viernes, 11 de diciembre de 2015

No escuchada


“Pensé que valorarías mi opinión…

Cuando me contaste tus temores y me hablaste de tu problema con tanta honestidad y con tanto dolor, creí que escucharías lo que tenía que decirte. Palabras de aliento que animarían tu corazón, que lo auparían para que pudiese vencer. De verdad creía que me mirarías con ojos atentos y me dejarías acariciarte mientras lindas palabras salen de mis labios.  

                Pensé que me escucharías al consolarte...

Cuando terminaste tu relato, me miraste con esos ojos destacados, estallando con fuerza y destellando en colores que a mí siempre me fascinaron. Mi corazón bombeó la sangre más rápido. Me gustabas tanto que se me olvidaba que ya era demasiado tarde para mí.

Hablé, te dije dulces palabras que trataban de expresar cuanto valoraba yo todo lo que hacías, cuán importante era para mí tu existencia, lo mucho que necesitaba que estuvieras aquí, aun así, te alejaste ruborizado, parecías algo indignado, gritándome un “tú no lo entiendes”. Soltaste mis manos con caricias, te fuiste de allí, me dejaste parada en mi lugar.


                Yo sinceramente pensé que me escucharías”

No hay comentarios:

Publicar un comentario