lunes, 31 de marzo de 2014

Duele tanto...

Cuando lo que mueren son tus sentimientos y tu alma, no sientes nada, todo parece volar y tu simplemente ahogarte, todo acaba desapareciendo, se disuelve como agua evaporándose como si de gas se tratase, desapareciendo como un cigarro cuando aspiras, cuantas más caladas des, cuantas más veces trates con la suerte más pronto se disuelve. Estás tirada en el baño, lloriqueando todo el día, utilizando algo que te alivia, los dedos en la garganta ya es demasiado sufrimiento. Sentirte gorda cuando a lo mejor eres más que preciosa, sonreír cuando en tu interior hay un abismo en el que tu alma cae, suspiros ocultos, sueños rotos objetivos que nunca llegan, tristeza que te hunde hasta llegar a lo más hondo de tu abismo, estas llorando estas riendo, todo te da vueltas no sabes lo que sientes, parece como si hubieras olvidado lo que pasa  a tu alrededor, la sangre discurría por tus muñecas como si algo estuviera por acabar.
-¡Olivia!-
Corrió hacía ella, para quitarle el cúter mientras la abrazaba con total tristeza en sus ojos. ¿Por qué hacía algo así? ¿Por qué no se había dado cuenta de lo que le sucedía a su preciada hija?
Sus manos temblaban, dejó caer el cúter al suelo con lentitud, herida, hundida, su vista no enfocaba a nada realmente mientras que su madre lloraba a su lado. Decepcionada consigo misma por no haber podido ayudarla o ver al menos como empezaba a quebrarse por dentro...
-Cariño... yo... siempre estaré aquí para ti, todo pasará... tranquila... tranquila...
Pero no siempre todo pasa.
Y por mucho que su madre la quisiera, ya era tarde, había cerrado todas las puertas al exterior, encerrándose en sí misma y prohibiéndose a si misma hablar de su dolor, hiriéndose y matándose lentamente.
El dolor de una hija y una madre sufriendo ambas por un mismo tema, el dolor de no saber que hacer y la impotencia... la decepción a ti misma... algo inexplicable que va formando nudos que algún día no te dejarán vivir en paz...

No hay comentarios:

Publicar un comentario