miércoles, 11 de junio de 2014

Liberación




Necesito dar un mensaje. 

No sé, quizás necesito gritar bien fuerte como me siento. Últimamente para mí, nada es bueno, las lágrimas discurren como si nada por mis mejillas, incluso si me dices hola y sonríes, estoy tan destrozada, tan infeliz conmigo misma. La gente que me ve piensa que todo va bien. Pero no, claro que no va bien, quiero decir, cada vez que sonrío, una parte de mi muere, porque aunque quiero aparentar que todo me sale bien, que soy feliz, no lo soy. Me hundo en un gran pozo cada vez más profundo y no quiero probar más el amargo sabor de la decepción.

Esa decepción que siento nada más mirarme a un espejo, nada más verme como me veo, hace que mi cerebro procese cosas tan torturables y horrorosas. Haciéndome sentir tan sumamente mierda, que hasta la palabra mierda en su sentido literal puede ser considerada, por mí, más que yo. Y aunque quisiera cambiarlo, no sé si quiero. Cuando sufro hago cambios, lo paso tan mal que quiero cambiarlo. Así me pase días sin comer, días cerrando mi boca para no hablar con nadie y aislarme de todos para poder convivir con mis penas, porque realmente es lo que hago.

En esa temporada aprendí la expresión “en el fondo no tenemos a nadie, solo a nosotros mismos” y sé que en algunos casos es falsa. Porque yo no me tengo a mí, yo misma me hundo. Elaboro una palabra afectuosa como un insulto indirecto, un abrazo como un acto de pena, un beso como un acto de falsedad e hipocresía, una caricia como un acto sin importancia y lo malo, joder, lo malo todo al pie de la letra.

¿Cuándo fue que comencé a sentir pena por mí misma? ¿Cómo coño conseguí aislarme de la felicidad que durante años me había esforzado por mantener? ¿Cómo me deje caer en la nada infinita? ¿Por qué mis oídos dejaron de ser sordos a palabras necias? Me gustaría saber porque todos me juzgan, o porque mi cabeza me dice que cuando paso, hablan de mí, nada precisamente bueno. Porque yo, sé que no soy buena, que no tengo nada, que solo sé que me hundo en lo más fondo de mi corazón, que se hundía.

Llegué a tenerlo todo, y lo supere, supere mis temores a verme mal y a llorar por las noches porque me sentía asquerosa, un ser abominable que acongojaba y asqueaba a todo el mundo, apoyando mi peso en que al menos, yo tenía a alguien que me quería, por lo que era. O eso creí yo, al final todos buscan lo que buscan, y cuando estaba bien, lo destruyó, yo ya sabía que lo bueno no podía durar…

Muchas veces me había dicho a mí misma que la vida nos da cosas malas para que aprendamos a apreciar las buenas, pero está vez, si ese dicho es verdad, conmigo se está pasando, no me ha llegado una cosa buena y cuando me llego eran falsas ilusiones. Por eso paso de los caminos de rosas y los de piedra, quizás la solución a mi problema es ir a lo fácil y quedarme en medio del camino, mientras el mundo avanza a mi alrededor y yo me quedo quieta, esperando a que acabe y que pase por mi lado a gran velocidad, con los años pasando y yo recurriendo a lo fácil y tratando de convivir con las pocas, ningunas, fuerzas que me quedan en el cuerpo. Y aun así, me siento inútil. Inútil porque no soy nada, no tengo nada, solo me tengo a mi misma y yo me ataco, daño físico, daño psíquico, daño por todas partes.

Recuerdo que un día, me da tantos golpes que tuve que ir al hospital porque moría de dolor, y aun así, me alivie mi ser, quizás con malos palos pero me sentía compensada, porque sabía que me lo merecía.

Empecé a cometer fallos, lo típico. Alejarme y ser seca y tosca con los que no se lo merecían. No dejaba que me ayudaban. Porque total, siempre acababa preguntándome a mí misma ¿para qué? ¿De qué te va a servir? En el fondo yo sabía que de nada me iba a servir.

Muchas veces, incluso he pasado de ponerme ropa que yo adoraba por miedo a lo que iba a escuchar al día siguiente, también pase de hacerme cosas como cortes de pelo, tintes, mechas, incluso ponerme un determinado estilo de maquillaje o también hacer cosas como ir a la piscina, tenía tanto miedo, miedo a que me mirasen raro, como… yo que sé, quizás como una estúpida asquerosa. Porque al menos yo me veía así. Y si yo me veo así, que se supone que tengo “amor propio”, ¿cómo me verían los demás?

Cuando alguien me decía algo como “si estuvieras un poquito más delgada estarías mejor”, lo sopesaba y sacaba la conclusión de que me había llamado gorda. Otro dato, por ejemplo, era que cuando me llamaban guapa ponía en su lugar la palabra “orco”, podía considerar que alguien que hablaba mal de mí, era la persona más sincera del mundo y cuando alguien decía “Puta gorda, maldita fea, dios que asco”, lo que no debería escuchar e ignorar es lo que me hace pensar “mira, yo tenía razón, doy asco, no sirvo para nada, no tengo ningún propósito aquí, los que me decían cosas buenas mentían” Y entonces, ahí, era cuando lloriqueaba un mar de lágrimas y me ponía frente al espejo a llorar y a hacerme más fea con el rostro arrugado, los ojos rojos e hinchados, dándome más pena. ¿Cómo voy a superar esto?

Por un momento creí de verdad que si alguien me tendía la mano y tiraba por mi saldría, pero ya tiran tantos y sigo aquí enterrada que he perdido la esperanza.

La esperanza en mí. En mejorar. En el mundo.

Y aun así, a pesar de estar hecha una gran mierda, sigo anteponiendo los demás a mí, a mi ser, a mí misma, y maldita sea, ¿por qué soy tan buena con ellos? No puedo evitarlo, no puedo dejar de pensar en que cualquier cosa que haga estará mal y que si no soy buena me sentiré más sola de lo que ya estoy.

Y de nuevo por las noches me acurrucaré contra la pared, llorando, llorando por todo lo que se me vino encima, y de nuevo me levantaré riendo más fuerte que nadie y con la sonrisa gigante, mientras que mi alma llora por dentro, por las noches, cuando me acueste, tendré pesadillas, pesadillas por mi baja autoestima y cuando despierte, lloraré más, y me desvelaré, me saldrán ojeras, mi rostro palidecerá y aun así, nadie se dará cuenta, porque sonreiré y diré “mala noche, no encontraba la posición indicada para soñar con mi Niall” todos reían y pensarán que es verdad y a pesar de todo. Los que me conocen, dudarán, pero con una simple sonrisa, lo creerán, porque en el fondo nadie me conoce y muchas veces creo que ni yo misma lo hago.

Y cuanto más escribo, más tengo la sensación de que no podré parar, siento que no voy a conseguir dejarlo, que no puedo parar de escribir porque esta historia es infinita, las mil y una chicas o quizás más, que sufren por los estereotipos y la crueldad de otras personas, porque nadie las entiende y muchas enfermaran, se cortarán, vomitaran, hasta el punto en que sean esqueletos y acaben bajo tierra o incineradas, porque, en el fondo. Todos y cada uno de nosotros acabaremos débiles o destruyendo a alguien sin darnos cuenta, porque nadie sabe lo que duele un rechazo y más si es de uno mismo.


Y desde esta página sin importancia suelto cosas con sentido y sin sentido, porque sé que lo mejor es ayudar y dejar de actuar como idiotas que necesitan sobreponerse a otro, porque aunque seas rubio de ojos azules y delgado, no eres perfecto y aunque seas gorda y de cabellos castaños, no eres peor que los demás. O al menos, eso es lo que quiero pensar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario