domingo, 19 de julio de 2015

Memorias suicidas

Ojala fuese más fuerte.

Levante mi cabeza, mis ojos brillando de emoción, ahí estoy, con mil y una lágrimas en los ojos, quisiera poder aguantar todos los golpes que me dan y que me doy, porque no importa cuántas veces tropiece, sigo sin ser capaz de esquivar esa estúpida piedra, porque a mi caminar, siempre se encuentran esas piedrecitas. Multiplicándose a cada paso que doy.

¿A caso hay forma de huir de este ciclo sin fin?

De llantos por las noches, de falsas sonrisas por la mañana, de silencios en los pasillos y de odio en la mirada, ¡qué yo no comprendo nada de vosotros pero vosotros tampoco me entendéis a mí! Jamás os vais a dar cuenta de pequeños detalles como, que, cuando estoy estresada me retuerzo el pelo, que cuando me aburro fumo, que para calmarme veo anime, escucho música y luego escribo, no entenderéis porque me gusta morderme las uñas en ataques de pánico, siento como que, al morder cada uña se va simplificando el problema y se queda en nada. Porque tampoco observáis las caras de asco de cuando me miro en el espejo, y tampoco veis que para sentirme cómoda conmigo misma llevo ropa ancha, porque me gusta y me siento más cubierta. No entendéis porque no hablo mucho, porque me rió tan poco en casa y mucho fuera, no os dais cuenta de lo que quiero escaparme de esta casa pero al mismo tiempo no os dais cuenta de lo mucho que deseo quedarme. A menudo juzgais mi comportamiento, yo también juzgo el vuestro, luego sola, juzgo el mío, me arrepiento, me orgullezco y me callo lo que siento. Dando todos vosotros por sentado que soy fuerte.

¡Y una mierda soy fuerte!

Lloro como todo el mundo, y absolutamente nada me da igual, es mi fachada, mi caparazón para no sufrir más, no necesito añadir un problema más a mi lista, no necesito que cada vez que hago algo mal me habléis como si fuera la peor pesadilla del universo, que me hagáis sentir, “indirectamente” (porque obviamente vosotros nunca hacéis nada a mal, claro), la oveja negra de la familia, la vergüenza, la irracional, porque soy la mala siempre, y todo lo que hago, digo, es la cosa más horrible del mundo, me hacen sentir como que este no es mi sitio, como que sobro, como que ya no sirvo para nada más que para cagarla, e, incluso cuando trato de cambiarme a mí misma, me oigo cinco minutos después diciéndoos lo mucho que os odio, o discutiendo porque no hay comida que me gusta o porque me estáis interrumpiendo.

Vosotros luego ya decís que si puedo hacerlo, que si puedo cambiar, al menos un poco, pero lo siento, no es así.

Me rompéis en trozos constantemente y luego yo termino la tarea, me destruyo, me odio, me encierro en mí misma, ¿qué tengo mi propia burbuja?, Pues sí, porque es la única forma que tengo de vivir feliz al menos unos instantes, demasiados problemas, dilemas, delirios, suicidas, debilidad. Porque yo solo soy la ilusa que piensa que todo puede cambiar, ¡porque yo no me esfuerzo! Pero reconoced de una vez que vosotros habéis dejado de intentarlo.

Fingís conocerme. Porque si me conocierais de verdad, sabríais que constantemente necesito abrazos, apoyo moral, que aunque no estéis de acuerdo con mi punto de vista, primero me deis la razón y que, cuando me calme me digáis la realidad que no quiero ver, una opinión sincera, creyéndoos muchísimo mejores desde ahí arriba, diciéndome constantemente con los ojos que soy una desilusión, que soy la peor.
Soy aún más débil que vosotros, con mis sueños rotos.

Os pensáis que yo hago todo a mal, os pensáis que todo va con la intención de joder, soy joven, cometo millones de errores, pero eso es lo único que puedo hacer, cometerlos, no cometerlos más y quizás, volverlo a cometer, porque de eso se trata, pero me hacéis sentir tan mal a veces, que me cuesta mantenerme firme. No os merecéis mis lágrimas, como, si vosotros decís que yo soy mala y os hago daño, yo no me merezco las vuestras. Que somos un desastre, pero siempre vais a ponerme a mí por encima, porque muchas veces siento que avanzó sola hacia mi perdición, pero cuando me habláis siento como prácticamente me empujáis a ella.

Ya sé que sois mejores, que no erais como yo, que nunca lo seréis y que soy una vergüenza, que siempre estoy jodiendo todo, pues sabes, lo siento. No voy a cambiar, lo sabéis, lo sé, todos lo sabemos, es por eso que a veces pienso darle una salida, atravesar las venas con un cúter, o quizás, darme un tiro, coger una cuerda y colgármela en el cuello y el extremo al techo. Porque, incluso siendo como soy, sé que todos estarían más felices sin mí.

Y, si os creéis que para mí es fácil ser yo, no lo es. Tengo muchísimas complicaciones, siempre doy problemas, pero soy así. No voy a excusarme ante vosotros porque no serviría de nada, porque se repetirá, una y otra vez, si no es en lo real, es en el mundo de los sueños, incluso puede llegar a ser el de los recuerdos.

Que no pienso pediros más, a veces es mejor dejar las cosas tiradas que recogerlas, porque por muchas piedras que tires al río, se verá igual, pero esa piedra… esas piedras que tiraste, seguirán en el fondo, y eso lo destruirá desde dentro, así es que estamos. Podridos, llenos de piedras. No somos capaces a aguantar. Porque en el fondo, ni yo creo que me queráis.

¿Cómo podríais hacerlo?

De todos modos, eso ya no importa. Es una especie de despedida, porque siempre voy a amargaros la vida incluso desde los recuerdos.


Adiós, adiós de parte de la suicida de vuestra hija. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario