jueves, 24 de diciembre de 2015

Entre tus brazos

>>                Cautivada y apresada entre sus brazos, ojalá pudiese quedarme así para siempre.

               -¿Se puede saber que estás haciendo?-

Alzo mi vista y sonrió dulcemente, ignorando el tono tan despectivo que estaba usando, sintiendo claramente su molestia en sus palabras. Mi sonrisa suaviza mi expresión y simplemente exhala un suspiro lleno de frustración, para agacharse a mi lado y acariciar mi cabeza con movimientos suaves.

               -Eres una idiota.

Agacho la mirada.

Eso ya lo sabía, lo supe desde el primer momento que cruce mis ojos con los tuyos, supe que iba a fastidiarla, que no sería buena para ti, que no me convenía lanzarme a ti como una ilusa desesperada que buscaba simplemente tu amor, tu cariño y tu comprensión.

               -Esas chicas no me gustan.

No me lo aclares ahora con tanta suavidad, con tu tranquilidad innata y esos grises ojos perforando mi corazón, no me aclares algo con ese cariño que desprendes, no me acaricies el pelo, porque si lo haces… si me demuestras amor, creo que no voy a ser capaz de dejarte ir.

               -Eres la única para mí, ¿bien?

Alzo mi mirada, enfocándome claramente en sus orbes que me miraban fijamente. Quiero quedarme así para siempre, con su tenue mano acariciándome con dulzura, quiero que me mire solo a mí, que no se aleje más.

               -No te he oído-

Pido que me lo repita, quiero oírlo cincuenta mil veces más, hasta el final de mis tiempos, quiero que me repita lo que ansió desde el primer momento que nos cruzamos. Lo quiero tanto.

              -No pienso volver a repetírtelo- ruborizado hasta las orejas. –Idiota, ¡vamos a casa y deja de poner esa cara delante de toda esta gente!

Sonrió suavemente.


                           Desde el primer momento que lo vi, aun sin que me tocase, supe que quería permanecer aquí, donde está él<<

No hay comentarios:

Publicar un comentario