Era mentira.
Y cuando lo miro
ahora, no quedaba nada de ese chico.
Él decía ser mi
amigo Damon, pero su aspecto contradecía sus palabras. Era alto, como si
hubiese dado el estirón durante esos cuatro años, sin gafas y mostrando sus hermosos
ojos verdes, no era Damon, no podía serlo.
Era un impostor.
Damon era
hermoso por dentro, él no era bello, solo era un vil impostor, indignante que deshonraba
su recuerdo puro. Ya no era ese
niño dulzón, había madurado y… dolía profundamente en mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario