sábado, 29 de septiembre de 2018

Libre







Gruñe mi alma, mis penas y mi manada de emociones, entre todo el gentío de mis temores, gruñe como animal salvaje tratando de escapar de su enlace.


Como libertad general, se expresaba, para que alguien la atrapara, que sus gritos no quedasen en aire y la atmósfera la engullese al fondo de su arrojo.


Era como si fuese márfil, duramente amaestrado, pulido y bien cuidado, romperse era en vano, alguien podría reconstruírlo en un futuro angosto muy lejano, alguien podría reconocerla de entre todos esos efímeros momentos.


Cada persona que la atase, con cuerdas finas y cortantes, se acordaría de su aplomo, pero alguien la reconocería de entre todos. La encontraría, entre aquel mar de preguntas y dudas, la entendería en su rebeldía, la haría volar sin alas y correr sin zancadas.


Excepticámente hablado, sin tacto melifluo en somantas, la gente la alejaba, pero estaba claro... la entenderían, alguien llegaría, la soledad se iría, una hermosa caballero del infierno la emergería, de su tristeza la retiraría, porque el cielo a veces es peor que el infierno, el infierno a veces está pintado de azul cielo.


Ellas se irían, de la mano con certidumbre lo afrontarían. No estaba sola, su amante la ayudaría.  De este mundo cruel, la remitiría. Al paríso perdido, ellas serían libres. Tan libres y sin alas, que la gente comenzaría a seguirlas.

Deceso






Grita.


El nudo que se ataba, afloja,
te esfuerzas en arreglarlo, lo destrozas,
¿no te has dado cuenta?
Tú nos destrozas.



Lloras.



¿Ahora?
Pero aquí se agota,
Tus pulmones se atoran,
Las frutas maduran, creo que te toca.





Tiras.



Pero no hay forma,
yo ya puse mis normas,
¿te trastoca?
Pues cómete tus putas equivocaciones,

Solo déjalo marchar.


Vive.



Como hago yo cuando pensé que ibas a morirte,
Aunque pienses que estoy loca,
Revive y haz una nueva gruesa estrofa,
Lejos de mí, dejalo ir.



Muere.



Ya no te mojarás,
No te abandonarán.
 No fluirás,
Pero al menos, me dejarás en paz.

Como si no hubiese un mañana










Que entre el albor y nuestro amor, se fundían mil palabras entre tus finas y delicadas sábanas, donde no cabían besos suficientes, y donde se escapaba nuestra canción de céfiro azul calma, se desataba. 



Allí, inalcanzable el abismo del infierno, donde paraísos se alzaban entre tus orbes, derretido el iceberg más grande con tu calor, se desprendía el linaje de nuestras almas.



Con tanta fina y delicada pasión, nacida en el seo de nuestra humilde facción, se destapan las yute de nuestro amor. 



Incalmable el sonido de mi corazón, se alzan finas cartas invisibles de amor, con tantas caricias, no puedo parar, solo ámame como si hubiésemos tenido una vez más.



Mañana no existe, rugen mis pulmones, mis gritos silenciosos arañan tus sentidos, tus ojos se cierran y solo recuerdas. Como si no hubiese un mañana, porque podría no haber un mañana... 


Que chillan mis cabellos, alborotados y alocados mi mundo se atrapa entre tus labios encautadores, oh cariño, conseguirías que me encerrasen por mil delitos, oh cariño, lo daría todo por una vez más contigo.


Que contigo no se acaba ni se estira, todo muere con el día, hasta el final del tiempo, como si no hubiese mañana.


Solo ámame una vez más, como esta noche, solo ámame más y más, como si no hubiese un mañana.

Encautado





Curvada, en mi cama, aquella curva me mata.
Tu espalda hundida en la cama, tu mirada al frente contra el cabecero observando, concentrada en tus pensamientos, en tus problemas, solo piensas en silencio, por mucho que preguntó no penetró en la capa, pero tú sonríes, no lo sueltas, solo ríes y me hieres, no lo hablas, me marcas.



Tus ojos brillan.
Como luces en la oscuridad, agradables y cuestionables, danzan tan firmemente que tengo ganas de bailar, sin música, en este instante. Tú que me miras, pero estás viendo mucho más, haciendo que desee, mucho más, ver la forma que tienes de ver el mundo que se crea y se destruye a tu alrededor, solo conocer el sentimiento y pensamiento que te llena, que te embarga y a veces envenena. 




Y de repente, tus manos vuelan a mí cuerpo, acariciando, caliente, ardiente, reacciono enteramente. A veces, me duele tanto ser tocado, que suplico por más. Tu tacto empieza a ser la mejor forma de sentir el cielo que no me merezco y me quema por prohibido. Como veneno y antidoto juegas entre blanco y negro, como arden tus yemas y me marcan como encantado de estar entre tus manos. Encautado, he sido encautado por esos ojos profundos.





Y tú me acercas, pero a la vez estás tan lejos.
Mis manos te alcanzan, pero una parte de ti me huye lentamente, sin que mis piernas puedan moverse, me dejas, solo estás escapando, yo estáticamente nervioso, y aunque te abrazo fuerte, lo siento débil. Parece que no es suficiente pues tu mente sigue aun más y más lejos, quizás en Saturno, te quedas. Lejos, lejos, completamente lejos.




Entre mis manos corre el tiempo.
Escapándose entre mis dedos, como humo negro, tú me hablas, me acaricias para que me relaje, sabes que me entero. Y sin embargo, mis ojos ven más allá de tus gestos y pensamientos, sé que tu mente enloquedce. Aunque quieras alejarlo de mí, no lo alejas, lo veo todo, pero más te veo a ti, a quien encontraría entre millones de personas, sabría exactamente encontrar esa mirada y esa pose que te consume, te encontraría incluso aunque el tiempo corriese contrareloj, porque cuando estás encautado como yo, no es fácil escapar del sentimiento que te atrapa dulcemente entre sus manos.





La locura me hace ver mucho más, perdería mi cabeza por entenderte solo un poco más. Daría más de lo que te imaginas, por ayudarte en los obstáculos que te frenan, los que te alejan, daría tantas cosas por curar tu alma blanca, que se está rompiendo y consumiendo en bucle.




Y aunque tú crees que es negra, es tan blanca que me ciega.





Y esa forma de relajar el ambiente se me escapa, me atrapa, deseando dejarme de tonterías escurriendo hacia abajo, me deslizo para besarte mucho más, hacerlo real, dejar en todo mi cuerpo rastro de tus besos, de tu presencia, que se impregne tu olor en todo yo, y que tu fragancia me arrope hasta que no tenga suficiente, hasta que ya solo huelas tú.



Y ries, suenas increíble, casi tanto como el sonrojo que intentas frenar con tus fuerzas, tus cejas fruncidas al ver mis ojos verte como nunca te has visto tú, y mi risa se contagia, bajando hasta tu cuello y mordiendo, aguantas la risilla mientras tomo aire, intenso.




Tan intenso que se ha quedado pegado en mi mente.



Tus piernas me aprietan, no puedo aguantarlo más, tu espalda desnuda, es lo mejor que he visto en el mundo, tus manos que me queman, mis ojos te atraviesan, piensas en mí, lo veo en tus ojos, porque te siento cerca, tan cerca que podrías estar dentro de mí. 




Mis labios te tocan una vez más, sé que no lo aceptas, que no eres capaz a entender como solo puedo verte a ti, como mis alas se abren cuando estoy contigo, como puedo volar porque me impulsas mucho más, y no lo pillas... pero seria incapaz, incapaz de dejarte de amar. 





Y tú te ries, dulce y suave, y yo te beso, porque siendo tal poesía como eres, me enloqueces.

Imaginación





Lento, deslizándose como haces de luz en horizontes ajenos, con palabras de complicidad cayendo en mi persona, con mil historias contadas, el tiempo va lento. Completamente lento. Aquellos segundos eternos, aquella brisa que arde en mi cuerpo, lento y muy lento, se desliza por las paredes, las palabras se agalopan, me cuesta seguirlo, me cuesta concentrarme. Desconcertante...





Aquellas frases quieren significar mi perdición,  intentas decirlo claro, mis sentidos alertan en vano, me siento confusa y perdida, me pierdes y me envuelves, como las luces de neón en mi cara, en aquella discoteca mala. Las copas de más, el mareo constante, tú lo intentas, más yo no puedo seguir tu ritmo, ¿qué? ¿Te crees que estoy en este pub porqué te entiendo?






¿Volver a lo de antes? Miedo embargado de mil hombres para hacerlo mío, me completa ahora el ser. Creciente como la luna, me pierdo entre la gente que bailaba al son de aquella canción, mucha gente que lo ignora, como tú, pero sin embargo no es igual que yo, incapaz de hacerlo, no pienso ignorarlo  y quedarme con tus condiciones, incapaz de entenderlo, bailo sin complicaciones. Y solo bailo y bailo, mientras mi mente divaga imaginaciones.






Aquí, la gente sigue a su bola, el olor es deplorable, bailando con mi nariz, contoneo las caderas y me dejo llevar, en este baile sucio y sensual que me haga sentir una más de este local. Donde tus palabras son substituidas por la música, donde cuando salgo del lugar cesen en pitidos devastadores, mi realidad distorsionada, donde nunca, nunca, me alcanzarán tus palabras. Donde nunca, nunca, nunca, podrías llegar a herirme.




Se aleja como la hora de volver al anochecer, pronto despertará el sol de sus vueltas y vueltas nocturnas, ahora, que la luna no nos mira, me dejo socializar, sus labios saben bien, pero no son los que yo quería catar en esta noche devastada, en aquel lugar, al menos a mí, no me importaba, pero ojalá a ti, si te importará. La hora se acerca, mis manos le envuelven, sus ojos negros me observan. Pero... ¿dónde se supone que se encuentran esos ojos que me gritan...?





Palabras olvidadas, abandono.
Cualquier intento es vano, no puedo, alejarme de lo que somos y tenemos, me destrozaría el mundo, la puesta de sol se vería menos bella, ahora que sé que no estoy preparada para un adiós, solo espero que mis pesadillas no sean reales. ¡Más reales no podrían ser!




Desearía que tú nunca las dijeses, mi imaginación baila, baila tanto como yo en aquel bar, como los besos que me dí sin más, baila mucho, rápido y mal, solo sigo deseando que no tenga que salir de ti, una vez más. Que fue mi imaginación, por favor, deja de jugar, una vez más, no quiero volver a dejarlos llevar.

No entiendes. No te esfuerces.





Que bueno sería que lo entendieses...
Que supieses por lo que mi mente perece;
inerte.




Que no siento frío,
la brisa no me toca el alma,
no estremece contra mi casa;
pero no lo entiendes.




Y quieres volar conmigo, a mi son,
pero mi vuelo no lo comprendes,
incluso aunque te tracé un caminó con pintura indeleble,
aunque te marqué mis pasos, no.





Y ahora dices que no me encuentras,
entre el gentío de sus formas
que no me comprendes, que no me mueva.




Y no importa.
¡Cuanto grité,
cuantas noches lloré!





No importa,
porque no me escuchas.
Porque desde el principio solo me derrotas,
y, disculpa, pero poco te esfuerzas.





Pero da igual lo que intentes,
que te pinten la libertad,
que dibujen la accesibilidad...





Las puertas permanecen cerradas...





Tú no entiendes mi frustración,
terminas, por mí, la canción,
sin esperar a que la desgusté,
me lo arrebatas todo.





Pero yo puedo volar más,
más alto y más rápido.
Yo puedo con todo y, además,
no me podrás alcanzar.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Hojas caen.




Hojas caen, de todos los colores;

Hojas marchitas caen sobre el suelo, mis pisadas resuenan, mientras el otoño arropa, de las copas caen, se detienen, confusas y se pierden. Hojas amarillas danzan, entre finas ramas, rozando mi alma. Hojas caen.

Caen lento y al mismo tiempo, eterno.

Hojas marrones, rompen, casi como si se fuesen, arrasando dudas se mueren, no paré, avancé. Y es que solo caen, hojas caen. Pero no importa, solo las dejo bailar, las espero tocar y acariciando mi aliento, solo caen.

Caen.

Hojas rojas como llamas, queman, duelen, me duele. Marcan mi piel, como si les fuese a morder, ardiente empieza, se siente peor. Pero... ¿qué más da?

Solo caen.

Hojas caen.