Estaba contemplando el cielo con aire furioso, ahora mismo odiaba al mundo, odiaba las miradas de todos, odiaba que todos le contestaran o le llamasen de todo. Harta, harta de que cuando estaba discutiendo ese hijo de puta se metiera a joderla más. Como si ellos no hubieran cometido locuras en su vida, como si ella fuera el error de la vida, como si no fuera maligna. ¡Estaba harta! Ojala se murieran, ojala todos desaparecieran, estaba fuera de si. Odiaba la vida desde hace tiempo, comenzó a caminar hacia aquel acantilado de la costa al que había venido con sus estúpidos familiares, esos que siempre la hundían e insultaban. Molesta con todos, se lanzo a la nada.
Y su ultima mirada fue de odio.
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