Tenía ganas
de llorar, realmente sentía que era lo único que sentía correcto. Desahogar mi llanto en
aquel dolor que se precipitaba, como una tormenta mientras la oscuridad cernía
el cielo.
“¿Sigo sin
ser lo suficientemente buena?”
“¿Sigo sin
valer la pena?”
Supongo que
por mucho que lo preguntase nadie me contestaría, nadie se apiadaría de mí,
porque sencillamente hay cosas peores, dolores que realmente merecen ser
atendidos.
¿Y qué más
doy yo? Ni que fuera algo importante. De hecho, ¿a quién le estoy hablando?
Tampoco sé porque estoy preguntando, y menos si valgo la pena o no, cuando
estoy segura de que no valgo la pena.
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