferrarme cuando todo se me caiga encima, ya nadie me cogerá la mano y me protegerá, nadie escuchara lo que mis  demonios internos dicen y ya no podré simplemente agarrarte de la mano y gritar fuerte que te quiero.

Y mierda, simplemente mierda, no puedo evitar sentirme tan aferrada a ti, no quiero simplemente ver y no poder hacer nada para que no te vayas, quiero que te quedes conmigo, quiero poder no sentir miedo.

Pero siempre que te tengo a mi lado, lo siento. Siento completamente este sentimiento. Tengo miedo, miedo de perderte, no te vayas hoy, quédate por siempre. 

viernes, 1 de agosto de 2014

Totalmente mío

-Eh- me da con la bolsa del almuerzo en la cabeza, mis mejillas se tiñen de rojo, aun no estoy acostumbrada a esto…
-Uh… gracias- acepto la comida y veo como Castiel se sienta a mi lado.
¿Cuándo ha sido que hemos comenzado a salir? No recuerdo mucho exactamente, solo sé que, cuando su ex regreso de improvisto, sentí que la rabia me consumía totalmente, y entonces le besé, cuando Debra, la zor… digo la maja de su ex novia, se fue, pude darme cuenta de que quería estar con Castiel, comer con él, besarle de nuevo, tomar su mano otra vez, pasar mis momentos con él y conocer toda clase de cosas de él. Puede que en ese entonces haya acabado “saliendo” con Castiel sin haberme enterado… pero es que él es tan opuesto a mí… es callado, frío, malhumorado, bromista, una persona demasiado difícil de leer… aun no lo entiendo del todo, pero…  quisiera llegar a hacerlo.
-¿qué haces?- la voz de él me llama, me giro a verlo a la cara tiene su semblante serio. ¡Oh, no! ¿Acaso he hecho que se enfade? -¿Por qué no comes?- Siempre suena frío, pero esta vez acabo de notar un pequeño deje de preocupación.
-Oh… nada, pensaba en cuando fue, que empecé a ser tan cercana con Castiel…- hable como si él no estuviese presente, lo hacía siempre que me resultaba incómodo.
-¿Qué quieres decir?- me pregunto mirándome con la ceja izquierda alzada.
-Oh, bueno, ya sabes… Cuando empezamos a irnos a casa juntos, cuando comenzaste a tomar mi mano, cuando comenzamos a almorzar juntos… estaba preguntándome cuando empezó todo esto.
Saco una sonrisa divertida y eso me hizo preocuparme, ¿¡Castiel sonriendo!? ¿¡Es el fin del mundo!?
-Cuando me dijiste que estabas total e incondicionalmente enamorada de mí.
Me quede un momento procesando esas palabras, hasta que finalmente mi mente las encajó del todo, haciendo que mi rubor se extendiese hasta el cuello, ¡mierda! ¡Había perdido ante él!
-Y-y-yyy-yo, no he dicho nada de eso- intente calmarme, pero las palabras aun temblaban al salir de mis labios.
-¿Ah, no?- se acerco a mi hasta colocarse a la altura de mi cara, por supuesto que era más alto que yo, incluso sentado, pero ese no es el caso, el caso es que está demasiado cerca. –Yo creo que sí, que me confesaste que te gustaba un chico y que él debía estar cabreado contigo- Oh, sí, claro que lo estabas, pensé –Y que además, no podías parar de pensar en él, luego me llamaste idiota, pero lo compensaré porque no besas tan mal como me esperaba.
-¡Idiota!- me quejé totalmente ruborizada. –Podría devolverte la jugada, ¿sabes?-
-No lo harás- me responde con una sonrisa pequeña, que aunque sea pequeña, me hace querer atesorar cada minuto con Castiel, aunque se meta conmigo…
-¿En serio? ¿cómo estás tan…- Ni siquiera me dio tiempo a terminar la frase, los labios de Castiel silenciaron mis palabras, y aunque quisiera seguir quejándome, no podía evitar pensar en lo bien que se sentía tenerle a mi lado en momentos como este.
Tras separarnos un poco, pude sentir mi corazón acelerarse más, las emociones se me descontrolaban cuando Castiel estaba cerca.
-Cambiando de tema- Castiel se alejó un poco. -¿Qué piensas tú sobre la obra de teatro?- pregunto.
-Oh, es un poco infantil para alumnos de instituto… “caperucita roja”… bueno, en fin, de todos modos no sé porque no me sorprende, todos estaban conmocionados porque los protagonistas de la otra obra tendrían que besarse…-
-¿No te importaría hacer esa obra?-                                                               
-Se supone que solo es actuar, además, sería un piquito de nada, se supone que si yo soy la protagonista sería la bella durmiente, y estaría dormida, no correspondería ese beso…
-No podría aceptarlo- me respondió. –No dejaré que nadie bese algo que es mío.
-¡No me trates como a un objeto, idiota!- Aunque diga eso, siento que, se preocupa por mí más de lo que pienso, y que esa reacción solo son celos.
-Solo eres mía. ¿Ok?-
No respondo y doy un bocado a mi sándwich, a veces es mejor no decir nada cuando no tienes nada que decir, mejor no malgastar pensamientos en algo que él mismo arreglará. De nuevo siento sus labios, pero en mi frente.
-No sé qué me deparará mañana en el escenario…- comienza él.
-Ni que te fueras a morir…- respondo al ver su melodrama.
-Ya ves… pero, por alguna razón, quiero comerte allí mismo…
-¡CÁLLATE, PERVERTIDO IDIOTA!- Respondo absolutamente roja.
-Ya que soy el lobo feroz y tu caperucita puedo aprovechar…- dice con una cara graciosa, que aunque no lo creáis hasta a mí me hace reír.
-¡¿Delante de todos?!
-¿Qué hay de malo en ello?
-Simplemente eres idiota-
-Mejor que ser una tabla de planchar…
-¡Deja mis pechos en paz! ¡Estoy en pleno desarrollo!-
Vuelve a mirarme de arriba abajo y sonríe. –Ni de broma, no hay caso.
-¡Qué te den, pervertido!- Aunque mis mejillas se tiñan de rojo, me moleste con él, le gire la cara y él se meta conmigo, quiero a Castiel sobre todas las cosas… lo quiero demasiado, hasta el punto de que, simplemente no puedo evitar el hecho de no querer aferrarme a esto durante mucho tiempo, porque… cuando me mira, siento que es el único que puede conseguir que mi corazón lata a esta velocidad.

Por eso, espera y verás Castiel, haré que tu corazón lata aún más rápido que el mío. Espera y prepárate… vas a ser totalmente mío.

Te espero.

Enmarque las palabras que habías dicho en un cuadro vacío, empapele mis sentimientos en un cuaderno que simplemente no estaba escrito, deje caer mis cosas como si no fuese gran cosa, mientras el mundo se derrumbaba bajo mi cara, solo deje que todo se fuese de mi alcance, me dolía el corazón, se apretujaba en su caja estrecha, incluso ahora siento algo que me oprime el pecho, ¿cuál es está sensación?

La nostalgia se cernía en mis ojos, tratando de ser ocultada, pero las lágrimas simplemente se derramaban… escribí todo en mi libreta, pero siempre que la abro estaba simplemente en blanco. ¿Dónde quedaron mis palabras teñidas de amor? ¿Dónde quedaron mis sentimientos que gritaban con horror?

Tanto te echo de menos, que ni siquiera sé que tendría que hacer en estos momentos, mis manos pasaban las páginas, pero hacia atrás, ¿por qué no puedo pasarlas hacia delante? No puedo avanzar, estancada me he quedado de nuevo… en mis recuerdos, en nuestras historias, en nuestros besos, simplemente enmarcando las caricias, sin siquiera pensar en dejarte ir…

Simplemente estoy cegada, estoy cegada por ti, cuando pienso en solamente dejarte ir, mi cuerpo se estremece de dolor aferrándose al egoísmo de mantenerte a mi lado a pesar de tus quejas, ¡quiero que solo seas mío! Los celos me consumen, simplemente no puedo mantenerme quieta y negar lo que siento.

No quiero que te alejes, no quiero que me dejes, simplemente abrázame hasta que llore de alegría, quédate hasta que me salgan arrugas y pueda darte mi vida, no dejes que marchite sola, porque hoy necesito recordarte que te quiero.

Un simple día como hoy, hace un año, me dijiste que me querías, mi cara enrojeció, mi boca simplemente expiró y mis lágrimas se escaparon alegres de mis ojos, simplemente sin creerlo pude besarte de nuevo…


Y en estos momentos, te espero. Espero en nuestro lugar, simplemente deseando verte de nuevo. ¡Siento la nostalgia! Se oprime en mi pecho, pero simplemente espero, espero a que regreses, a que vuelvas a mi lado, deseándote suerte en tu viaje, esperaré tu regreso, te esperaré. Porque aunque sea poco tiempo, yo te echo de menos. 

Confesiones Nocturnas 2.

Creo que lo recuerdo como si hubiese sido ayer...

Como si los rayos del sol me hubiesen chocado de esa forma hoy, como si mis nervios siguiesen tan espontáneos justo ahora, es como si todas mis emociones se hubiesen juntado justo como aquel día. Incluso tengo constancia de lo mucho que me trastocaron tus mensajes y tus sonrisas inesperadas, tus buenos días, nuestros encuentros inesperados planeados por ti… ¿quién en su sano juicio no se daría cuenta de lo que viene a continuación? Por supuesto que yo, yo no me daría cuenta de nada… ¡Qué patético me resulta ahora!

Cuando me cogiste y me abrazaste me sentí extraña, tus manos no sobrepasaban mi trasero y por una vez, sentí un cosquilleo de nervios recorrerme el estómago, cuando me dijiste que querías de mí, mi cuerpo enmudeció, estremeciéndose de dolor, quizás no me esperaba nada eso, pero… cuando te veo bien, pienso que estabas lindo.

Incluso en estos instantes sé que me utilizaste, que solo fui un juguete, que mis sentimientos no importaban demasiado si se trataba de amor, siempre fui la segunda, quizás la otra, pero… yo también te utilice para lo que me convenía, ojala pudiera ser mejor persona y poder confesarte realmente que no era mi intención, que realmente yo no sentía amor, que solo me consumía el deseo de sentirme mejor, mejor conmigo, mejor con todos.

Cuando estaba contigo, mi confianza se elevaba, claro estaba, eras uno de los chicos más llamativos de todo el instituto y que estuvieras conmigo, hacía que mi cuerpo saltase de alegría, solo por el hecho de que, quizás, tan solo quizás, no fuese un cardo malayo.

Ahora, justo ahora, me siento en mi cama entre lágrimas, sintiéndome realmente mala, ¿Cómo puede ser cierto? Quiero decir, ¿cómo demonios me siento así luego de tanto tiempo ignorándote a ti y a tus idioteces? ¿Cómo sigo dándole vueltas al asunto cuando ya ha sido superado? ¿Es por qué mis temores han vuelto? ¿Por qué mis complejos me están atacando de nuevo?

Ojala encontrará un motivo… uno simple, y ojala tuviese fuerza, fuerza para suplicarte perdón, perdón por mi egoísmo.