Se aferró a su cuello en un intento desesperado de no
llorar, todo había estado mal estos meses, desde que había comenzado el año,
había roto los pilares de su felicidad al convencerse de que no servía para
nada.
Se aferró a él con la intención de hacer desaparecer todos sus problemas
y dolores, porque solo con él podía sentirse cómoda, solo con él podía olvidarse
de todo.
No podía seguir cortando su piel, ya ni siquiera surtía efecto, ya ni
siquiera corría la sangre. No podía hacer nada, aun no entendía que hacía mal
para que todo le saliese así.
-Tranquila, ya ha pasado-
Al menos lo tenía a él. Al menos sabía que contaba con su
apoyo.
-No…- sollozo. –Todo sale mal, nunca pasa.
-Si lo dices así, claro que no lo hace-
-Soy un estorbo.
La apretó más fuerte contra él, en un intento de trasmitir
todo lo que quería, ayudarla.
No estaba con ella por pena, si no porque la
quería, aunque pareciera mentira poder quererla a ella, a la que todos
criticaban o inventaban, a la que se corta, a la que busca una enfermedad para
estar contenta con su cuerpo.
-No lo eres. Eres lo mejor que me ha pasado pequeña-
Y a pesar de eso, nunca creyó en sus palabras. Y así, su luz
se fue apagando hasta extinguirse.
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