martes, 5 de agosto de 2014

Mi motivo de vida.

-¿No te parecería triste?- suena su voz con cierto aire nostálgico, invadiendo aquel pequeño espacio haciéndolo acogedor a sentimientos dulces. –A mí sí. Me entristecería demasiado pensar que no tengo una razón de vivir, tú simplemente estás ahí sentada lloriqueando como si fueras una niña de dos años llorando por un juguete, diciendo que no tienes nada de valor y que ni siquiera tienes un motivo en esta vida. Pero lo tienes- su sonrisa se vuelve tan dulce que consigue hacer que mi corazón salte levemente y bombee más rápido si es posible. –No sé qué  demonios ha pasado para que de la nada creas que no tienes un valor especial, pero… aunque para ti sea importante, yo opino que no es grave a mi manera, tu puedes superar lo que quieras, así eres tú, una chica fuerte que puede hacer lo que se proponga, capaz de tirar a todo aquel inútil que la tire al suelo, esa que tiene un motivo por el que vivir y seguir respirando, aunque grites, patalees y llores, mi opinión sobre ti no va a cambiar, tu tienes algo que nadie más tiene, si de veras consideras que no tienes un motivo, yo te conseguiré uno.

Las lágrimas seguían discurriendo por mis mejillas, a pesar de que no podía calmarlas, las dulces palabras de preocupación de Daniel hacían que mi corazón saltase de alegría, siempre había querido a alguien que me apreciase por mi misma, por eso me aferre a él, egoístamente tome su mano y me agarre a él, como una ostra, no deje que nadie me separase de mi lugar, fui injusta con él y aun así, sigue a mi lado, aunque sea como amigos, soporta mis fallos, mis llantos, mis estupideces, es por eso que aún no soy capaz de decirle “te amo”, cuando veo como todos lo rodean me siento alejada, ni siquiera soy linda como para que él se fije en mí, vamos a ver, es esa clase de persona que dices que es totalmente perfecta, un uno por ciento diferente al resto de los hombres del planeta. ¿Cómo voy a compararme a tal nivel?

-Yo… no sé qué hacer conmigo- respondo. –Ni siquiera sé que quieres decir con eso…

-Tu eres mi motivo, tu deberías poder hacer algo, te quiero conmigo, quiero estar contigo, a tu lado, encuentra tu motivo en mí, no te das cuenta nunca, haga lo que haga y diga lo que diga, tu nunca te das cuenta de que mis sonrisas son por ti, pareces infeliz cuando piensas que eres insignificante y que no tienes razón de ser, pero… mi única razón de ser eres tú. ¡Quiero convertirme en el motivo de tu existencia! 

Ahora que lo pienso, siempre he tenido miedo a escuchar incluso su confesión de amor, si es que no eran solo fantasías mías, me siento siempre tan inútil que no puedo pensar que todo saldrá bien, siempre que fantaseaba con salir con él y tomar su mano mientras caminamos, algún pensamiento pesimista se cernía en mi mente, es horrible el solo pensar en ello, por eso temía que, si él sentía lo mismo, yo haría algo y lo arruinaría y entonces sucedió esto, una chica de primer año se le declara y entonces yo, huyo y lloró. ¿Así es como soluciono las cosas? ¿Cómo alguien como él se fijaría en mí? ¡Debe de ser una broma de mal gusto!

-No hagas estas cosas por mí, por favor… yo, no quiero lastima.

-Me ofendes Mel- su voz suena algo indignada -¿Crees que estoy jugando con tus sentimientos? ¿Me tienes por esa clase de chico? Melanie, no busco hacerte daño, quiero protegerte de todos tus temores.

-N-no creo que seas así… pero… no puedes… no soy lo suficiente para ti…

-Eso lo decidiré yo…- sus manos limpiaron mis silenciosas lagrimas con delicadeza apartando con calma cada una de ellas y dejándome limpia, suerte que no usaba maquillaje. –Yo decidiré si eres suficiente. No decidas por mí, ¿o es que no te gusto?

Mis mejillas se tiñen de rojo, ¿cómo me hace decir algo así? –N-n-no he dicho eso, es solo que…

-¿Solo qué?-

-M-me gu-gu-gust-gusta-tas mucho y yo…

-¿Tu?

-Tengo miedo.

-Está bien tener miedo, el miedo nos hace humanos.

-Siempre dices cosas tan filosóficas…- me avergüenza no poder ser más decidida.

-¿Sabes?-

-¿Qu…- no puedo terminar, sus labios están sobre los míos, son cálidos y acarician los míos en una danza lenta, encajan bien y hace que mi corazón se acelere.

-Te quiero… solo a ti, no a otra- aún está demasiado cerca de mis labios, y con mi asentimiento tímido, vuelve a besarme con dulzura y sentimiento. Es un beso suave y delicioso, no uno voraz, algo que me hace sentir mejor de lo que me esperaba.

Por una vez… creo que no debo tener miedo, aunque estoy aterrorizada, al menos sé que él me quiere, que no se irá con otra. Además, creo que, quiero convertirme en el motivo de vivir de Daniel, quiero ser yo la que lo haga feliz, creo que, ese motivo, es el que estaba buscando desde hace tiempo atrás.

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