En cualquier dimensión paralela, sabía que estaba
haciéndole daño. Inclusive aunque lo amaba desde el fondo de mi corazón, cuando
lo tenía de frente, no podía hacer más que torturarle.
Quería dañarlo hasta que decidiese acabar con su vida.
Si
hiciese falta yo… yo lo mataría con mis manos solo para dejar de ver el amor en
sus ojos.
Mi condición impedía que fuese amable con él, y eso que
los lazos del destino nos apoyaban.
Los sombras no podíamos estar con la luz de forma
permanente, nos burlábamos de ellos y estropeábamos su luz. Luego los
desechábamos con maldad y rompíamos su inocencia. Éramos ying y yang, luna y
sol y sobretodo bondad y maldad. Nos complementábamos y destruíamos, pero los
sombras eran más poderosos.
Los vínculos surgían generalmente entre los elementos de
la luz, como el agua, el fuego, la tierra y el aire. Jamás entre luz y
oscuridad, pero siempre hay excepciones.
Generalmente los sombras estamos curados contra los
vínculos establecidos por creencias populares, que son muy reales, sin embargo,
habíamos sido maldecidos con la desgracia.
Lo conocí instantáneamente, mis ojos se conectaron a los
de él y ahí lo supe, supe que jamás querría separarme de él, que lo conocía de
antes y que estábamos hechos el uno para el otro. Nuestra relación cuajó de
inmediato, hasta que mi poder real despertó.
Cambié.
Me volví horrible y fría, le destruía con toques y
palabras y aunque me dolía lo disfrutaba.
Cuando unos días le amaba y otros le odiaba, el vínculo
simplemente iba y venía en mí, los Sombras somos oscuros y no creemos en
creencias ni en Dioses, por ello, en
ciertos periodos del año, dejábamos de sentir los lazos del vínculo.
Hasta el punto de ignorarlo por completo. Y cuando eso
pasaba, yo lo trataba como la mierda más grande del mundo.
Era un simple objeto, un hombre más y jugaba con él, me
iba con otros en sus narices y, aunque solo permanecían sentados en mi
habitación, le daba a entender que pasaban más cosas. Me observaba en silencio
dando todo por mí y aceptándome, pues, cuando el vínculo existe, la pareja solo
puede amarse hasta la eternidad y el amor será tan ciego y duro que nadie podrá
escapar, hasta la muerte.
Haru me miraba y me idolatraba. Me veía como su mundo,
pues así me veía porque sus lazos estaban fuertemente atados a mí, pero yo… yo
cada vez sentía menos. La oscuridad se colocaba en mí y me destruía
profundamente, hasta que mis lazos se desvanecían más por momentos.
Yo ya
no tenía nada que querer pues yo solo pensaba en mí.
Nos separamos, con respiraciones agitadas, las paredes
blancas, el techo lejos y un montón de ventanales abiertos. Hermosa escena y
hermoso ser de luz a mi lado.
- Ha
sido… increíble, te amo-
- Sí,
me alegro de que seas un buen consolador humano, lucecita cursi, voy a irme
ahora.
Me levante y cubrí con el albornoz que había dejado caer
en el suelo horas antes.
- No te
vayas… por favor, te amo. De verdad que lo hago, sé que tú no tienes tu
facultad entera pero da igual, lo haré toda mi vida.
- Hm,
lo dices como si me importara. Solo eres uno más, desaparece.
Y tras palabras como esas, que se calaban en el fondo de
su ser, salía de su cuarto para dirigirme al mío y mirar al otro lado del
espejo, aunque deseaba quedarme, no era capaz de controlarme.
Mi maldición no era Haru, era yo misma. Y aunque en el
fondo quería su felicidad, no podía evitarlo, quería destrozarlo.