-Es un suplicio- Comentó con un deje de desagrado y asco hacia
ella.
-Lo sé- su voz era triste, infeliz, sin vida.
-¿No quieres cambiarlo?-
-Sí…
-Entonces con ganas, deja de comer.
-¿Y… funcionará?- la duda se cernía en su voz, el miedo…
-Claro, mírame a mí- se señaló y la otra chica enfoco su
vista en ella.
Era tan delgada, tenía todo lo que añoraba, separación de
piernas, esa que deseaba desde pequeña, collar bones, hipbones… increíbles.
-Si no como, ¿no engordaré más?
-Sí, no engordarás, haz ejercicio un poco, además si comes
demasiado por el hambre, mete dos dedos en tu garganta y vomita, chica. Tendrás
un precio, un aseguramiento, serás delgada.
Las lágrimas salieron de sus ojos. –Gracias…- su voz se
quebró.
-Me llamo Ana, y estoy aquí… para ayudarte…
Le sonrió y se alejó de su propia habitación, para ir al
baño y vomitar todo lo que comió y Ana desapareció de su cuarto, volviendo a su
lugar, la mente de aquella chica que había caído tan fondo que la anorexia era
lo único que le quedaba…

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