lunes, 10 de marzo de 2014

Tardes de psicólogo

-¡Hola! ¿Qué tal ha estado tu semana?
Colocó la silla en el centro de la sala, mientras me observaba sentarme, no me quitaba los ojos de encima, era como si estuviera analizándome.
-¿Crees que mi cara indica que ha sido una buena semana?
-¿Qué ha pasado?
Sonrió sin ganas, llena de irónia, con el odio máximo en guardia.
-¿Qué, qué ha pasado?- pregunto retóricamente -Te diré lo que ha pasado- hago una pausa y tomo aire para llenar mis pulmones. -He estado con mi ex, y me ha hecho daño psicológicamente, de nuevo, me ha dicho que nadie me va a querer, y sé que es verdad. Además de que podemos añadir de que me da vergüenza decirle al chico que podemos decir que me gusta que ha significado para él lo de lunes, no quiero ser pesada hablando por whats app con él. Añadamos que he tenido las peores pesadillas del mundo, en las que me rechazaban todos, me ahogaba como esa metáfora de que la depresión es como ahogarse, seguramente signifique algo, he suspendido muchos éxamenes, además de que estoy como aprisionada en mí misma, por no hablar de que se me ha pasado el hambre en estas semanas y ahora tú, proyecto de psicóloga, me vas a dejar aquí. Sola. Sin nadie. Hacia un espejo, para que llore, porque eres como todos, os gusta verme sufrir.
Terminó la oración justo cuando la voz de su cabeza cesó, se levanto mirando con rabia y odio a la psicóloga y frunció el ceño saliendo de la sala, odiandola a muerte.
Lo has hecho muy bien, haber como te desenvuelves ahora con tu madre.

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