Se me corta el alma a trozos cuando te veo llorar, porque lágrimas no merecidas salen de tus hermosos y cristalinos ojos.
Me duele el alma al oírte en silencio gritar, porque nada puede hacerlo cambiar, y la persona que puede hacerlo posible, no se dará cuenta jamás y tampoco rectificará.
Que hay cosas efímeras y tristes por ahí, sin embargo miniaturas te hacen caer. Y ojala pudiese ser tu soporte, más a mí no me dejarás ser, me alejarás y no permitirás que entre.
Que, me enfadas. Me enfadas con locura y me haces querer sacarte de aquí a patadas, para que vuelvas donde eres feliz, aunque aquí me dejes a mí.
Que esos ojos tan dulces no lloren más, por cosas que no deben importar. Ojala mirases al mundo con esa sonrisa con la que miras tu hogar, y dejases a todos a sus anchas campar, sin problemas, sin llantos sin nada que te haga llorar y gritar.
Que aunque me enfurezcas, que aunque no sepa que decir, y te esfuerces en sentirte peor pidiendo la cruda realidad, siempre te podrás apoyar en mí. Aunque sabía y sabías que todo esto pasaría, pero no esperaba que tan pronto llorarías y nuestro muro crecería.
Dices que te cambie, espero que al menos lo sea para bien, que mirar a la nada no conseguirá arreglar lo que te destrozó y desmoronó, por favor. Hazme caso, deja tu mente dormir, y por dios, que en estos días en tu estancia aquí, dejes de llorar y empieces a reir.
Porque no hay tortura más grande, que ver a una persona sufrir. Y menos tú, que te mereces sonreír.
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