-Siento
muchísimo ser como soy, pero me temo que no soy la persona a la que buscas, no
soy para nada el ideal que siempre has tenido en mente. No soy alta, mido
catorce centímetros menos que tú, soy una enana bajita que ni siquiera te
alcanza de puntillas, no tengo el cabello liso, por lo que tú no puedes
acariciarlo, mi cabello es tan rizo y lleno de nudos que cualquiera se
irritaría al tratar de pasar tus dedos en él, no tengo una figura bonita, es
más, la siento irregular, tengo pecho y caderas increíblemente exageradas,
enormes, que acomplejan mi ser cada vez más, por no hablar de mis piernas
pequeñas y gordas, y mi barriga enorme, no soy para nada delgada, mis ojos son
fríos contigo y además en conversaciones serias donde debería mostrar
indiferencia me traicionan y se vuelven demasiado visibles, casi es como si
fueras capaz de ver a través de mí, no soy gentil, soy demasiado bruta y hablo
con fiereza, tratándote como si fuera igual que yo. No soy capaz a mirarte a la
cara sin poner una expresión cínica o demasiado amorosa, soy bipolar, a veces
me muestro cariñosa y amable, siendo celosa muchas veces y otras, simplemente
te miro como si quisiera matarte, no soy para nada educada, no saludo a los que
me saludan por el hecho de que no sé quiénes son, contesto mal en tus clases y
te frunzo el ceño si me dejas quedar mal, me duermo, te chillo, te dejo quedar
mal frente a la clase y por encima desobedezco tus ordenes cuando me pides que
sea un poco más tranquila, te cuelgo el teléfono en arranques de celos que son
malentendidos y te digo que te odio si la situación no va a mi favor, me pongo
tonta en cualquier situación y no razono, para empezar, ni siquiera sé qué
demonios hago hablándote así, soy una molestia para ti, profesor, cuando te
dije que me gustabas y tú me correspondiste me volví inmadura, cuando te dije
que podría afrontar todo esto con una sonrisa y soportaría que otras zorras
enamoradas que se hacen llamar tus alumnas te mirasen, odiando que te manden
mensajes, que se te confiesen, que te miren como si fueras un trozo de carne,
¡no sabes cuánto me enfurece eso! Y lo peor es que, si sigo así… ¡TE ALEJARÁS
DE MI! ¡Y YO NO QUIERO ESO!
Me deje caer
en el suelo y comencé a sollozar fuerte. En efecto, tengo 16 años y me enamoré
de mi profesor de ciencias hace dos cuando lo vi por el pasillo, él en cambio,
tiene 25 años, jovencito, con un rostro de niño inofensivo que dice, “soy un
universitario”, lo contrario a mí, maduro y responsable de sus actos.
El profesor
Sánchez y yo nos llevamos nueve años y aun así, solo he sido capaz a causarle
más problemas que tener que ocultarlo, el vernos y sobre todo, mis ataques de
celos y furia, nunca he sido capaz a actuar dulce cuando se trata de él, me
consumen los celos y me dejo llevar fácilmente, haciendo comentarios horribles
que lo hieren y sin embargo, soy tan egoísta que no aflojo mi mano de su
chaqueta para dejarlo ir, siempre me aferro a él y continuo haciéndole daño.
¡Soy una persona horrible!
Sus grandes
manos acarician mi cabello dulcemente mientras sigo llorando
.
-¡Soy una
persona horrible!- le digo aun entre lágrimas desesperadas –Deberías irte y
dejarme, y-yo siempre te traigo problemas-
Un suspiro de
cansancio sale de sus labios. -¿Es lo que tú quieres?- me pregunta –Si es lo que
tú quieres con todo tu corazón, mírame a los ojos y dímelo, me iré. Pero, si lo
dices por mí, me molestaré tanto que te besaré hasta que se te acabe el aire o
la cordura.
-P-pe-pero…-
-Señorita
dormilona, todas las relaciones llevan su tiempo, llevan sus momentos difíciles,
sus momentos buenos, siempre hay algún bache por el camino, lo sabes, nuestra
relación es complicada, va contra la ley, pero… no puedo evitar quererte,
Malena, eres lo único que tengo en estos momentos y no quiero alejarme… así
que, ¡no decidas por mí que es lo que me conviene y que es lo ideal para mí!
Porque… si yo tengo que elegir qué es lo ideal para mí, claramente serías tú,
Malena, así que, no vuelvas a hablar mal de la chica a la que amo, porque ella
es perfecta tal y como es, y para nada es horrible o gorda. Me gusta todo de
ella, ¿bien?
Mis lágrimas
salen aún más deprisa, ¿cómo algo tan cursi puede llegar a sonarme bonito? Mi
corazón siente algo extraño, no es un simple aleteo de mariposas, no es un
cosquilleo, está bailando y saltando, está incontrolado, no puedo pedir que se
pare, siento como bombea la sangre y se concentra cada vez más en mis mejillas,
y mis ojos tampoco se detienen, soy feliz de poder estar con él, soy feliz de
que él corresponda mis sentimientos…
-Y ahora,
Malena… ¿me harías el honor de levantarte y acudir a nuestra cita de
aniversario?-
-¿Yo soy la
indicada?- pregunto mientras mi mano duda de si cogerla o no, a pesar de ser
feliz, necesito escucharlo de sus labios, necesito que me diga que me ama,
necesito desesperadamente no sentirme tan estúpida.
-No puedes
preguntar eso… por supuesto que amo a Malena, la amo con todo mi corazón, es mi
joven estudiante y dormilona…
Y entre
lágrimas puedo jurar que sale una sonrisa… porque, soy celosa, un defecto
andante, bipolar, lo que sea… pero estoy contenta de que mi profesor sienta
igual que yo…
-Bueno, mademoiselle, es hora de caminar a nuestro nido de
amor.
-Suenas como
un viejo…- y aunque oscilo entre ser o no perfecta para él, no puedo evitar no
aferrarme a él…
Porque simplemente, amo a mi profesor.
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