sábado, 29 de septiembre de 2018

Humo.





El humo sale, lento asciende, hacia el techo se amontona, baila a lo largo de la superficie entre el fuego de las velas en la oscuridad, consume mi cigarro, la adictiva forma en la que tus labios lo envuelven, como miras hacia afuera, el humo se escapa y vuela.
 

Las cenizas caen, y mis ojos en ti recaen, la música deja sus notas, y das una inspiración, lo tragas y lo escupes de nuevo, me lo pasas sin retirar tus ojos del espacio. Ahí, fuera, las estrellas brillan tan fuerte, te hacen brillar más de lo que lo haces para mí, más de lo que piensas que resaltarás, las cenizas caen, yo trago, humo sale.



El incienso arde, prende olores indetectables, la estancia oscura nos consume, las velas bailan con mis dudas, me recolocó, tus ojos me buscan, sonríes, te alejas hacia el espacio, tu olor me llena de nuevo, ventanales de opciones, lo arrastran hacia mí, y el incienso arde, su olor no siento, tu olor se ha impregnado en mi cuerpo, y el humo baila.



La oscuridad invade, nos rozamos los dedos, tú la fumas, tu tacto es suave, terciopelo de seda, de yute o algodón, tan suave que mi piel la necesita más, ya no duele el contacto, parece que ha dejado de doler, tu lo expulsas, tu lo fumas. Y, la oscuridad nos atrapa, las velas no la espantan, y el humo observa.



Las velas iluminan, esa estancia es relajante, las cosas van lento, parece que se detiene el tiempo, ya no hay desesperanza, tú lo enganchas, los dedos de tus manos lo trazan, un lazo que lo agarra, y va lento, con seguridad y calma, se enlaza. Y las velas dejan cera, iluminando el momento, y las velas arden, y el humo nos ciega.




Mi corazón acelera, te sientas cerca, estás cerca, tu presencia me alerta y tus manos me tientan, en mi cintura se asientan, y el humo se escapa hasta mis labios, por tus labios inturbables, no parará. Mi corazón no se detiene, y me lo fumo, fumo y el humo se expande.



Tus besos me pierden, en mi frente arden, escalofríos que me entumecen, me estremecen, mis labios se tuercen, una sonrisa huye de mi mente, no importa que huya, mis mejillas no me ayudan, y tus brazos acercandome a tu cariño, caladas que pesan, y nos lo fumamos, el humo no cesará.



La música sigue, tranquila y suave, baja y de ambiente, me cuesta escuchar su letra, los compases que tocan, parecen incomprensibles, pero me gusta, me gusta esa melodía, y me lo pasas y te lo paso, y sigues fumando, el humo es blanco.




La noche transcurre, parece que se desliza, entre las horas o lo que parecen segundos en este tiempo, me miras, esta vez no parece importarte nada más, castaños robles crecen fuertes en tus orbes, me miras a mí, y yo te miro, y me lo fumo. Y la noche sigue transitando por el momento, y el humo la nubla.




Tú te acurrucas, calmadamente me llevas a un lugar nuevo, sin prisas y sin movimientos, es diferente, es intrigante, asusta un poco, pero la calma es mi nueva serenidad, una virtud que me aturde, algo que solo tu podrías enseñarme, y tú me hablas, yo te escucho, el humo es apremiante.



Tu voz resuena en mis tímpanos, no se extingue, cada vez me cuesta más concentrarme en lo que tengo que concentrarme. Es suave, me hace perder los miedos más irracionales que me creo, es la quinta sinfonía del cielo, la banda sonora de mis despertares. Y tu voz me extasia, con el humo me contagia.



El cigarro se acaba, tu pelo me atrapa, mis dedos enredados, acaricio la gloria con los dedos, tu comodidad en sonidos me dice que lo entiendes, y mis yemas tocan el cielo por primera vez en su vida, entre caricia y caricia se consume. El cigarro se extingue contra el cenicero, el humo sin embargo, continua.



Tus piernas me envuelven, de sopetón, cambias a mi canción, conquistas mis oídos con una declaración, el rumbo de mis pensamientos se para, solo puedo observarte y escucharla sonar, mis piernas encerradas en las tuyas, tu respiración contra mi cabello. Y tus piernas me rodean, y el humo se esparce.



Se acaba el tiempo, bostezas contra mí, caliente y ardiente la zona permanece con un grito silencioso de cansancio, tus ojos lucen pesados, y tus pestañas más largas que las velas al comenzar a brillar su fuego. El tiempo toca a su fin, tus bostezos lo contagian, y el humo parece que se agota.



Tu respiración es tranquila, no suena, juraría que no escuchaba nada. Cálida y confortante, como una hoguera en invierno, como un baño caliente después de trabajar, como una cama al descansar… tu respiración es verde paz, y el humo indeleble permanece lejos.



Tu cuello se encoje, dejando besos en mi cara, tu cuello me llama a gritos, desearía mis marcas dejar en él, que se demuestre que yo te he besado y mordisqueado y que esto es real. Y tu cuello me deja acceso, a mis besos y juegos, tu cuello me acepta, con un montón de humo en medio.



Nos abandonamos al tiempo, estrellas que nos enseñan que aun es temprano, que no tenemos que irnos, miro hacia él, ¿el último antes de irnos a dormir? Y el humo sigue, con cada calada que iniciamos y soltamos. El humo nos acompaña.




No es suficiente verte, mis ojos te observan, parece que es verdad, a mi lado ahora mismo estás, es temprano, aun no ha salido el sol. Aprendí a aprovecharte cuando te veo, y mis labios se estampan en tus mejillas, tu sonrisa veo. Y no es suficiente, por observarte y besarte, no tengo bastante. Y el humo aumenta.


Los cojines estorban, lejos de nosotros los dejamos, para ocuparnos enteramente, el tacto sobra, aquí nos quedamos, el tabaco se consume, entre las paredes del salón que nos  acoje. Y el humo asciende.



El cigarro agota, tus ojos me suplican, abandonamos el lugar, a aquella cama nos dejamos llevar, te acuestas y me abrazas, las mantas cubren mis ganas de suplicar unos minutos más. Y el cigarro muere en el salón, con el humo desaparece.




Aquí no hay humo, solo realidad y una cama que compartir, tus sueños comienzan, mis ojos no se cierran, mis ojos lo observan, el techo vacío, no hay humo, solo quería un segundo más, hasta que el humo vuelva.


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