Que bueno sería que lo
entendieses...
Que supieses por lo que mi
mente perece;
inerte.
Que no siento frío,
la brisa no me toca el alma,
no estremece contra mi casa;
pero no lo entiendes.
Y quieres volar conmigo, a
mi son,
pero mi vuelo no lo
comprendes,
incluso aunque te tracé un
caminó con pintura indeleble,
aunque te marqué mis pasos, no.
Y ahora dices que no me
encuentras,
entre el gentío de sus
formas
que no me comprendes, que no
me mueva.
Y no importa.
¡Cuanto grité,
cuantas noches
lloré!
No importa,
porque no me escuchas.
Porque desde el principio
solo me derrotas,
y, disculpa, pero poco te esfuerzas.
Pero da igual lo que
intentes,
que te pinten la libertad,
que dibujen la accesibilidad...
Tú no entiendes mi
frustración,
terminas, por mí, la canción,
sin esperar a que la
desgusté,
me lo arrebatas
todo.
Pero yo puedo volar más,
más alto y más rápido.
Yo puedo con todo y, además,
no me podrás alcanzar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario