Se observó en el espejo, disgustada, estaba triste,
desganada, últimamente había sentido que su cuerpo era horrible, había perdido
unos quince quilos en un mes y medio, con malos y buenos modos combinados. Y
aun así, no estaba contenta seguía considerándose un ser horrible.
-Eres preciosa-
Unas manos rodearon su cuerpo y unos labios besaron su
cuello con dulzura mientras la chica sonreía al ver a su novio en el mismo
lugar que ella.
-No lo soy, soy fea. Sigo preguntándome como has podido
quedarte conmigo todo este tiempo, no tengo nada.
-¿Qué no? Tienes la sonrisa más dulce que he visto en mucho
tiempo, tienes los ojos más claros y hermosos que pueden observarme, mostrándome
todo tipo de expresiones, tienes las mejillas carnosas y las amo, amo poder
apretarlas cuando estamos en la cama, me gustan tus párpados y sobre todo
besarlos, me encantan tus labios, no solo porque puedo besarlos todo lo que
quiera, si no porque son suaves y tienen un sabor a fresas que me encanta, sabes
que adoro las fresas. Me encanta tu nariz y que tengas ese piercing que te la
hace más adorable-
Froto su nariz contra su cuello para luego depositar un beso
en sus mejillas mientras la pegaba más a su cuerpo.
-Amo tu cuello, amo poder morderlo, es una de esas cosas que
me encanta hacer mientras que te estremeces a mi tacto, tienes un vientre
bonito, me encanta abrazarte y tener donde coger, tienes el peso perfecto, no
estás gorda, ni esquelética, normal, tu cuerpo es alucinante y aunque otros te
digan “gorda”, a mí me pareces adorablemente perfecta y con un cuerpo adaptado a mí, no miento, lo pienso de
verdad, me encantas así, y no quiero que sigas vomitando o dejando de comer,
quiero que te cuides, que cuides tu hermoso cuerpo, porque amo cada detalle de
él. Te amo a ti. Y aunque sea la cosa más cursi que haya dicho en mi vida, te quiero
más que nadie en el mundo y quiero que aparte de quererme a mí, te quieras a
ti. Porque si te vieras con mis ojos no conocerías jamás el complejo.
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