Miró con suma atención aquella figura, era horrible, daba
miedo de lo espantoso que era, sus ojos eran feos y estaban hinchados, no sabía
si era de llorar o ya eran así por nacimiento.
Su cabello era oscuro y estaba
mal colocado, ni siquiera tenía un cabello bonito y hermoso, era horrible,
enmarañado y seguramente mal cuidado.
Su rostro ovalado con grandes mejillas
que aunque fuesen achuchables solo significaban su grado de gordura, mientras
que sus labios finos, estaban gastados y secos.
Su cuerpo era horrible,
posiblemente si se tirase por una cuesta saldría rodando como una pelota, no le
gustaba que la mirase con una sonrisa, como si fueran amigas, odiaba aquello,
odiaba tener que mirarla, era un castigo de algo tener que observarla siempre.
-¡Te odio!- grito. –No sabes cuánto, ¡me has arruinado la
vida! No sabes cuánto desearía que te murieses. ¡No sabes el asco que me das!
¡Te odio! No eres más que una gorda estúpida. ¡Ojalá te mueras!
Pero su reflejo, no le contesto.
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