Estaba totalmente echa un manojo de nervios, temblaba. ¿De
emoción, de miedo? No lo sabía, había quedado en shock, había empezado a mover
las manos, nerviosa, estaba totalmente en silencio mientras observaba a la nada
como si no hubiese mañana, no sabía ya que contestar, todo se había vuelto una
sensación de desamparo y de desprotección mientras veía como la miraba
esperando una respuesta, pero no podía. No era capaz, no podía hablar, se había
quedado sin aire.
-¿No vas a decir nada?
Abrió la boca, ¿qué iba a decirle? ¿Iba a joderlo todo ahora?
Claro que iba a hacerlo, siempre lo hacía.
-Yo…
-¿Tú?-
-Te vas…- dije afirmando al ver sus maletas. -¿Cómo voy a
abandonar esto Raúl? Es mi sitio, mi gente, mi hogar, mi vida está aquí…-pregunte mirándolo a sus ojos verdes.
-¿Esto? ¿Llamas vida a las personas que hicieron que te
dieras asco? ¿Llamas sitio a este lugar lleno de prejuicios y cotillas que solo
quieren verte sufrir? ¿Llamas hogar a este piso diminuto? ¿Llamas vida a este
lugar que has odiado desde los catorce años?-
-Raúl…
-No hoy me escucharás tú a mi- suspiró hondo y apretó sus
puños –Nada de quejas, llevas siempre molestándome con que quieres fugarte de
este pueblo de mala muerte, y ahora… ¿qué te impide largarte? ¿Sabes que creo?
Qué tú no me quieres, que esto es una broma de mal gusto, y que he perdido mi
tiempo.
-Raúl… hay algo pero no puedo decírtelo, no me dejan, es
algo que no…
-No, tranquila Alba- negó con su cabeza inconforme –Ya saldré
de tu vida, veo que es más importante tu estúpido motivo que ni siquiera
quieres decirme, que seas muy feliz
Alba, y espero que te guste este pueblo.
No fue capaz de moverse y detenerlo, pero sus lágrimas ya
caían por sus mejillas.
-Mi madre se está muriendo…- susurró para mirar al techo. –Mi
madre…
Pero ya era tarde, ya había perdido.
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