sábado, 29 de septiembre de 2018

Quien soy yo.





Esto soy yo.

Caos inconstante que me consume en las sombras, humo negro nocivo, soy yo, con todas mis letras, solo yo, la que se queda en el miedo de que podría ser. Soy simple, tan simple que ni siquiera eres consciente. 
Complicas mis palabras, el juego de cartas que no puedes ganar, soy como soy y ya no sé que soy.

Soy madrugadas en vela, soy el fuego que quema entero, soy noche y soy oscura, soy tristeza cuando todos son felicidad. Soy un caos, en un orden desesperante. Soy nada en este enorme momento. No sé como podrías entenderlo... Soy parte de aquella infernal brisa invernal, soy el frío del calor del mundo, soy un cero en el mundo del diez, soy la histérica en el mundo de cuerdos, una extraña en una reunión de antiguos alumnos.

Soy yo. Solo yo. Definiendo el tacto de mis pies con el suelo, soy mente intrépida en su cobarde burbuja, soy la otra cara de las monedas que no encuentras. Casi lo soy, casi soy real, casi podrías tocar.

Soy imaginación en la realidad, soy aislada por mis piernas que se alejan, soy yo, que ni en el firmamento ni debajo de este infierno, sabría decirte que soy.

Soy inestable en la línea de estabilidad, soy un drama en un mundo serio y formal. Soy gritos en el pais del susurro, soy la marginada que se cree más de lo que cree que es. Soy gacela en la selva, soy hormiga ante sus almas infinitas.

Y ojalá pudiera decirte lo que soy. Ojalá entendieses mi alma, que con parches e hilos cosí, ojalá pudieras ver esto como un más allá.

Ojalá.

Fuese y solo fuese ser.

Humo.





El humo sale, lento asciende, hacia el techo se amontona, baila a lo largo de la superficie entre el fuego de las velas en la oscuridad, consume mi cigarro, la adictiva forma en la que tus labios lo envuelven, como miras hacia afuera, el humo se escapa y vuela.
 

Las cenizas caen, y mis ojos en ti recaen, la música deja sus notas, y das una inspiración, lo tragas y lo escupes de nuevo, me lo pasas sin retirar tus ojos del espacio. Ahí, fuera, las estrellas brillan tan fuerte, te hacen brillar más de lo que lo haces para mí, más de lo que piensas que resaltarás, las cenizas caen, yo trago, humo sale.



El incienso arde, prende olores indetectables, la estancia oscura nos consume, las velas bailan con mis dudas, me recolocó, tus ojos me buscan, sonríes, te alejas hacia el espacio, tu olor me llena de nuevo, ventanales de opciones, lo arrastran hacia mí, y el incienso arde, su olor no siento, tu olor se ha impregnado en mi cuerpo, y el humo baila.



La oscuridad invade, nos rozamos los dedos, tú la fumas, tu tacto es suave, terciopelo de seda, de yute o algodón, tan suave que mi piel la necesita más, ya no duele el contacto, parece que ha dejado de doler, tu lo expulsas, tu lo fumas. Y, la oscuridad nos atrapa, las velas no la espantan, y el humo observa.



Las velas iluminan, esa estancia es relajante, las cosas van lento, parece que se detiene el tiempo, ya no hay desesperanza, tú lo enganchas, los dedos de tus manos lo trazan, un lazo que lo agarra, y va lento, con seguridad y calma, se enlaza. Y las velas dejan cera, iluminando el momento, y las velas arden, y el humo nos ciega.




Mi corazón acelera, te sientas cerca, estás cerca, tu presencia me alerta y tus manos me tientan, en mi cintura se asientan, y el humo se escapa hasta mis labios, por tus labios inturbables, no parará. Mi corazón no se detiene, y me lo fumo, fumo y el humo se expande.



Tus besos me pierden, en mi frente arden, escalofríos que me entumecen, me estremecen, mis labios se tuercen, una sonrisa huye de mi mente, no importa que huya, mis mejillas no me ayudan, y tus brazos acercandome a tu cariño, caladas que pesan, y nos lo fumamos, el humo no cesará.



La música sigue, tranquila y suave, baja y de ambiente, me cuesta escuchar su letra, los compases que tocan, parecen incomprensibles, pero me gusta, me gusta esa melodía, y me lo pasas y te lo paso, y sigues fumando, el humo es blanco.




La noche transcurre, parece que se desliza, entre las horas o lo que parecen segundos en este tiempo, me miras, esta vez no parece importarte nada más, castaños robles crecen fuertes en tus orbes, me miras a mí, y yo te miro, y me lo fumo. Y la noche sigue transitando por el momento, y el humo la nubla.




Tú te acurrucas, calmadamente me llevas a un lugar nuevo, sin prisas y sin movimientos, es diferente, es intrigante, asusta un poco, pero la calma es mi nueva serenidad, una virtud que me aturde, algo que solo tu podrías enseñarme, y tú me hablas, yo te escucho, el humo es apremiante.



Tu voz resuena en mis tímpanos, no se extingue, cada vez me cuesta más concentrarme en lo que tengo que concentrarme. Es suave, me hace perder los miedos más irracionales que me creo, es la quinta sinfonía del cielo, la banda sonora de mis despertares. Y tu voz me extasia, con el humo me contagia.



El cigarro se acaba, tu pelo me atrapa, mis dedos enredados, acaricio la gloria con los dedos, tu comodidad en sonidos me dice que lo entiendes, y mis yemas tocan el cielo por primera vez en su vida, entre caricia y caricia se consume. El cigarro se extingue contra el cenicero, el humo sin embargo, continua.



Tus piernas me envuelven, de sopetón, cambias a mi canción, conquistas mis oídos con una declaración, el rumbo de mis pensamientos se para, solo puedo observarte y escucharla sonar, mis piernas encerradas en las tuyas, tu respiración contra mi cabello. Y tus piernas me rodean, y el humo se esparce.



Se acaba el tiempo, bostezas contra mí, caliente y ardiente la zona permanece con un grito silencioso de cansancio, tus ojos lucen pesados, y tus pestañas más largas que las velas al comenzar a brillar su fuego. El tiempo toca a su fin, tus bostezos lo contagian, y el humo parece que se agota.



Tu respiración es tranquila, no suena, juraría que no escuchaba nada. Cálida y confortante, como una hoguera en invierno, como un baño caliente después de trabajar, como una cama al descansar… tu respiración es verde paz, y el humo indeleble permanece lejos.



Tu cuello se encoje, dejando besos en mi cara, tu cuello me llama a gritos, desearía mis marcas dejar en él, que se demuestre que yo te he besado y mordisqueado y que esto es real. Y tu cuello me deja acceso, a mis besos y juegos, tu cuello me acepta, con un montón de humo en medio.



Nos abandonamos al tiempo, estrellas que nos enseñan que aun es temprano, que no tenemos que irnos, miro hacia él, ¿el último antes de irnos a dormir? Y el humo sigue, con cada calada que iniciamos y soltamos. El humo nos acompaña.




No es suficiente verte, mis ojos te observan, parece que es verdad, a mi lado ahora mismo estás, es temprano, aun no ha salido el sol. Aprendí a aprovecharte cuando te veo, y mis labios se estampan en tus mejillas, tu sonrisa veo. Y no es suficiente, por observarte y besarte, no tengo bastante. Y el humo aumenta.


Los cojines estorban, lejos de nosotros los dejamos, para ocuparnos enteramente, el tacto sobra, aquí nos quedamos, el tabaco se consume, entre las paredes del salón que nos  acoje. Y el humo asciende.



El cigarro agota, tus ojos me suplican, abandonamos el lugar, a aquella cama nos dejamos llevar, te acuestas y me abrazas, las mantas cubren mis ganas de suplicar unos minutos más. Y el cigarro muere en el salón, con el humo desaparece.




Aquí no hay humo, solo realidad y una cama que compartir, tus sueños comienzan, mis ojos no se cierran, mis ojos lo observan, el techo vacío, no hay humo, solo quería un segundo más, hasta que el humo vuelva.


El mundo no se ha parado









El mundo nunca ha parado, pero es como si con cada paso fuese todo a detenerse en cualquier momento, y mis pasos parecen mucho más pesados.

El viento sopla suave, casi no toca mis articulaciones, casi sobra mi chaqueta, retirada de mis hombros, empapada de melifluas caricias de segundos que se pierden para siempre, avanzo lento.

Ojos que permanecen abiertos, se cierran en un indeleble pestañeo, la gente apenas se mueve, me cuesta mirar todo, la verdad, casi siento que me duele verlo.

Mis dedos sujetan el detonante, es como si quemase entre ellos, es como si estuviese volviéndome endeble con cada minuto que transcurre.

La vía está poblada, cualquiera respiraría vida, pero aunque no lo creas, el mundo no ha parado y ahora mismo es como si lo hubiese hecho.

Yo, estoy, viva. Cualquiera lo diría. Ya he caído de lo alto, ya he caído y estoy en lo más bajo y se siente como si todo hubiese parado.

Como las vueltas de las tazas locas al terminar, como si las luces de la discoteca se volviesen motas de polvo que lo nublan todo, como si paras un vídeo en la mitad...

Es como si todo hubiese estado quieto, como si yo no estuviese ahí.
Es como si, el mundo, se hubiese parado conmigo.

Lluvia








Comenzó a llover;
Mojada, completamente empapada, siento las frías ropas contra mi cuerpo, me limpian por fuera motas pequeñas de agua que calma lo perturbable de mi ser y estoy congelada de agua. Los charcos que crecen a mi alrededor, que se turbian con mis pasos que se alejan de ti, que escapan de tus manos que tratan de alcanzarme desesperadamente se forman, y solo lluvia.
Lluvia quema;
Con ardor trazan líneas por mi piel, disfrutando de marcarme, me vuelvo masoquista del resultado de merecérmelo, me dejó arder en agua, prender con tierra, apagarme en aire, ... el tiempo que me quede, quiero quemarme en lluvia.
Lluvia muere;
El fondo por donde corro, lo refleja todo, combina conmigo y, de algún modo, la lluvia me mece contra la llamarada de aire congelado en este pequeño oasis infernal de oscuridad mojada. Con una lluvia ácida que nos aleja, que forma una barrera, el fondo se estresa y modifica, me ayuda a morir con agua, saltar con tierra, correr con fuego.
Lluvia que arrasa como aire;
Un huracán se forma en mi interior. Quiero gritar, tú te acercas, pero me voy más lejos, porque no necesito a nadie más, con cuidado de no tropezar con nuestros besos extintos me dejo marchar, con las cenizas de amor, que prenderán en innecesaria lluvia que escurrirá nuestro adiós.
Lluvia de agua;
Con un tsunami de emociones que me arroja, donde todo es metáfora en mi vida, el miedo y desolación crece como la bruma, me mata y me mancha de negro, contigo que gritas con el viento que me apaga este caos, quiero alejarme más, quiero quemarme en agua y empaparme en fuego.
Lluvia caótica;
La lluvia escuece lentamente, me siento en el suelo, el caos me consume y me entierra en viento, tus manos me encuentran, con ardor me marcan como agua de fuego, las cicatrices de mi piel se exponen segundos más tarde, las marcas de los rayos se estamparon, en mi cuerpo en mi mente y en ti, por suerte. Y aunque la vista me escuece, me quema el respirar, se atragante el tacto, duele un poco menos de lo que nos esperábamos.
Lluvia firme;
De esas que no dudan, con tus dedos que mecen mi cabello, detectas mi infierno, en esta intensa lluvia, entre tus brazos me tomas, mientras con firmeza se espanta la niebla sola. El contraste empieza, quema la lluvia, me enfría tu piel, siento que vivo y muerto, que por minuto he revivido más veces de las que piensas, y las nubes de algodón gris se van, con la lluvia se escapan lentamente.

Lluvia ardiente;
Cesaste con el tiempo, te ocultaste para darme la paz, enterrando en fuego el hacha, arropándome de frío que intensamente necesitaba, alternas con el sol la adversidad pasada, porque entre calada y calada, me besaste en el cielo la frente, ardiendo esa zona en agua, muriendo mi sonrisa en azul tierra.
Lluvia triste;
Montañas derrumbadas, piezas que no encajan, mis ojos se cierran, la lluvia escampa, no quema tanto, se siente débil. La tormenta para de bailar con el cielo, la guerra termina con el tiempo, y yo me calló en tus brazos, por segundos eternos.
Y es que, lluvia quema;
Se ha extinguido, con mi falsedad implantada en una felicidad inexistente...
Lluvia cesa.

Extasiada









Estoy axfisiada.

Extasiada por tu perfume y en extrañarte pronto, que cuando los segundos me alcanzan y me empapas, del amor que nunca sentiras, me movería al temor de mis remordimientos por una vez más.


Que me asusta y me apremia, que me baja y me envenena, que me haces sentirme débil a la intemperie, con las turbias y melindrosas voces que gritan que te quiero, me invade el sueño. Me desespera.


Lo estoy pasando mal.
Me asusta lo mucho que me puedes llegar a gustar. Me hace temblar la forma en la que quiero que desees tocarme, besarme y hacerme sentir mejor conmigo misma, las ganas que tengo de sentarme contigo y charlar lo incharlable, quiero que me hagas sentirme real, mucho más real y vívida. Más y más viva, con miedo o sin miedo, yo lo compraría.


Me parece que arde, en mi piel el rastro de tus huellas, sintiendo que algo me hace sentirme realmente ardiente y con el filo de nuestros sentimientos, me pones cálida de alegría, como si fuera a estallarme el corazón, los latidos y mis incontrolables llantos de pasión. Azotando mi cara, los suspiros de mis dudas, me duele, me duele sentirte de esa forma y que te tengas que marchar. 



Y te vas.
No sientes, no pareces, pero me afecta igual, me hace retemblar, me hace sentirme sola, sola y tan sola que pienso que no puedo más. Realmente me siento sola. Gritaré, como nunca antes he gritado, a ver si me escuchas y vuelves. Pues entre tus brazos creo que puedo sentirme libre, en un lugar donde nunca se juzgará mi maldición de vida.



Tú, quien alteras mi realidad, me das una seguridad, me das el miedo y me das la realidad, no notando mis latidos. Me acelero cuando te tengo, no puedo evitarlo, lo tengo, te quiero, extasiada estoy, hasta el final de mis días, por tu fragancia que ahora me nubla, por tu fragancia que ahora me empapa, me encantas, extasiada.

Depresión








Me siento fuera de onda.
Como si no estuviese en este mundo. Es como un mareo constante que me hace sentir inalcanzable. Las cosas parecen ir más lento y aunque estoy cerca, me alejo. 




Estoy confusa, no sé qué debería decir, tampoco sé que se supone que tengo que sentir, que tengo que hacer, ni siquiera sé porque lo hago. 




Tengo miedo, miedo constante a dejarles ver el desorden, el caos constante que me devora. Y sin embargo, de mí parece que sale, sonrisa y felicidad fingida me acogía.




Entonces me absorbe a su juego, bailando entre los compases de la falsedad, las notas van cuajando, parece que se respira felicidad, más en el fondo lo sabes, no puedo escapar de esa ansiedad que me brota.




Obsesionada con el todo, el miedo aflora por mis poros, me como la cabeza para no actuar como actúo, me muero por descubrir porqué soy así. Aquel fallo del sistema se empieza a palpar, parece que no doy a más.




El polvo se levanta, como pólvora detonada, el caos me amanta, ganas impulsivas de llorar que se esfuman en unos labios que gritan estar bien. Aquello que nadie escucha me explota, quema en mi garganta y vuela, vuela hasta el no, vuela hasta que nadie me logre atrapar.




En equilibrio sobre el hilo, mil ruidos, no sé ya que decir, no sé qué hacer, ya no sé cómo se supone que debería ser. Aislándome de lo que se supone que debe ser normal, mis piernas se mueven, pasos lentos que me hipnotizan, movimientos bruscos, ya me estoy cayendo.



Y ahí, donde mis ojos no ven nada, oscuridad latente que me asusta, me descontrola, me ahoga, me traga a su interior y me siento anonadada, sin mucho que decir, me inclino hacia atrás y me parte, me abruma, me arrasa.




Se vuelve pesado, casi tanto como cada trago, cada inspiración cansa, no quiero hacer nada, que entre aquellas brisas de viento, me consuma y me congele los huesos, que me haga sentirme real, solo un poco más, quiero sentirme real.




Ilusión fatal, oyes muy mal, distorsionante realidad que me abrumas, me hundes en nieblas de alma, donde pelean mi corazón y mi mente, para llevarme de una patada al culo al presente, que por miedo a ser lo que se supone que debo ser, me he destrozado para siempre.





Pitan mil cosas a mi alrededor, duele, ya casi no lo siento, aquí donde se supone que te hablo a ti, os hablo, sí. Ya no sé qué puedo decirte más, ¿por favor, puedes escuchar? Puede, me puede. Para. 





Donde las vueltas aumentan en velocidad, donde ya no se ve nada a quilómetros a la redonda, allí, donde se marcan los pasos de mi mente, no para, no se entiende, no lo entiendes. Probablemente, no me entiendo.




Que me consume el hambre voraz, las ganas de gritar mucho más y muchísimo más, que sucumben mis hábiles marcas, que donde quema el sello se esfuma, en la bruma, desespero.





Y que nunca se escriba esto más, que nadie lea la verdad, cuando entras en mí, te vuelves caos, inestable, cuando entras en mí, eres inerte, me odias, me alejas, no me sientes. Una vez que yo te tocó, te destrozo.



Rompiéndose todo. Me desplomo, no quiero levantarme, me retengo, ¿para qué debería hacerlo? Realmente no me espera nada, realmente no importa. 



Ya no importa.






No me importa, no te importa, y en el fondo, los pequeños sismos se a galopan, terremotos forman, pero qué más da, tu sigue girando, porque no te importa.





No importa.

Libre







Gruñe mi alma, mis penas y mi manada de emociones, entre todo el gentío de mis temores, gruñe como animal salvaje tratando de escapar de su enlace.


Como libertad general, se expresaba, para que alguien la atrapara, que sus gritos no quedasen en aire y la atmósfera la engullese al fondo de su arrojo.


Era como si fuese márfil, duramente amaestrado, pulido y bien cuidado, romperse era en vano, alguien podría reconstruírlo en un futuro angosto muy lejano, alguien podría reconocerla de entre todos esos efímeros momentos.


Cada persona que la atase, con cuerdas finas y cortantes, se acordaría de su aplomo, pero alguien la reconocería de entre todos. La encontraría, entre aquel mar de preguntas y dudas, la entendería en su rebeldía, la haría volar sin alas y correr sin zancadas.


Excepticámente hablado, sin tacto melifluo en somantas, la gente la alejaba, pero estaba claro... la entenderían, alguien llegaría, la soledad se iría, una hermosa caballero del infierno la emergería, de su tristeza la retiraría, porque el cielo a veces es peor que el infierno, el infierno a veces está pintado de azul cielo.


Ellas se irían, de la mano con certidumbre lo afrontarían. No estaba sola, su amante la ayudaría.  De este mundo cruel, la remitiría. Al paríso perdido, ellas serían libres. Tan libres y sin alas, que la gente comenzaría a seguirlas.

Deceso






Grita.


El nudo que se ataba, afloja,
te esfuerzas en arreglarlo, lo destrozas,
¿no te has dado cuenta?
Tú nos destrozas.



Lloras.



¿Ahora?
Pero aquí se agota,
Tus pulmones se atoran,
Las frutas maduran, creo que te toca.





Tiras.



Pero no hay forma,
yo ya puse mis normas,
¿te trastoca?
Pues cómete tus putas equivocaciones,

Solo déjalo marchar.


Vive.



Como hago yo cuando pensé que ibas a morirte,
Aunque pienses que estoy loca,
Revive y haz una nueva gruesa estrofa,
Lejos de mí, dejalo ir.



Muere.



Ya no te mojarás,
No te abandonarán.
 No fluirás,
Pero al menos, me dejarás en paz.

Como si no hubiese un mañana










Que entre el albor y nuestro amor, se fundían mil palabras entre tus finas y delicadas sábanas, donde no cabían besos suficientes, y donde se escapaba nuestra canción de céfiro azul calma, se desataba. 



Allí, inalcanzable el abismo del infierno, donde paraísos se alzaban entre tus orbes, derretido el iceberg más grande con tu calor, se desprendía el linaje de nuestras almas.



Con tanta fina y delicada pasión, nacida en el seo de nuestra humilde facción, se destapan las yute de nuestro amor. 



Incalmable el sonido de mi corazón, se alzan finas cartas invisibles de amor, con tantas caricias, no puedo parar, solo ámame como si hubiésemos tenido una vez más.



Mañana no existe, rugen mis pulmones, mis gritos silenciosos arañan tus sentidos, tus ojos se cierran y solo recuerdas. Como si no hubiese un mañana, porque podría no haber un mañana... 


Que chillan mis cabellos, alborotados y alocados mi mundo se atrapa entre tus labios encautadores, oh cariño, conseguirías que me encerrasen por mil delitos, oh cariño, lo daría todo por una vez más contigo.


Que contigo no se acaba ni se estira, todo muere con el día, hasta el final del tiempo, como si no hubiese mañana.


Solo ámame una vez más, como esta noche, solo ámame más y más, como si no hubiese un mañana.