martes, 4 de marzo de 2014

Loser

Estaba totalmente echa un manojo de nervios, temblaba. ¿De emoción, de miedo? No lo sabía, había quedado en shock, había empezado a mover las manos, nerviosa, estaba totalmente en silencio mientras observaba a la nada como si no hubiese mañana, no sabía ya que contestar, todo se había vuelto una sensación de desamparo y de desprotección mientras veía como la miraba esperando una respuesta, pero no podía. No era capaz, no podía hablar, se había quedado sin aire.

-¿No vas a decir nada?

Abrió la boca, ¿qué iba a decirle? ¿Iba a joderlo todo ahora? Claro que iba a hacerlo, siempre lo hacía.

-Yo…

-¿Tú?-

-Te vas…- dije afirmando al ver sus maletas. -¿Cómo voy a abandonar esto Raúl? Es mi sitio, mi gente, mi hogar, mi vida está aquí…-pregunte mirándolo a sus ojos verdes.

-¿Esto? ¿Llamas vida a las personas que hicieron que te dieras asco? ¿Llamas sitio a este lugar lleno de prejuicios y cotillas que solo quieren verte sufrir? ¿Llamas hogar a este piso diminuto? ¿Llamas vida a este lugar que has odiado desde los catorce años?-

-Raúl…

-No hoy me escucharás tú a mi- suspiró hondo y apretó sus puños –Nada de quejas, llevas siempre molestándome con que quieres fugarte de este pueblo de mala muerte, y ahora… ¿qué te impide largarte? ¿Sabes que creo? Qué tú no me quieres, que esto es una broma de mal gusto, y que he perdido mi tiempo.

-Raúl… hay algo pero no puedo decírtelo, no me dejan, es algo que no…

-No, tranquila Alba- negó con su cabeza inconforme –Ya saldré de tu vida, veo que es más importante tu estúpido motivo que ni siquiera quieres decirme,  que seas muy feliz Alba, y espero que te guste este pueblo.

No fue capaz de moverse y detenerlo, pero sus lágrimas ya caían por sus mejillas.

-Mi madre se está muriendo…- susurró para mirar al techo. –Mi madre…

Pero ya era tarde, ya había perdido. 

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