martes, 24 de junio de 2014

No caigas.



-Es un suplicio-  Comentó con un deje de desagrado y asco hacia ella.
-Lo sé- su voz era triste, infeliz, sin vida.
-¿No quieres cambiarlo?-
-Sí…
-Entonces con ganas, deja de comer.
-¿Y… funcionará?- la duda se cernía en su voz, el miedo…
-Claro, mírame a mí- se señaló y la otra chica enfoco su vista en ella.
Era tan delgada, tenía todo lo que añoraba, separación de piernas, esa que deseaba desde pequeña, collar bones, hipbones… increíbles.
-Si no como, ¿no engordaré más?
-Sí, no engordarás, haz ejercicio un poco, además si comes demasiado por el hambre, mete dos dedos en tu garganta y vomita, chica. Tendrás un precio, un aseguramiento, serás delgada.
Las lágrimas salieron de sus ojos. –Gracias…- su voz se quebró.
-Me llamo Ana, y estoy aquí… para ayudarte…

Le sonrió y se alejó de su propia habitación, para ir al baño y vomitar todo lo que comió y Ana desapareció de su cuarto, volviendo a su lugar, la mente de aquella chica que había caído tan fondo que la anorexia era lo único que le quedaba…

No hay comentarios:

Publicar un comentario