>> Cautivada y apresada entre sus
brazos, ojalá pudiese quedarme así para siempre.
-¿Se puede
saber que estás haciendo?-
Alzo mi vista y sonrió dulcemente, ignorando el tono tan
despectivo que estaba usando, sintiendo claramente su molestia en sus palabras.
Mi sonrisa suaviza mi expresión y simplemente exhala un suspiro lleno de
frustración, para agacharse a mi lado y acariciar mi cabeza con movimientos
suaves.
-Eres una
idiota.
Agacho la mirada.
Eso ya lo sabía, lo supe desde el primer momento que cruce mis
ojos con los tuyos, supe que iba a fastidiarla, que no sería buena para ti, que
no me convenía lanzarme a ti como una ilusa desesperada que buscaba simplemente
tu amor, tu cariño y tu comprensión.
-Esas chicas
no me gustan.
No me lo aclares ahora con tanta suavidad, con tu tranquilidad
innata y esos grises ojos perforando mi corazón, no me aclares algo con ese
cariño que desprendes, no me acaricies el pelo, porque si lo haces… si me
demuestras amor, creo que no voy a ser capaz de dejarte ir.
-Eres la única
para mí, ¿bien?
Alzo mi mirada, enfocándome claramente en sus orbes que me miraban
fijamente. Quiero quedarme así para siempre, con su tenue mano acariciándome con
dulzura, quiero que me mire solo a mí, que no se aleje más.
-No te he
oído-
Pido que me lo repita, quiero oírlo cincuenta mil veces más, hasta
el final de mis tiempos, quiero que me repita lo que ansió desde el primer
momento que nos cruzamos. Lo quiero tanto.
-No pienso volver a repetírtelo- ruborizado hasta las orejas. –Idiota,
¡vamos a casa y deja de poner esa cara delante de toda esta gente!
Sonrió suavemente.
Desde el primer
momento que lo vi, aun sin que me tocase, supe que quería permanecer aquí,
donde está él<<