sábado, 29 de septiembre de 2018

Encautado





Curvada, en mi cama, aquella curva me mata.
Tu espalda hundida en la cama, tu mirada al frente contra el cabecero observando, concentrada en tus pensamientos, en tus problemas, solo piensas en silencio, por mucho que preguntó no penetró en la capa, pero tú sonríes, no lo sueltas, solo ríes y me hieres, no lo hablas, me marcas.



Tus ojos brillan.
Como luces en la oscuridad, agradables y cuestionables, danzan tan firmemente que tengo ganas de bailar, sin música, en este instante. Tú que me miras, pero estás viendo mucho más, haciendo que desee, mucho más, ver la forma que tienes de ver el mundo que se crea y se destruye a tu alrededor, solo conocer el sentimiento y pensamiento que te llena, que te embarga y a veces envenena. 




Y de repente, tus manos vuelan a mí cuerpo, acariciando, caliente, ardiente, reacciono enteramente. A veces, me duele tanto ser tocado, que suplico por más. Tu tacto empieza a ser la mejor forma de sentir el cielo que no me merezco y me quema por prohibido. Como veneno y antidoto juegas entre blanco y negro, como arden tus yemas y me marcan como encantado de estar entre tus manos. Encautado, he sido encautado por esos ojos profundos.





Y tú me acercas, pero a la vez estás tan lejos.
Mis manos te alcanzan, pero una parte de ti me huye lentamente, sin que mis piernas puedan moverse, me dejas, solo estás escapando, yo estáticamente nervioso, y aunque te abrazo fuerte, lo siento débil. Parece que no es suficiente pues tu mente sigue aun más y más lejos, quizás en Saturno, te quedas. Lejos, lejos, completamente lejos.




Entre mis manos corre el tiempo.
Escapándose entre mis dedos, como humo negro, tú me hablas, me acaricias para que me relaje, sabes que me entero. Y sin embargo, mis ojos ven más allá de tus gestos y pensamientos, sé que tu mente enloquedce. Aunque quieras alejarlo de mí, no lo alejas, lo veo todo, pero más te veo a ti, a quien encontraría entre millones de personas, sabría exactamente encontrar esa mirada y esa pose que te consume, te encontraría incluso aunque el tiempo corriese contrareloj, porque cuando estás encautado como yo, no es fácil escapar del sentimiento que te atrapa dulcemente entre sus manos.





La locura me hace ver mucho más, perdería mi cabeza por entenderte solo un poco más. Daría más de lo que te imaginas, por ayudarte en los obstáculos que te frenan, los que te alejan, daría tantas cosas por curar tu alma blanca, que se está rompiendo y consumiendo en bucle.




Y aunque tú crees que es negra, es tan blanca que me ciega.





Y esa forma de relajar el ambiente se me escapa, me atrapa, deseando dejarme de tonterías escurriendo hacia abajo, me deslizo para besarte mucho más, hacerlo real, dejar en todo mi cuerpo rastro de tus besos, de tu presencia, que se impregne tu olor en todo yo, y que tu fragancia me arrope hasta que no tenga suficiente, hasta que ya solo huelas tú.



Y ries, suenas increíble, casi tanto como el sonrojo que intentas frenar con tus fuerzas, tus cejas fruncidas al ver mis ojos verte como nunca te has visto tú, y mi risa se contagia, bajando hasta tu cuello y mordiendo, aguantas la risilla mientras tomo aire, intenso.




Tan intenso que se ha quedado pegado en mi mente.



Tus piernas me aprietan, no puedo aguantarlo más, tu espalda desnuda, es lo mejor que he visto en el mundo, tus manos que me queman, mis ojos te atraviesan, piensas en mí, lo veo en tus ojos, porque te siento cerca, tan cerca que podrías estar dentro de mí. 




Mis labios te tocan una vez más, sé que no lo aceptas, que no eres capaz a entender como solo puedo verte a ti, como mis alas se abren cuando estoy contigo, como puedo volar porque me impulsas mucho más, y no lo pillas... pero seria incapaz, incapaz de dejarte de amar. 





Y tú te ries, dulce y suave, y yo te beso, porque siendo tal poesía como eres, me enloqueces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario