Como siempre me he levantado rota.
He soñado de nuevo la misma mierda, que, ni en sueños me deja vivir en paz. Sufro profundamente una ansiedad que se estiende de forma mortirizante, no tiene cura.
He vivido una y otra vez pensando que estoy bien, que todo va bien, que me iba bien, pero… de un día para otro, me despierto y todo es una mierda, se manifiesta como una oscuridad que me derrota y me azota en unas olas de dolor, un remolino que se hace cada vez más fuerte y duele.
Duele sentirse una y otra vez así, no saber como sobrevivir a este enorme dolor y este enorme sufrimiento que se aloja en tu mente, dejándote apresada de unas emociones que jamás desaparecen, porque, cuando tiras una piedra al mar, esa piedra sigue ahí, y se acumulan, una y otra y otra, hasta que nada es lo mismo, aunque parezca en calma, siguen ahí en el fondo.
Contemplarse al espejo, no ver nada que te guste y saber que estás en verano, que nadie va a quererte con esas estrías, esa enorme barriga. Que nadie sabe lo que estás sintiendo y que, los únicos que te entienden son el cuter y los folios, los escritos que jamás se reponen y quedan ahí, encerrando tu sufrimiento, aun así.
¿A quién acudes?
Un día de mierda compensa a otro día aun peor, porque todo se queda en mi mente, mientras la sangre discurre por las muñecas, jamás estarás bien del todo, porque vas a vivir con ello encima, con tus errores, tu cuerpo, tu mente, tus ideas y tu soledad.
Porque, no hay nadie en este mundo, que sepa como te duele y como te sientes de asqueada... aunque el fondo seas realmente preciosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario