En ese momento
mis ojos se derritieron cual agua viscosa que no fue purificada, mis labios se
secaron y se agrietaron hasta romperse en mil pedazos, mis cabellos empezaron a
caerse, de tal forma que ni siquiera quedo en mi cabeza un solo pelo negro.
Estaba pudriéndome.
Mientras mis
rasgos se eliminaban, como polvo en muebles al ser limpiados, sus
características y sus atributos desaparecieron, como si alguien estuviese
limpiando mi polvo.
Fuera, vete, destruye.
Las nubes se
abrieron hasta destruirme, aquellos que se aludieron me mataron sin piedad. Sin
importar el por qué, ¿qué más dará?
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