sábado, 29 de septiembre de 2018

Libre







Gruñe mi alma, mis penas y mi manada de emociones, entre todo el gentío de mis temores, gruñe como animal salvaje tratando de escapar de su enlace.


Como libertad general, se expresaba, para que alguien la atrapara, que sus gritos no quedasen en aire y la atmósfera la engullese al fondo de su arrojo.


Era como si fuese márfil, duramente amaestrado, pulido y bien cuidado, romperse era en vano, alguien podría reconstruírlo en un futuro angosto muy lejano, alguien podría reconocerla de entre todos esos efímeros momentos.


Cada persona que la atase, con cuerdas finas y cortantes, se acordaría de su aplomo, pero alguien la reconocería de entre todos. La encontraría, entre aquel mar de preguntas y dudas, la entendería en su rebeldía, la haría volar sin alas y correr sin zancadas.


Excepticámente hablado, sin tacto melifluo en somantas, la gente la alejaba, pero estaba claro... la entenderían, alguien llegaría, la soledad se iría, una hermosa caballero del infierno la emergería, de su tristeza la retiraría, porque el cielo a veces es peor que el infierno, el infierno a veces está pintado de azul cielo.


Ellas se irían, de la mano con certidumbre lo afrontarían. No estaba sola, su amante la ayudaría.  De este mundo cruel, la remitiría. Al paríso perdido, ellas serían libres. Tan libres y sin alas, que la gente comenzaría a seguirlas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario